23/12/2025
Hermoso texto final de del capítulo del loco con 🤍🩵
Le Fou
A veces me estrello contra mí misma. Me encandila la noción del “bien” y del “mal” calibrada alrededor de la
productividad y la eficiencia, la razón y el tiempo, seguir las reglas o fingir hacerlo, adaptarse, moldearse,
asentir. Un puritanismo aséptico nombra una forma reina: la puntualidad, la delgadez, el orden, el afán por
no desbordarse nunca. Y en ese reguero de sombras llegar tarde como afronta irremediable: hurto salvaje del
tiempo y estocada al corazón.
HACER LAS COSAS BIEN para no robar
para no incomodar
para no tocarnos con las lenguas
sucias de tierra; cada una en su altar individual para no derramarnos las unas sobre las otras como si la vida
no fuera caos y flor que se renueva y muerte y cauces que se ensanchan y un escándalo de amor y violencia y
las horas que le siguen a las horas que son agua y vaivén.
Encarnamos el sistema tan hondo que pensamos haberlo inventado. El control, instrumento medieval de
verificación de registros contables, fiscalización e inspección para comparar original y duplicado, una cosa
con la otra, milagro y desastre: hacer las cosas bien.
Pero el Loco es discípulo de sí mismo y la práctica es maestra y fé —una herida dulce, un imán al centro del
centro del corazón. El Loco ya fue todos, hoy es nadie, cero: potencia y fuego, vertiente y aire. El Loco, fuera
del tiempo, siempre llega tarde.
El Loco no busca hacer las cosas bien.