27/10/2025
Alerta por la alta adicción al “tusi” en consumidores jóvenes
Bogotá 25 de junio de 2025 Creado por APA/dmh/LOF N.° 963
En Bogotá, un estudio con 15 consumidores de tusi en proceso de rehabilitación revela una paradoja preocupante: aunque el 67 % de ellos reconoce que esta sustancia les representa un riesgo alto, su uso sigue en aumento, y lo más alarmante es que ninguno sabe con certeza qué está inhalando. Bajo el nombre comercial de “2C-B” o “co***na rosada”, circula una mezcla impredecible de dr**as, fármacos, colorantes ¡y hasta leche en polvo!, cuyos efectos pueden ir desde crisis psicóticas hasta convulsiones.
Desde su aparición en Medellín en 2007, el tusi se ha posicionado como una droga asociada con el consumo recreativo en ambientes de fiesta y alto perfil. Aunque su precio inicial superaba los $200.000 por gramo, hoy se puede conseguir desde $20.000, lo que ha facilitado su expansión en ciudades como Bogotá y Pereira. Aun así, conserva una imagen de exclusividad y bajo riesgo, reforzada por su color rosado y presentación llamativa, a pesar de los graves efectos derivados de su composición variable y tóxica.
Lejos de tratarse de una sustancia pura, lo que se inhala bajo el nombre de tusi es una combinación irregular de estimulantes, anestésicos y medicamentos. Entre los compuestos detectados en diferentes muestras se encuentran éxtasis, metanfetamina, ketamina, lidocaína, tramadol, oxicodona, cafeína, sertralina, carbamazepina y otros aditivos. Esta mezcla no solo potencia su efecto adictivo, sino también los riesgos físicos y mentales asociados con el consumo.
Los hallazgos del estudio, realizado por el médico psiquiatra Luis Fernando Co**ha Cabrera, magíster en Toxicología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), evidencian que la mayoría de los consumidores de tusi desconocen su verdadera composición, y más del 60 % tienen una percepción distorsionada del peligro de aumentar su consumo. A esto se suma su expansión internacional a Estados Unidos, España y los Países Bajos.
En su investigación, el médico Co**ha analizó cómo se relaciona la percepción del riesgo con la severidad del consumo de tusi en 15 personas –13 hombres y 2 mujeres con una media de 25 años– en proceso de rehabilitación de Bogotá.
Lo más revelador del estudio fue que, a diferencia de lo que ocurre con otras sustancias, en este caso quienes identificaban mayores riesgos eran precisamente quienes presentaban un consumo más avanzado. “Esto se puede explicar porque ya han vivido en carne propia las consecuencias del uso problemático, y es en el proceso de rehabilitación donde desarrollan esa conciencia del daño”, explica el magíster.
Todos los participantes reportaron consumo simultáneo de otras sustancias, principalmente ma*****na, alcohol, co***na y alucinógenos. En cuanto a los patrones de uso, el 66,7 % afirmó consumir tusi en discotecas, el 33,3 % en casa —pedido por domicilio— y el 26,7 % en entornos educativos. Entre las principales motivaciones estuvieron el aburrimiento (53,3 %), mejorar el estado de ánimo (40 %), socializar (40 %) y olvidar problemas (40 %).
El 67 % reconoció haber incurrido en conductas de alto riesgo bajo los efectos del tusi, como conducir, mantener relaciones sexuales sin protección, sufrir afectaciones físicas o mentales, e incluso participar en actos delictivos.
La cantidad inhalada por sesión varió entre menos de 1 gramo y más de 10, siendo más común el consumo de entre 1 y 2 gramos. El tiempo de uso osciló entre 3 meses y 7 años, y el 13,3 % declararon haber consumido varias veces al día durante el último mes.
Una droga disfrazada que nadie sabe qué contiene
A pesar de que se comercializa como 2C-B, una sustancia psicodélica con efectos estimulantes, alucinógenos y entactógenos (que aumentan la empatía, la sociabilidad y generan sensación de bienestar emociona), la mayoría de las muestras de tusi analizadas en Colombia no la contienen. Según el Observatorio de Dr**as del Ministerio de Justicia y del Derecho, en estas mezclas se han registrado hasta 30 componentes.
El médico toxicólogo Co**ha señala que “estamos ante una sustancia que no tiene una identidad fija, por lo que es imposible anticipar sus efectos en el cuerpo, lo que dificulta tanto el diagnóstico como el tratamiento en casos de urgencia médica”.
Además, la alta variabilidad de la composición química impide contar con pruebas rápidas para detectarla en urgencias, lo que dificulta su tratamiento médico. Las manifestaciones pueden ir desde taquicardias, fiebre alta, agitación, sudoración y temblores, hasta hipertensión, crisis psicóticas, disociación, aceleración del ritmo cardíaco y convulsiones.
Frente a este panorama, el investigador propone una estrategia de intervención que combine la detección temprana del consumo, la sensibilización del paciente sobre los riesgos reales y el acompañamiento terapéutico con enfoque psicológico y familiar.
“No existe una pastilla que elimine la adicción. Lo que hay son modelos psicoterapéuticos que buscan entender la motivación del paciente y trabajar desde ahí”. También insiste en que las campañas de prevención deben desmitificar el tusi como “droga de clase alta” y hacer énfasis en su verdadera composición.
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