05/05/2014
Para los padres, la fiebre se constituye en un estado de alerta preocupante, en especial cuando los bebés son muy pequeños pero, en realidad, es un síntoma que puede calificarse benéfico para el organismo que, se trata de un mecanismo de defensa que busca erradicar el origen infeccioso que lo está afectando.
“la fiebre es una respuesta del organismo que se manifiesta con la liberación de algunas sustancias, ante la presencia de diversos elementos, como anticuerpos, antígenos, superantígenos o restos bacterianos. Esta respuesta es una forma de ampliar los mecanismos inflamatorios que obran como defensa del cuerpo”.
Es decir, es un buen síntoma porque el cuerpo se está manifestando como respuesta a un factor extraño que ataca al organismo, y permite que se generen ciertos procesos para activar las defensas del niño. Una persona padece de fiebre cuando su temperatura es mayor de 37,5 °C. Y esta se puede presentar de manera continua o recurrente. En el primer caso, es cuando la fiebre se mantiene a lo largo de cierto tiempo, que generalmente son tres días. Y recurrente se refiere a cuando aparece y desaparece, de forma intermitente, por ejemplo, cada una o dos semanas.
Dentro de esta sintomatología se pueden presentar incrementos de temperatura que son muy importantes “para establecer un diagnóstico claro de lo que puede estar afectando al niño. Por eso, los médicos consultan a los padres y cuidadores preguntándoles si la fiebre se eleva, cada 12 o 24 horas, hasta llegar a los 39 o 40 °C”. A esta situación se le denominapicos febriles.
En tal sentido, los padres deben permitir que la fiebre se desarrolle y, según recomiendan los médicos, esperar tres días antes de llevarlos al servicio de urgencias, porque “la mayoría de las veces los procesos de infección viral, que están asociados a la fiebre, pueden durar ese tiempo para asentarse en el organismo”.
la mayoría de las veces (9 de 10), la fiebre se debe a procesos relacionados con virus: “El cuadro más común en pediatría que se asocia con la fiebre son las infecciones y, dentro de estas, las más habituales son las virales, sobre todo en los primeros 5 años de vida”.
de persistir la fiebre podría existir “la presencia de una infección bacteriana. Las más frecuentes en los niños son las respiratorias; en las niñas, la infección urinaria. Y en general, puede estar asociada con otitis o amigdalitis, entre otras”. En estos casos, lo indicado es consultar al médico de inmediato.
¿Cómo atenderla?
Siempre, ante la sospecha de fiebre, hay que corroborar con la medición, como lo explica el pediatra , pues “no existe la fiebre interna y tampoco la sospecha de fiebre está dada porque el niño tiene la cabeza caliente y las manos frías. Lo único que nos dice en realidad si hay o no fiebre es la toma de esta con termómetro