17/03/2026
*Pecado crónico*
«Señor, no tengo a nadie» (Juan 5, 7)
Señor… aquí estoy, de rodillas ante Ti.
No vengo con palabras bonitas, ni con respuestas correctas.
Vengo con el alma cansada… y con una verdad que me pesa demasiado:
llevo años enfermo del mismo pecado.
No se lo he dicho a nadie.
Nadie conoce esta lucha silenciosa.
He confesado, he pedido perdón, he vuelto una y otra vez a caer…
pero en el fondo sigo aquí, en el mismo lugar.
Y cuando me preguntan si siento tu gracia, si experimento tu presencia… digo que sí.
No porque sea verdad, sino porque me da miedo ser juzgado,
me da miedo que descubran que por dentro estoy vacío,
que por dentro sigo paralizado.
Señor…
yo también quiero levantarme.
Quiero sentir lo que otros sienten.
Quiero experimentar tu amor sin este peso constante.
Quiero salir de este desierto que me habita…
pero no puedo solo.
Sigo con mi soberbia.
Sigo con mi herida.
Sigo con este pecado que se volvió costumbre…
y que poco a poco fue apagando mi esperanza.
Llevo tantos años viniendo a tu casa…
a la iglesia… a la “casa de misericordia”…
como aquel hombre del capítulo cinco del Evangelio de Juan, que permaneció treinta y ocho años junto a la piscina de Betesda.
Betesda… “casa de misericordia”.
Y, sin embargo, también puede convertirse en lugar de espera,
de rutina…
de silencios largos donde parece que nada cambia.
Señor… hoy me atrevo a decirte lo que ese hombre dijo,
lo que yo nunca había querido pronunciar en voz alta:
“No tengo a nadie”.
No tengo a nadie que entre en esta herida conmigo.
No tengo a nadie que entienda esta batalla que se repite.
No tengo a nadie que me levante…
porque ni yo mismo he podido hacerlo.
Y aquí estoy…
acostumbrado a mi parálisis espiritual.
Aprendiendo a vivir con ella.
Resignado… pero con una pequeña chispa de esperanza que no se apaga.
Porque Tú pasas, Señor.
Y no te detienes en mis explicaciones.
No analizas mis años perdidos.
No te enfocas en mi incapacidad.
Solo dices una palabra…
una palabra que me asusta y me salva al mismo tiempo:
«Levántate».
Señor…
¿y si no puedo?
¿y si lo he intentado tantas veces que ya no me quedan fuerzas?
Pero en lo profundo de mi alma entiendo algo:
que ese “levántate” no viene de mí…
viene de Ti.
Es tu voz la que resucita.
Es tu gracia la que sostiene.
Es tu amor el que hace posible lo que yo no he logrado.
Por eso hoy, desde este lugar de verdad,
sin máscaras, sin apariencias, sin respuestas fáciles,
te lo suplico con lágrimas en el corazón:
levántame Tú.
Levanta mi alma cansada.
Levanta mi voluntad débil.
Levanta mi fe que se apaga.
Levanta mi vida que se quedó detenida.
Porque si Tú lo dices…
aunque lleve años en el suelo…
aunque mi pecado parezca más fuerte que yo…
todavía puedo volver a empezar.
Para más mensajes únete al canal:
https://whatsapp.com/channel/0029VadmvWsD38CO0f7JKm0R
Nariño Noticias La Original Pasto Denuncias Última Hora Pasto Hogar Belén Hogar Belen Buesaco Evangelio del Día Parroquia Inmaculada Concepción Buesaco Profe IA Viral DE TODO PASTO