27/02/2026
LA CRISIS DE SALUD EN COLOMBIA: LO QUE DICEN Y REVELA LA DEMOSCOPIA DIGITAL.
Por: Carlos Alberto Piedrahita Gutierrez.
Durante mucho tiempo el debate sobre el sistema de salud en Colombia fue un asunto técnico. Se hablaba de unidad de pago por capitación, de modelos de aseguramiento, de intermediación financiera y de reformas estructurales. Era un lenguaje de expertos, de congresistas y de funcionarios. Sin embargo, algo ha cambiado silenciosamente en los últimos años: la crisis dejó de ser un diagnóstico técnico y se convirtió en una experiencia colectiva que evidencia el calvario de los medicamentos y los paseos de la muerte , con cifras tangibles y visibles de muchos mu***os.
Hoy basta recorrer las redes sociales para comprenderlo. Twitter/X, Facebook, grupos de WhatsApp y foros digitales se han convertido en una especie de gran termómetro social donde miles de colombianos cuentan lo mismo con palabras distintas: conseguir atención médica es cada vez más difícil, obtener medicamentos puede tomar semanas o meses, y el sistema parece responder más lentamente que la enfermedad.
Esta observación, que podría parecer anecdótica, revela en realidad un fenómeno más profundo. La demoscopia digital —el análisis sistemático de las conversaciones ciudadanas en redes sociales— muestra que cada vez más colombianos reconocen abiertamente que el país atraviesa una crisis de salud. Lo que antes era una discusión política hoy es una vivencia cotidiana.
Las redes sociales han dejado de ser simples espacios de opinión para convertirse en lugares de testimonio. Allí aparecen historias repetidas que terminan pareciéndose entre sí: madres que no consiguen medicamentos para sus hijos, adultos mayores que deben madrugar para reclamar una fórmula que nunca está lista, pacientes crónicos que viven con la incertidumbre de no saber si su tratamiento llegará a tiempo y terminan falleciendo en la fila o en el calvario de los medicamentos.
Lo más llamativo es que este reconocimiento de la crisis no pertenece a un solo sector político y el gobierno actual en su terquedad permanente no lo quiere reconocer. Personas de distintas posiciones ideológicas coinciden en algo básico: el sistema necesita cambios. Existe una sensación creciente de que la salud en Colombia requiere una reforma profunda que permita garantizar el acceso oportuno a servicios médicos y medicamentos, pero para ello se necesita de una voluntad y consenso político entre el congreso y del presidente actual, por lo tanto ambos son culpables .
Pero junto con ese consenso aparece también una frustración acumulada. Durante los últimos tres gobiernos —el de Juan Manuel Santos, el de Iván Duque y el actual gobierno de Gustavo Petro— se han presentado diagnósticos y propuestas de reforma que nunca lograron concretarse plenamente. El resultado es una percepción cada vez más extendida de que el problema no es solo el modelo de salud, sino la incapacidad del Estado para tomar decisiones efectivas.
En las conversaciones digitales aparece con frecuencia una idea que se repite: llevamos más de una década discutiendo reformas sin resolver los problemas esenciales del sistema. Mientras se debaten modelos institucionales, y se polariza mas el país entre mamertos y fachos, los pacientes siguen esperando citas, autorizaciones, medicamentos y muriendo con la espera que algo se va solucionar.
En el caso del gobierno actual, que le ha faltado voluntad política para declarar la emergencia en salud y poder rediccionar recursos de otras fuentes , este gobierno no se puede quedar con el discurso del retrovisor mientras la gente se muere por la falta de medicamentos, este gobierno debe reconocer y aprender que los actores del sistema de salud son muchos , desde los usuarios, hospitales, Estado, EPS y todos deben articularsen bajo la sombrilla del ministerio de salud en su competencia para una buena atencion, con oportunidad, consistencia y continua. Una de las críticas más recurrentes que surge en la conversación ciudadana se relaciona con la falta de medidas inmediatas para estabilizar financieramente el sistema mientras se discute la reforma estructural. Muchos consideran que faltó voluntad política para capitalizar oportunamente la Nueva EPS, entidad del Estado que atiende a millones de colombianos y cuya estabilidad resulta fundamental para el funcionamiento del sistema.
Esta percepción ha llevado a muchos ciudadanos a sentir que el debate político avanzó más rápido que las soluciones reales. Mientras se discutía el diseño de un nuevo modelo de salud, los problemas cotidianos —especialmente la entrega de medicamentos y la atención especializada— continuaron deteriorándose.
Quizá el rasgo más significativo de esta demoscopia digital es que la ciudadanía no señala a un único responsable. Por el contrario, emerge una idea de responsabilidades compartidas. En las conversaciones aparece el Congreso como un escenario incapaz de alcanzar acuerdos estables, atrapado en la polarización política entre mamertos y fachos que ha impedido construir reformas sostenibles.
También aparecen los gobiernos recientes como parte de una cadena de decisiones inconclusas. El gobierno de Santos dejó pendientes transformaciones que ya se consideraban necesarias. El gobierno de Duque introdujo ajustes administrativos, pero no impulsó una reforma estructural. Y el gobierno actual, pese a haber colocado la reforma a la salud en el centro del debate político, no ha logrado consolidar una solución que garantice estabilidad al sistema, ni los recursos suficientes para garantizar la progresividad del gasto en salud.
Sin embargo, tal vez el elemento más preocupante que emerge de las redes sociales es la sensación de que la gravedad de la situación no ha sido plenamente reconocida por este gobierno del Dr Gustavo Petro. Para muchos ciudadanos, el país atraviesa una crisis que tiene rasgos humanitarios: tratamientos interrumpidos, medicamentos demorados y pacientes que ven deteriorarse su salud mientras esperan respuestas.
Esta percepción nace de experiencias reales, no de discursos políticos. Para miles de personas la crisis de salud no es una categoría abstracta sino una vivencia cotidiana. La crisis tiene el rostro de alguien que pasa horas sentado en una sala de espera y muere esperando. Tiene la voz de quien escucha una y otra vez que el medicamento “no ha llegado”. Tiene el silencio de quien regresa a su casa sin la solución que necesita.
En medio de esta realidad, hay una conclusión que aparece con claridad en las conversaciones ciudadanas: el sistema de salud necesita recursos urgentes para poder sostenerse. Más allá de las discusiones ideológicas entre mamertos y fachos, existe una percepción extendida de que el sistema requiere una inyección financiera que permita estabilizar su funcionamiento mientras se construyen soluciones de largo plazo.
La crisis de salud en Colombia no es responsabilidad de un solo gobierno ni de una sola institución. Es el resultado de decisiones aplazadas, reformas inconclusas y problemas acumulados durante años. Los responsables son muchos: los gobiernos recientes, el Congreso y las instituciones encargadas de administrar el sistema, que por cierto lo están haciendo muy mal.
Pero quizá la pregunta más importante ya no es quién tiene la culpa.
La pregunta verdadera es cuánto tiempo más puede resistir un sistema en el que los pacientes deben aprender a esperar.
Porque para una persona enferma, esperar no es simplemente esperar.
Esperar puede significar dolor.
Esperar puede significar deterioro.
Esperar puede significar miedo y muerte.
Y a veces —demasiadas veces— esperar puede significar que el tratamiento llega cuando ya es tarde.
Hoy las redes sociales están diciendo algo que el país empieza a reconocer lentamente: la crisis de salud existe.
Negarla no la hace desaparecer.
Pero reconocerla podría ser el primer paso para evitar que más colombianos tengan que aprender la lección más dura de todas: que en el sistema de salud colombiano el tiempo no siempre corre a favor del paciente.