04/11/2024
Somos seres imperfectos. Existe en nosotros un malestar ineliminable por ser parte de la cultura y del lenguaje.
Lacan explica que en el ser hablante hay una falla estructural. A causa del lenguaje se ha producido una pérdida de la guía instintiva con la que cuentan los animales para actuar en cada momento, una desviación del objeto que satisfacería nuestra necesidad de una forma completa.
Los hablantes tenemos deseo, en el que el objeto se desliza metonímicamente: cuando parece que lo alcanzamos, al final no era eso lo que queríamos o no nos termina de satisfacer y se repunta en otra cosa.
Ante esa falta radical en la estructura, cada ser hablante va a construir una respuesta singular a partir de las primeras marcas pulsionales, de la forma en que ha sido nombrado y deseado por el Otro, de los diferentes discursos que lo atravesaron. Y a partir de esa respuesta o serie de respuestas va a percibir y vivenciar la realidad de un modo singular.
Existe en nuestra época diferentes discursos predominantes que apuntan al ser y mostrarse perfectos: personas sin angustias, sin dolores, sin aburrimiento, con cuerpos “perfectos” para la vista del otro, sin arrugas, sin estrias, con tales medidas de cintura y pechos. Es lo que podríamos llamar el rechazo de la castración, el “sin límite” de la época: el rechazo de la falta que motoriza el psiquismo. Es así como se ven personas que se angustian porque los años llegan y resulta que el cuerpo no es tan manipulable como pensábamos, y cada vez es más el trabajo, el dinero y la angustia que conlleva el mantener un cuerpo “perfecto” en apariencia.
No es posible alcanzar la perfección, no podemos controlar nuestro cuerpo como se nos dé la gana. La perfección no existe para el hablante ya que está atravesado por el lenguaje. Sólo pueden existir ideales de perfección de ser humano, que varían dependiendo de quien idealiza.