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Es un concepto central en la Terapia Gestalt que dice que no somos entidades coherentes y homogéneas, sino campos dinámi...
05/01/2026

Es un concepto central en la Terapia Gestalt que dice que no somos entidades coherentes y homogéneas, sino campos dinámicos donde conviven fuerzas opuestas. Razón y emoción, control y espontaneidad, rigidez y flexibilidad, fortaleza y vulnerabilidad, dependencia y autonomía no son errores a corregir, sino polaridades necesarias para la autorregulación organísmica.

El conflicto interno no surge porque existan polos opuestos, sino porque uno de ellos es rechazado, negado o vivido como inaceptable. Cuando una polaridad se impone y la otra es excluida, la experiencia se rigidiza. La persona queda atrapada en identificaciones parciales: “yo soy fuerte”, “yo soy racional”, “yo no necesito a nadie”, mientras la polaridad opuesta queda relegada a la sombra, manifestándose de forma sintomática y molesta.

El trabajo no consiste en eliminar uno de los polos ni en buscar un punto medio artificial, sino en ampliar la conciencia para que ambos puedan ser reconocidos, experimentados y puestos en diálogo. A través del darse cuenta, el paciente explora cómo vive cada polaridad en su cuerpo, emociones, pensamientos y acciones. Técnicas como el diálogo de partes, la silla vacía o el trabajo corporal permiten que las polaridades se expresen y se reconozcan mutuamente, favoreciendo una integración viva y no intelectualizada.

Integrar polaridades implica asumir que puedo ser fuerte y frágil, seguro y dudoso, amoroso y enojado, sin perder mi coherencia interna. Esta integración no borra el conflicto, pero lo vuelve creativo, la tensión entre polos se transforma en una fuente de energía disponible para elegir con mayor libertad y responsabilidad.

La persona deja de exigirse encajar en un ideal rígido y comienza a responder de manera más ajustada a las situaciones. Puede poner límites sin endurecerse, cuidar sin sacrificarse, descansar sin culpa y esforzarse sin autoexplotarse. Así, la integración de las polaridades favorece una forma más auténtica y consciente de estar en el mundo.

Es uno de los conceptos centrales de la terapia Gestalt para comprender cómo las personas se adaptan a su entorno y a la...
04/01/2026

Es uno de los conceptos centrales de la terapia Gestalt para comprender cómo las personas se adaptan a su entorno y a las circunstancias de la vida. No se trata de una adaptación pasiva ni automática, sino de una forma activa y singular de responder a lo que ocurre, utilizando los recursos disponibles en cada momento para preservar el equilibrio y la continuidad del yo.

El ser humano no es un organismo rígido que repite conductas por inercia, sino un sistema vivo que busca constantemente autorregularse. El ajuste creativo surge cuando la persona encuentra una manera posible, aunque no siempre ideal, de afrontar una situación, una emoción o una demanda externa. Incluso aquellas conductas que hoy generan malestar fueron, en algún momento, soluciones válidas para sobrevivir, protegerse o mantener un vínculo.

En la vida cotidiana, se manifiesta en la forma en que manejamos el conflicto, el dolor, la frustración o el cambio. Por ejemplo, alguien que aprendió a callar sus emociones para evitar el rechazo no lo hizo por debilidad, sino como una estrategia creativa para conservar la pertenencia o el afecto. El problema aparece cuando ese ajuste, que fue funcional en el pasado, deja de responder al presente.

La terapia Gestalt no busca eliminar el ajuste creativo, sino hacerlo consciente. Al ampliar la conciencia, la persona puede revisar si esa forma de ajustarse sigue siendo necesaria o si existen nuevas posibilidades de respuesta más acordes con su realidad actual. Así, el ajuste creativo se vuelve flexible, actualizable y más libre.

Una persona que ante el estrés responde trabajando en exceso. En su momento, este ajuste pudo darle control y reconocimiento. Sin embargo, cuando el cuerpo comienza a enfermar o las relaciones se deterioran, la terapia permite explorar otras formas de afrontar el estrés, sin negar que ese esfuerzo fue, en su origen, una respuesta creativa.

El ajuste creativo, entonces, no es un error que deba corregirse, sino una inteligencia adaptativa que, al hacerse consciente, puede transformarse en una elección más saludable y auténtica.

Desde la terapia Gestalt, no se explica el fracaso de los propósitos por falta de disciplina o voluntad, sino por una co...
01/01/2026

Desde la terapia Gestalt, no se explica el fracaso de los propósitos por falta de disciplina o voluntad, sino por una comprensión más profunda del funcionamiento humano. Muchos propósitos no se cumplen porque no nacen del contacto con la experiencia presente, sino de exigencias externas, ideales introyectados o del rechazo hacia lo que uno es.

Con frecuencia, los propósitos surgen desde el “deber ser”: debo cambiar mi cuerpo, mis hábitos o mi forma de vivir para encajar, agradar o sentirme valioso. Cuando un propósito nace desde la autoexigencia o la culpa, se transforma en una lucha interna. Una parte de la persona desea cambiar, mientras otra se resiste porque ese cambio no responde a una necesidad real. Esta división genera desgaste y abandono.

Otro motivo central es la desconexión del aquí y ahora. Los propósitos suelen orientarse a un futuro idealizado, ignorando las condiciones reales del presente. Se planifica sin considerar límites, recursos, emociones y contexto. Así, el propósito se vuelve poco sostenible, porque el cambio solo es posible partiendo de lo que es, no de lo que se fantasea que debería ser.

También influye la dificultad para cerrar asuntos inconclusos. Muchas personas intentan iniciar nuevos hábitos sin haber elaborado duelos, conflictos o necesidades pendientes. La energía queda atrapada en lo no resuelto, dejando poco espacio para sostener nuevos compromisos. El abandono del propósito no es pereza, sino energía mal direccionada. Además, los propósitos suelen formularse como resultados y no como procesos. Se espera un cambio rápido y lineal, y ante los retrocesos naturales aparece la frustración y el autojuicio. El cambio auténtico es gradual y cíclico.

Desde esta mirada, los propósitos no se cumplen porque se viven como imposiciones y no como elecciones conscientes. La Gestalt invita a cambiar la pregunta: en lugar de “¿por qué no cumplo mis propósitos?”, preguntarse “¿para qué quiero este cambio?” y “¿qué necesito hoy para sostenerlo?”. Cuando el propósito nace del contacto y la aceptación, deja de ser una promesa anual y se convierte en un proceso vivo de transformación.

01/01/2026

Que este nuevo año no te exija ser diferente, sino más consciente de quién eres y responsable de lo que eliges construir.

Harold Bohórquez Meneses
Psicólogo, docente y escritor

En la psicoterapia Gestalt, el ciclo de la experiencia describe el modo natural en que una persona entra en contacto con...
22/12/2025

En la psicoterapia Gestalt, el ciclo de la experiencia describe el modo natural en que una persona entra en contacto con sus necesidades, las reconoce, actúa para satisfacerlas y luego se retira, quedando disponible para una nueva experiencia. No es un esquema rígido, sino un mapa vivo del fluir de la conciencia. Allí donde el ciclo se completa, hay sensación de cierre, alivio y vitalidad; donde se interrumpe, aparecen el malestar, la repetición y los asuntos inconclusos.

Todo comienza con una sensación difusa, un fondo corporal o emocional que anuncia que algo quiere emerger. Cuando esa sensación se vuelve figura, la persona toma conciencia: nombra lo que siente, desea o necesita. La energía entonces se organiza y se moviliza hacia la acción, hacia el contacto con el entorno o con el otro. En ese encuentro, si la experiencia puede sostenerse, la necesidad se satisface. Finalmente, llega el retiro: la experiencia se integra, se asimila, y el organismo descansa.

Muchas de las dificultades humanas no provienen de lo que sentimos, sino de cómo interrumpimos este proceso. Evitamos sentir, nos desconectamos del cuerpo, dudamos de lo que necesitamos, postergamos la acción o quedamos atrapados en el contacto sin poder retirarnos. Así, la experiencia no se cierra y la energía queda fijada, síntomas o malestares.

La Gestalt no busca empujar a completar el ciclo a la fuerza, sino acompañar a la persona a darse cuenta de dónde y cómo se interrumpe. Al ampliar la conciencia en el aquí y ahora, se fortalece el sostén interno para que el ciclo pueda retomarse de manera más auténtica. Completar una experiencia no significa que todo salga “bien”, sino que lo vivido pueda ser sentido, reconocido y elaborado.

Cuando el ciclo de la experiencia se restituye, la persona recupera confianza en su autorregulación organísmica. Aprende a escuchar sus señales internas, a entrar en contacto sin perderse y a retirarse sin culpa. Allí, la vida deja de vivirse como repetición y vuelve a sentirse como proceso.

La relación terapéutica no es un medio para aplicar técnicas, sino el campo vivo donde ocurre el proceso terapéutico. No...
22/12/2025

La relación terapéutica no es un medio para aplicar técnicas, sino el campo vivo donde ocurre el proceso terapéutico. No se trata de un terapeuta que observa desde afuera ni de un experto que interpreta al otro, sino de dos personas que se encuentran en una relación asimétrica, sí, pero genuina y humana.

El terapeuta gestáltico trabaja desde la presencia: está disponible, implicado, atento a lo que ocurre en sí mismo y en el otro. Su propia experiencia emocional, corporal, relacional, no se elimina, sino que se convierte en instrumento clínico. Esto no implica actuarla de forma impulsiva, sino usarla con responsabilidad y conciencia al servicio del proceso.

La relación se organiza a través del contacto, entendido como la capacidad de tocar y ser tocado por la experiencia. Allí emergen los patrones relacionales del paciente: cómo se acerca, cómo evita, cómo se adapta, cómo se retira. El vínculo terapéutico no los corrige desde el discurso, sino que los hace visibles en el aquí y ahora, permitiendo nuevas formas de estar con otro.

En Gestalt, el terapeuta no se esconde detrás de un rol neutral. Su autenticidad, sus límites y su coherencia ofrecen una experiencia relacional distinta a la habitual. Muchas veces, la transformación no ocurre por lo que se dice, sino por lo que se vive en la relación: ser visto sin ser juzgado, ser confrontado sin ser humillado, ser acompañado sin ser invadido.

La relación terapéutica se convierte así en un espacio donde el paciente puede ensayar una forma más integrada y viva de vincularse consigo mismo y con los demás. No como aprendizaje intelectual, sino como experiencia encarnada.

La pregunta no se responde con resignación ni con indulgencia automática, sino con conciencia. En gran medida, sí: cada ...
21/12/2025

La pregunta no se responde con resignación ni con indulgencia automática, sino con conciencia. En gran medida, sí: cada persona actúa desde los recursos disponibles en su campo en un momento dado, recursos emocionales, vinculares, corporales, históricos y contextuales. Nadie responde desde la nada; toda conducta es una forma creativa de ajuste a una situación concreta.

En Gestalt entendemos la conducta como un ajuste creativo: incluso aquello que hoy parece disfuncional fue, en algún momento, la mejor manera que la persona encontró para protegerse, sostenerse o pertenecer. Desde esta mirada, juzgar el comportamiento sin comprender el campo es una forma de ceguera clínica. Las personas no eligen libremente entre infinitas opciones; eligen dentro de los límites de su conciencia, su energía disponible y sus asuntos inconclusos.

Sin embargo, afirmar que “hacen lo que pueden” no significa negar la responsabilidad. En Gestalt, la responsabilidad no es culpa retrospectiva, sino capacidad de responder en el presente. Cuando una persona amplía su darse cuenta de lo que siente, evita, repite o posterga, también amplía su rango de elección. Lo que antes era “no pude hacerlo distinto” puede transformarse en “ahora veo que puedo intentar algo nuevo”.

Muchas repeticiones vitales no se deben a mala voluntad ni a falta de inteligencia, sino a figuras inconclusas que siguen reclamando cierre. Mientras una necesidad no reconocida permanezca en el fondo, la persona seguirá organizando su conducta alrededor de ella, aun sin saberlo. Por eso, pedirle a alguien que “haga más” sin ayudarle a darse cuenta es exigirle recursos que aún no tiene disponibles.

La tarea terapéutica no consiste en empujar a la persona a ser distinta, sino en acompañarla a recuperar partes de sí que quedaron fijadas en otros momentos de su historia. Cuando esto ocurre, el campo cambia, el repertorio se amplía y la frase deja de ser un consuelo para convertirse en un punto de partida.

Sí, las personas hacen lo que pueden con lo que tienen. Y justamente por eso, el trabajo profundo consiste en ayudarlas a tener más conciencia, no a exigirse más desde la autoexigencia o el juicio.

Desde la psicoterapia Gestalt, el trauma no se concibe solo como un evento del pasado, sino como una experiencia que que...
19/12/2025

Desde la psicoterapia Gestalt, el trauma no se concibe solo como un evento del pasado, sino como una experiencia que quedó sin poder ser integrada por el organismo. Lo traumático no es únicamente lo que ocurrió, sino lo que no pudo sentirse, expresarse o completarse en su momento.

Por eso, el trabajo gestáltico con trauma no busca revivir la experiencia ni forzar la catarsis. Muy por el contrario, parte del respeto profundo por los mecanismos de protección que la persona desarrolló para sobrevivir. Evitar, anestesiar, disociar o controlar no son fallas: fueron soluciones creativas ante una amenaza real.

La Gestalt pone el foco en la autorregulación organísmica. El organismo sabe hasta dónde puede ir. El trabajo terapéutico consiste en acompañar ese ritmo, ampliando gradualmente la capacidad de darse cuenta sin desbordar. No se empuja al recuerdo; se fortalece primero el suelo desde donde la persona puede sostener lo que emerge.

El aquí y ahora cumple un rol central. El trauma se manifiesta en el presente a través del cuerpo, la respiración, las emociones y las relaciones. Atender a estas señales permite trabajar el trauma sin necesidad de narrarlo todo, evitando la revictimización.

En Gestalt, sanar el trauma no es borrar lo ocurrido, sino recuperar la capacidad de estar presente sin quedar atrapado en respuestas automáticas de defensa. Es pasar del control rígido a la elección consciente, del aislamiento al contacto posible.

La terapia se convierte así en un espacio donde, poco a poco, el organismo puede volver a confiar en sí mismo, reconectar con sus límites y recuperar la sensación de seguridad interna. No desde la prisa, sino desde el respeto por la historia inscrita en el cuerpo.

Desde la psicoterapia Gestalt, la queja no es un error ni una debilidad: es el primer indicio de una necesidad no satisf...
18/12/2025

Desde la psicoterapia Gestalt, la queja no es un error ni una debilidad: es el primer indicio de una necesidad no satisfecha. Algo en la experiencia quedó abierto, incompleto, y busca hacerse figura en la conciencia. La queja nombra ese desajuste entre lo que es y lo que se necesita, pero cuando se vuelve reiterativa deja de ser un registro consciente y pasa a ser una forma de obstáculo. La energía que debería movilizarse para completar la experiencia queda atrapada en la repetición.

En términos gestálticos, allí aparece el asunto inconcluso. La necesidad no atendida no desaparece; permanece activa en el fondo y reaparece como malestar, irritación, resentimiento o sensación de estancamiento. Quejarse sin actuar mantiene la insatisfacción: se habla del hambre, pero no se come; se describe el dolor, pero no se toca lo que duele. Así, la persona queda más orientada a explicar lo que falta que a contactar con lo que necesita.

Actuar, desde esta perspectiva, no es una exigencia externa ni optimismo. Es el movimiento del organismo buscando autorregulación. Toda acción auténtica apunta a completar una necesidad: poner un límite, retirarse de una situación, expresar una emoción retenida, pedir apoyo o asumir una decisión postergada. Cuando la acción no ocurre, suelen haber interrupciones del contacto, como la proyección o la retroflexión, donde se espera que el entorno resuelva lo que internamente no se asume.

Pasar de la queja a la acción implica recuperar la responsabilidad personal, no como culpa, sino como capacidad de respuesta. Significa traducir el malestar en un movimiento concreto, aunque sea pequeño. Completar una necesidad no siempre alivia de inmediato; a veces implica atravesar frustración, duelo o incomodidad. Sin embargo, ese movimiento permite que la experiencia cierre y que la energía psíquica deje de circular en vacío.

Cuando la necesidad se completa, la persona deja de reaccionar automáticamente y empieza a responder con mayor presencia. En ese cierre aparece algo fundamental: la vivencia de estar participando activamente en la propia vida, en lugar de quedar fijado esperando que otro resuelva lo pendiente.

Desde la Gestalt, la repetición de las conductas no se explica únicamente por hábitos aprendidos ni por la historia, sin...
17/12/2025

Desde la Gestalt, la repetición de las conductas no se explica únicamente por hábitos aprendidos ni por la historia, sino por la presencia de asuntos inconclusos que siguen activos en la experiencia actual. Un asunto inconcluso es una vivencia que no pudo cerrarse adecuadamente, una emoción no expresada, una necesidad no satisfecha, un conflicto no resuelto que permanece buscando completarse en el presente.

La conducta, entonces, se convierte en un intento reiterado de cierre. No se repite porque la persona “quiera” hacerlo ni porque esté fijada al pasado, sino porque algo de su experiencia quedó interrumpido y sigue demandando contacto. Desde esta perspectiva, el pasado no opera como causa mecánica, sino como figura inacabada que emerge una y otra vez en el aquí y ahora, reclamando atención.

Si la conducta dependiera solo de lo que ocurrió antes, el cambio sería improbable. Sin embargo, en Gestalt se entiende que el pasado solo tiene fuerza cuando sigue vivo en el presente, manifestándose como tensión, malestar difuso, compulsión o patrones relacionales rígidos. La repetición indica que la experiencia no ha sido plenamente asimilada; algo quedó pendiente de ser sentido, nombrado, expresado o comprendido.

Por eso, comprender la historia personal es útil, pero no suficiente. El énfasis terapéutico no está en reconstruir interminablemente el origen del problema, sino en observar cómo ese asunto inconcluso se actualiza hoy: en la forma de vincularse, de evitar, de insistir, de defenderse o de anestesiarse emocionalmente. La conducta es el lenguaje actual de una experiencia que no encontró cierre en su momento.

Cuando el asunto inconcluso puede entrar en el campo de la conciencia, cuando la emoción se permite, la necesidad se reconoce y el significado se integra, la conducta deja de ser necesaria. Ya no necesita repetirse, porque la función que cumplía ha sido completada. En Gestalt, el cambio no ocurre por la fuerza de la voluntad, sino por el darse cuenta que permite cerrar lo que quedó abierto. Allí, la repetición se transforma en posibilidad, y la conducta recupera su flexibilidad.

Fritz Perls, creador de la psicoterapia Gestalt, fue una figura tan brillante como polémica. Nació en Berlín en 1893, en...
17/12/2025

Fritz Perls, creador de la psicoterapia Gestalt, fue una figura tan brillante como polémica. Nació en Berlín en 1893, en el seno de una familia judía conflictiva, experiencia que influyó posteriormente en su énfasis terapéutico sobre la responsabilidad personal y el contacto auténtico. Antes de dedicarse a la psicoterapia, fue médico y neurólogo, y combatió como soldado en la Primera Guerra Mundial, vivencia que marcó su mirada crítica frente a la deshumanización y la obediencia ciega a la autoridad.

Perls se formó inicialmente en el psicoanálisis clásico y fue analizado por figuras cercanas al círculo freudiano, como Wilhelm Reich. Aunque reconocía la genialidad de Freud, se convirtió en uno de sus críticos más agudos. Consideraba que el psicoanálisis había quedado excesivamente centrado en el pasado del paciente, en una “arqueología de la mente”, descuidando la experiencia viva del aquí y ahora. Esta ruptura fue tanto teórica como personal e ideológica.

Una curiosidad poco destacada es que el origen de la Gestalt no fue obra exclusiva de Perls. Su esposa, Laura Perls, psicóloga formada en fenomenología y filosofía existencial, tuvo una influencia decisiva en el desarrollo del enfoque, aunque durante años fue subestimada. Asimismo, la Gestalt integró elementos poco habituales para la psicología de su tiempo, como el taoísmo, el budismo zen, el trabajo corporal, el teatro y la improvisación.

Perls también fue conocido por su estilo directo y provocador. En las décadas de 1960 y 1970, especialmente en el Instituto Esalen en California, desarrolló una forma de trabajo intensa y confrontativa que despertó tanto admiración como críticas. Para él, la terapia no debía ser cómoda, sino favorecer el darse cuenta. Sostenía que el objetivo no era hacer feliz al paciente, sino ayudarlo a reconocer cómo se bloquea a sí mismo.

Finalmente, una curiosidad central es que la Gestalt nació como una psicoterapia profundamente antidogmática. Perls insistía en que no debía convertirse en un sistema cerrado ni en una técnica rígida. Paradójicamente, con el tiempo su figura se volvió casi mítica, algo que él mismo probablemente habría cuestionado.

La psicoterapia Gestalt es un enfoque psicoterapéutico humanista–existencial que surge a mediados del siglo XX y se cent...
15/12/2025

La psicoterapia Gestalt es un enfoque psicoterapéutico humanista–existencial que surge a mediados del siglo XX y se centra en la experiencia presente de la persona, en cómo vive, siente y da sentido a su realidad aquí y ahora. Más que interpretar el pasado de forma intelectual, la Gestalt pone el acento en la conciencia, la responsabilidad personal y la integración de las distintas partes del ser humano: pensamiento, emoción, cuerpo y acción.

Desde esta perspectiva, los síntomas no se entienden como fallas o patologías aisladas, sino como intentos creativos del organismo por adaptarse a situaciones vitales que no pudieron resolverse de manera saludable. Muchas veces, la persona queda atrapada en asuntos inconclusos: emociones no expresadas, decisiones postergadas, duelos no elaborados o necesidades propias negadas para adaptarse a expectativas externas. La psicoterapia Gestalt acompaña a tomar conciencia de estos procesos y a completarlos de forma más auténtica.

El proceso terapéutico se basa en el diálogo, la experiencia vivencial y la observación de cómo la persona se relaciona consigo misma y con los demás. El terapeuta no se posiciona como un experto que “corrige”, sino como un facilitador que ayuda a ampliar la conciencia, señalando patrones repetitivos, interrupciones del contacto y formas habituales de evitar el malestar. A través de experimentos terapéuticos, trabajo corporal, atención a las emociones y al lenguaje, la persona puede reconocer qué hace, cómo lo hace y para qué lo hace.

La Gestalt puede ayudar a desarrollar mayor claridad interna, fortalecer los límites personales, mejorar la capacidad de elección y fomentar una relación más honesta con uno mismo y con el entorno. Es especialmente útil en procesos de ansiedad, conflictos relacionales, crisis vitales, sensación de vacío, dificultades para poner límites y búsqueda de sentido. Más que prometer soluciones rápidas, la psicoterapia Gestalt ofrece un camino de autoconocimiento profundo que permite vivir con mayor coherencia, presencia y responsabilidad personal.



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