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04/03/2026

Sirve, pero solo cuando las personas que integran la relación están dispuestas a hacer algo que no siempre resulta cómod...
04/03/2026

Sirve, pero solo cuando las personas que integran la relación están dispuestas a hacer algo que no siempre resulta cómodo, ser auténticas, coherentes y responsables de sí mismas.

En Gestalt entendemos la pareja como un organismo viviente. No es simplemente la suma de dos individuos, sino un sistema dinámico que respira, cambia, se adapta y también puede "enfermar", es decir, interrumpirse. La relación tiene su propio campo, emociones compartidas, formas de comunicación, silencios, expectativas, heridas y necesidades que se entrelazan.

Cuando ese organismo pierde vitalidad, cuando se llenan de reproches, evasiones o indiferencia, la relación comienza a deteriorarse. Sin embargo, muchas parejas acuden a terapia cuando el vínculo ya está profundamente agotado. Llegan cuando el resentimiento se ha acumulado durante años, cuando el diálogo ya no existe o cuando uno de los dos, en el fondo, ya se ha ido emocionalmente.

Por eso la terapia de pareja no funciona si cada miembro llega esperando que el terapeuta cambie al otro. Tampoco funciona si uno de los dos está más comprometido con tener la razón que con comprender lo que ocurre entre ambos.

Desde la Terapia Gestalt el trabajo no consiste en enseñar “técnicas de comunicación” como si la relación fuera un problema mecánico. El foco está en ampliar la conciencia, ayudar a cada persona a darse cuenta de cómo participa en la dinámica de la relación. Qué evita decir. Qué emociones reprime. Qué necesidades no expresa. Qué responsabilidades deposita en el otro.

La Gestalt invita a que cada miembro se haga cargo de sí mismo, de lo que siente, de lo que necesita y de la forma en que se relaciona. Cuando esto ocurre, algo comienza a cambiar en el campo de la pareja. A veces el vínculo se reorganiza y recupera vitalidad. Otras veces, la mayor honestidad lleva a reconocer que el ciclo de la relación ha terminado.

En ambos casos, la terapia puede ser profundamente valiosa. Porque más allá de “salvar” la relación, su verdadero objetivo es que el encuentro entre dos personas vuelva a ser más consciente, más auténtico y más humano.

En la terapia Gestalt, las resistencias al cambio no se comprenden como simple falta de voluntad o incapacidad para tran...
03/03/2026

En la terapia Gestalt, las resistencias al cambio no se comprenden como simple falta de voluntad o incapacidad para transformarse. Más bien, se entienden como defensas del organismo que buscan preservar un equilibrio. Aunque ese equilibrio pueda resultar doloroso o limitante, sigue siendo familiar. Por eso, cambiar implica siempre una experiencia de riesgo, supone abandonar formas conocidas de vivir, de sentir y de relacionarse con el mundo.

Las resistencias al cambio suelen aparecer cuando la persona comienza a aproximarse a contenidos internos que habían permanecido fuera de la conciencia. A medida que el proceso terapéutico amplía la percepción de sí mismo, emergen tensiones, una parte del individuo se orienta a cambiar, mientras otra intenta mantener las estructuras previas que ofrecían seguridad. En este sentido, la resistencia es una señal de que el proceso está tocando zonas sensibles de la historia.

En la práctica clínica, estas resistencias pueden manifestarse de múltiples maneras, como racionalizar en exceso lo que se siente, restar importancia a los propios conflictos, aplazar decisiones importantes o reiterar patrones relacionales que producen malestar. Incluso el deseo explícito de cambiar puede convivir con conductas que sostienen lo mismo de siempre. Desde la mirada gestáltica, esta aparente contradicción refleja la tensión inherente entre la necesidad de seguridad y la posibilidad de transformación.

En este proceso aparece con frecuencia la angustia, una experiencia emocional que suele acompañar a un inevitable cambio y a la transformación. La angustia señala el momento en que las antiguas estructuras comienzan a perder su estabilidad, mientras lo nuevo aún no se ha consolidado. Por ello, el crecimiento no ocurre evitando esta experiencia, sino atravesándola con conciencia y sosteniendo el contacto con lo que emerge.

Cuando la persona puede permanecer en esa experiencia en lugar de defenderse automáticamente de ella, se abre la posibilidad de reorganizar su manera de estar en el mundo. Así, la resistencia deja de ser un obstáculo y se convierte en una puerta de acceso al proceso profundo de cambio y autoconocimiento.

La dependencia emocional no siempre se expresa de la misma forma. Puede adoptar distintas actitudes y comportamientos.1....
01/03/2026

La dependencia emocional no siempre se expresa de la misma forma. Puede adoptar distintas actitudes y comportamientos.

1. El rescatador: Es quien vive intentando solucionar la vida de los demás. Interviene, paga, justifica o resuelve problemas que no le corresponden. No siempre lo hace porque el otro no pueda, sino porque le resulta muy difícil tolerar verlo fracasar o sufrir. Su identidad se construye en ser necesario para alguien. Cuando ayuda siente sentido; cuando el otro mejora o se vuelve autónomo, puede experimentar un vacío. Sin darse cuenta, al rescatar constantemente también evita que el otro se responsabilice de su propia vida.

2. El evitador: No confronta, no discute y rara vez expresa lo que siente. Desde afuera parece tranquilo o equilibrado, pero muchas veces esa calma es distancia emocional. Prefiere no hablar de lo que ocurre, minimizar los problemas o convencerse de que “todo está bien”. En realidad, su evitación suele ser una forma de huir del conflicto interno que implicaría reconocer lo que verdaderamente sucede en la relación.

3. El complaciente: Hace todo lo posible para evitar el rechazo. Dice sí cuando quiere decir no y tolera situaciones que lo lastiman. Aprendió que el amor se gana sacrificándose o siendo siempre comprensivo. Cree que si es suficientemente paciente, bueno o tolerante, el otro cambiará. Sin embargo, en el fondo su motivación principal no es la armonía, sino el miedo al abandono.

4. El controlador: Necesita vigilar, organizar, revisar o anticipar todo lo que ocurre. Le cuesta confiar en el proceso de la vida o en la responsabilidad del otro. Su necesidad de control nace del miedo al caos emocional. Cree que si suelta el control todo se derrumbará, sin darse cuenta de que ese mismo control también sostiene la dinámica de dependencia.

Lo importante es comprender que estos tipos no son identidades fijas. Una misma persona puede moverse entre estas posiciones según la angustia o el momento que atraviese. La dependencia emocional, en el fondo, es un intento desesperado de no perder al otro… aunque en ese intento uno termine perdiéndose a sí mismo.

La Psicología Humanista surgió a mediados del siglo XX como una alternativa frente al psicoanálisis clásico y el conduct...
27/02/2026

La Psicología Humanista surgió a mediados del siglo XX como una alternativa frente al psicoanálisis clásico y el conductismo. Su propuesta central fue recuperar una visión más amplia del ser humano, entendiéndolo como un organismo con potencial de crecimiento, libertad, creatividad y búsqueda de sentido. Diversos autores contribuyeron a la construcción de este enfoque con aportes complementarios.

Uno de los principales impulsores fue Abraham Maslow, quien desarrolló la teoría de la motivación humana y la conocida jerarquía de necesidades. Maslow planteó que, más allá de las necesidades básicas, el ser humano tiende hacia la autorrealización: el desarrollo pleno de sus capacidades y potencialidades.

Desde una perspectiva más clínica, Carl Rogers desarrolló la Terapia Centrada en la Persona. Su principal aporte fue destacar el poder transformador de la relación terapéutica basada en empatía, autenticidad y aceptación incondicional, confiando en la tendencia actualizante del organismo.

Otro aporte fundamental proviene de Viktor Frankl, creador de la Logoterapia. Frankl propuso que la motivación central del ser humano es la búsqueda de sentido. Incluso en condiciones extremas, la persona conserva la capacidad de encontrar significado y asumir una actitud frente a su existencia.

Por su parte, la Terapia Gestalt, desarrollada por Fritz Perls, Laura Perls y Paul Goodman, aportó una comprensión del ser humano como organismo en interacción constante con su entorno. Su énfasis está en el darse cuenta, la experiencia presente y la integración de aspectos fragmentados de la personalidad.

También fueron relevantes las contribuciones de Erich Fromm, quien integró el humanismo con el análisis social y cultural, resaltando la necesidad de desarrollar una orientación productiva basada en el amor, la libertad y la responsabilidad.

Finalmente, Charlotte Bühler aportó una visión del desarrollo humano centrada en la realización de metas y valores a lo largo del ciclo vital, subrayando la tendencia natural hacia la plenitud y el sentido de vida.

La Terapia Gestalt ha sido ampliamente difundida en el campo clínico y formativo, pero también ha estado rodeada de simp...
26/02/2026

La Terapia Gestalt ha sido ampliamente difundida en el campo clínico y formativo, pero también ha estado rodeada de simplificaciones que han dado origen a varios mitos.

Mito: “La Gestalt te vuelve despreocupado”.
Algunas personas creen que esta terapia invita a vivir sin responsabilidades o a hacer simplemente “lo que se quiere”. En realidad, el trabajo gestáltico apunta a desarrollar mayor conciencia y responsabilidad personal. Ser consciente implica reconocer las propias elecciones y asumir sus consecuencias en la relación con los demás y con el entorno.

Mito: “Se centra solo en lo emocional”.
Aunque las emociones tienen un lugar importante, la Gestalt no trabaja únicamente con lo afectivo. La experiencia se entiende de manera integral: incluye pensamientos, sensaciones corporales, acciones y modos de relación. La persona es comprendida como una totalidad y no como partes separadas.

Mito: “Es una pseudociencia sin bases sólidas”.
Este enfoque se apoya en fundamentos teóricos provenientes de la fenomenología, el existencialismo y la psicología de la Gestalt. Estos marcos conceptuales influyen en su comprensión del campo organismo-entorno y del proceso de contacto.

Mito: “Solo se enfoca en el presente”.
La Gestalt pone énfasis en el aquí y ahora porque es donde ocurre la experiencia. Sin embargo, la historia personal no se ignora; se explora en la medida en que aparece viva en el presente, a través de emociones, recuerdos y patrones relacionales.

Mito: “Te hace sentir ridículo”.
Algunas técnicas expresivas pueden parecer extrañas desde afuera, pero su propósito es facilitar la toma de conciencia y permitir que aspectos implícitos de la experiencia puedan hacerse visibles.

Mito: “La Gestalt es solo la silla vacía”.
La técnica de la silla vacía es apenas una herramienta dentro de un enfoque mucho más amplio. La Gestalt es, ante todo, una forma de comprender la experiencia humana, el contacto y el proceso de autorregulación.

Comprender estas distinciones permite ver que no es una colección de técnicas curiosas, sino una perspectiva profunda sobre la conciencia y la manera en que las personas se relacionan consigo mismas y con el mundo.

Jan Smuts (1870–1950), filósofo, político, militar y estadista sudafricano, introdujo en 1926 el concepto de holismo en ...
25/02/2026

Jan Smuts (1870–1950), filósofo, político, militar y estadista sudafricano, introdujo en 1926 el concepto de holismo en su obra Holism and Evolution. Con este término propuso una idea radical para su época, y es que la realidad no puede comprenderse reduciéndola a partes aisladas. Los organismos, la mente, la naturaleza y las sociedades funcionan como totalidades organizadas, en las que el todo posee cualidades que no se explican simplemente sumando sus componentes.

Para Smuts, el holismo describe un principio fundamental de la vida y los sistemas vivos tienden a organizarse en totalidades complejas e integradas. Un organismo no es una máquina compuesta de piezas separadas, sino un campo dinámico donde cada parte cobra sentido dentro del conjunto. Esta perspectiva influyó profundamente en distintas corrientes del pensamiento del siglo XX, desde la biología y la filosofía hasta la psicología humanista.

La terapia Gestalt heredó este fundamento holístico. Desde esta mirada, la persona no se entiende como una suma de mente, cuerpo y emociones separadas, sino como un organismo en relación con su entorno. La experiencia humana ocurre en ese campo organismo-ambiente, donde percepción, emoción, pensamiento y acción forman un proceso inseparable.

Este enfoque también cuestiona la tendencia reduccionista de explicar el sufrimiento psicológico únicamente por causas aisladas, biológicas, cognitivas o conductuales. En cambio, la Gestalt observa patrones de organización de la experiencia, interrupciones en el contacto y modos en que la persona se relaciona con su ambiente. El síntoma no se interpreta como un problema mecánico del individuo, sino como una expresión del funcionamiento total del organismo en su contexto.

Así, el legado de Smuts se hace visible en uno de los principios centrales de la terapia Gestalt: el todo es más que la suma de las partes. Comprender a una persona implica atender su historia, su cuerpo, su manera de percibir, sus relaciones y el campo en el que vive. Solo desde esa visión integrada puede emerger una comprensión más profunda de la experiencia humana y de los procesos de transformación.

En la terapia Gestalt, el impasse es un momento crucial del proceso terapéutico. Se trata de una experiencia de bloqueo ...
24/02/2026

En la terapia Gestalt, el impasse es un momento crucial del proceso terapéutico. Se trata de una experiencia de bloqueo en la que la persona siente que no puede avanzar, que las soluciones conocidas ya no funcionan y que tampoco aparecen nuevas alternativas. Es un punto de detención donde las viejas formas de sostenerse en el mundo dejan de servir, y aún no se ha desarrollado una nueva manera de hacerlo.

Fritz Perls describía el impasse como el instante en que el individuo ya no puede seguir apoyándose en el “auto-soporte falso”, es decir, en los mandatos, roles o expectativas que ha introyectado de otros. Durante mucho tiempo esas estructuras funcionan como una especie de soporte externo, se vive intentando cumplir, agradar, adaptarse o sostener una imagen determinada. Sin embargo, cuando estas formas se agotan, aparece el vacío.

Este momento suele vivirse con ansiedad, confusión o sensación de estancamiento. Muchas personas intentan salir rápidamente del impasse buscando consejos, soluciones inmediatas o nuevas dependencias que sustituyan a las anteriores. Pero desde la perspectiva gestáltica, el trabajo no consiste en evitar ese vacío, sino en atravesarlo conscientemente.

El impasse es el territorio donde se revela la falta de auto-apoyo auténtico. Permanecer en esa experiencia, sin huir de la incomodidad que produce, permite que la persona reconozca sus apoyos ilusorios y empiece a descubrir recursos propios que antes estaban ocultos por la dependencia o la adaptación excesiva.

En este sentido, el impasse no es un fracaso del proceso terapéutico, sino una señal de que algo importante está ocurriendo. Es el momento en que se suspenden las viejas formas de funcionar y se abre la posibilidad de un contacto más genuino con uno mismo. En lugar de ser un obstáculo, se convierte en una puerta hacia el auto-soporte y la responsabilidad personal.

Atravesar el impasse implica tolerar la incertidumbre, reconocer los propios miedos y permitir que emerja una forma más auténtica de estar en el mundo. Por eso, lejos de ser un callejón sin salida, el impasse es una fase necesaria en el crecimiento psicológico y en el proceso de individuación.

En psicología, los términos narcisismo y egotismo a veces se usan como si fueran lo mismo, pero en realidad provienen de...
24/02/2026

En psicología, los términos narcisismo y egotismo a veces se usan como si fueran lo mismo, pero en realidad provienen de tradiciones teóricas distintas y señalan fenómenos relacionados, aunque no idénticos.

El narcisismo es un concepto desarrollado originalmente en el psicoanálisis por Freud y profundizado por Kohut. Se refiere a una forma de organización de la personalidad donde la persona pone un fuerte énfasis en su autoimagen, autoestima y necesidad de reconocimiento. Quien funciona de manera narcisista suele buscar admiración, confirmación o validación externa para sostener una imagen idealizada de sí mismo. Cuando esa confirmación no aparece, pueden surgir sentimientos de vacío, frustración o desvalorización.

El egotismo, en cambio, es un concepto propio de la Terapia Gestalt y aparece en la obra fundacional desarrollada por Perls, Goodman y Hefferline. En este enfoque, el egotismo no describe un tipo de personalidad, sino una interrupción del contacto. Ocurre cuando la persona se vuelve excesivamente consciente de sí misma y trata de controlar su comportamiento, en lugar de entregarse al flujo espontáneo de la experiencia. Dicho de forma simple, mientras el narcisismo habla de cómo una persona organiza su identidad y su autoestima, el egotismo describe qué ocurre en el momento del contacto cuando el yo se vuelve demasiado autoconsciente y controlador.

A pesar de estas diferencias epistemológicas, ambos conceptos comparten ciertos aspectos. En los dos casos aparece una fuerte preocupación por el yo y por la imagen que se tiene de sí mismo, lo que puede dificultar el encuentro genuino con los demás. Cuando la atención se centra excesivamente en proteger o sostener la propia imagen, el contacto con la experiencia y con los otros pierde espontaneidad.

Desde la Terapia Gestalt, el objetivo no es eliminar el amor propio ni la conciencia de sí mismo, sino recuperar la flexibilidad del contacto. Esto implica que la persona pueda salir de la vigilancia constante sobre su propia imagen y volver a relacionarse con el mundo de manera más directa, viva y auténtica.

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En psicoterapia cada vez resulta más evidente que la división entre mente y cuerpo es artificial. Lo que realmente exist...
23/02/2026

En psicoterapia cada vez resulta más evidente que la división entre mente y cuerpo es artificial. Lo que realmente existe es una unidad, el organismo. Pensamientos, emociones, sensaciones y procesos biológicos forman parte de un mismo sistema vivo que busca constantemente autorregularse. Por eso, hablar de “salud física” por un lado y “salud mental” por otro es, en el fondo, una simplificación. No existen dos tipos de salud, existe la SALUD del organismo en su totalidad.

Los desequilibrios químicos no pueden entenderse como la única causa de los síntomas, sino como efectos que acompañan un proceso más amplio. El organismo entero participa en lo que llamamos trastornos. Las variaciones químicas, hormonales o neurológicas forman parte de una respuesta global del cuerpo a determinadas experiencias, tensiones o conflictos que no han encontrado una vía de resolución.

Con frecuencia, lo psicopatológico comienza mucho antes de que aparezcan los síntomas visibles. Se gesta en la historia familiar, en aquello que fue introyectado sin digestión psicológica, como mandatos, prohibiciones, formas de ser que aprendimos a adoptar para pertenecer. También en necesidades interrumpidas, emociones que no pudieron expresarse, límites que no se pudieron poner o decisiones que quedaron suspendidas.

Por otro lado, la enfermedad deja de verse solamente como un mal. Muchas veces es también un intento del organismo por reorganizarse y devolvernos al camino de ser quienes realmente somos. Cuando enfermamos, el organismo nos obliga a detenernos, a escuchar, a confrontar lo que hemos evitado. La enfermedad, de algún modo, nos exige una forma de sinceridad con nosotros mismos.

¿Para qué enfermamos? A veces para darnos cuenta de que algo necesita un ajuste consciente, como tomar una decisión pendiente, establecer un límite necesario, dejar de sostener identidades que no nos pertenecen. Enfermar puede ser el momento en que el organismo nos empuja a sentir lo que sentimos sin filtros, reconocerlo y expresarlo de manera genuina y adaptativa.

Este planteamiento no incluye los trastornos o enfermedades de origen congénito, cuya comprensión requiere otros marcos.

La terapia Gestalt se apoya en una serie de obras que desarrollan su base filosófica, clínica y experiencial. Estos son ...
23/02/2026

La terapia Gestalt se apoya en una serie de obras que desarrollan su base filosófica, clínica y experiencial. Estos son algunos libros fundamentales en sus títulos oficiales en español:

“Yo, hambre y agresión” de Fritz Perls: obra temprana donde Perls critica el psicoanálisis clásico y plantea una visión organismica basada en la autorregulación y la satisfacción de necesidades.

“Terapia Gestalt: excitación y crecimiento de la personalidad humana” de Fritz Perls, Ralph Hefferline y Paul Goodman: texto fundacional que expone la teoría del self, el ciclo de la experiencia y la base fenomenológica del enfoque.

“Sueños y existencia” de Fritz Perls: explora el trabajo con sueños desde la Gestalt, entendiendo cada elemento del sueño como una parte del soñante.

“Dentro y fuera del tarro de la basura” de Fritz Perls: autobiografía donde Perls relata el desarrollo del enfoque y sus propias experiencias personales y clínicas.

“Terapia Gestalt integrada” de Erving Polster y Miriam Polster: integra teoría y práctica mostrando cómo se desarrolla el proceso terapéutico en la Gestalt.

“El proceso creativo en terapia Gestalt” de Joseph Zinker: destaca la creatividad como elemento central del trabajo terapéutico y del crecimiento personal.

“Conciencia, diálogo y proceso” de Gary Yontef: profundiza en los fundamentos fenomenológicos, relacionales y dialógicos de la Gestalt contemporánea.

“Consejo Gestáltico en acción” de Petruska Clarkson: presenta aplicaciones prácticas del enfoque Gestalt en el ámbito del counselling.
“Más allá de la silla caliente” de Bud Feder y Ruth Ronall: amplía la comprensión de la terapia Gestalt más allá del estilo confrontativo asociado a Perls.

“Terapia Gestalt: historia, teoría y práctica” de Ansel Woldt y Sarah Toman: revisión amplia del desarrollo histórico y conceptual del enfoque.
Estos textos permiten comprender la evolución de la terapia Gestalt desde sus raíces teóricas hasta su práctica clínica contemporánea.

Estos son solo 10 libros importantes. Se queda corta la lista y faltan muchos autores. Pronto publicaré títulos de más obras importantes y otras escritas en español.

23/02/2026

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