25/04/2022
SOMATIZAR LAS EMOCIONES
¿CÓMO SUCEDE ESTO? ¿POR QUÉ LA TENSIÓN SE VA AL CUERPO?
De bebés, antes de ser capaces de verbalizar lo que nos sucede, antes de ser capaces de dominar el lenguaje, utilizamos todo el cuerpo para expresar el dolor, la rabia, la angustia y también la alegría, la sorpresa, el miedo.... Las madres (y padres) hacen una lectura de esas emociones y enmarcan con palabras lo que le ocurre a su bebé. La somatización es la primera forma de comunicación que aparece en el principio de nuestras vidas.
Como las emociones todavía no pueden ser elaboradas psíquicamente, son trasladadas al cuerpo en forma de llanto, alteraciones en la respiración y en el ritmo cardíaco, inquietud...; El lenguaje irá poniendo límites a esa angustia y construirá nuestro psiquismo, enriqueciendo nuestro repertorio emocional básico.
Así, los eventos traumáticos, las p***s, los miedos y los rencores generan estrés y éste causa males físicos cuyo origen es psicógeno, por lo que se llama trastornos de síntomas somáticos, explica el psicólogo clínico Juan José Vargas.
Sin embargo, el origen verdadero de la sensación y de la emoción es el pensamiento, apunta el profesional, ya que, si éste se origina a partir de un temor de contraer una enfermedad, esto inmediatamente afecta a la emoción. “El cuerpo habla por nosotros”, ya que los sistemas endocrino y neuroendocrino son los que vinculan la parte emocional con el organismo. “Las emociones son una respuesta psíquica y fisiológica de cómo alguien se relaciona con su entorno y afronta los problemas”.
el camino es pensar y visualizar hasta encontrar, de manera lógica y coherente, la solución a los problemas que traen emociones negativas, sin subestimarlas o sobrestimarlas.
¿CÓMO PODEMOS DEJAR DE SOMATIZAR?
Ser flexibles ante los cambios y los imprevistos, implica cierto nivel de creatividad, de adaptación y de aceptación. Ser conscientes de que no podemos controlarlo todo nos permite sobreponernos y afrontar con mayor fortaleza y entereza los reveses de la vida sin generar esa lucha interna que termina en dolores y molestias físicas.
Puesto que se manifiesta en el cuerpo aquello que no podemos asumir, es necesario poner palabras todas aquellas emociones que vamos sintiendo, todas aquellas experiencias que vamos viviendo.
La palabra permite darnos cuenta de lo que nos sucede, aporta consciencia a nuestras reacciones, y ése es el primer paso para poder reposicionarnos ante las situaciones dolorosas o estresantes, generadoras de tensión.
Escuchar a nuestro cuerpo es fundamental para comprender cómo nos afectan las situaciones que vivimos, lo que sentimos y cómo recolocarnos frente a ellas.
Consejos para dejar de somatizar las emociones
Las emociones influyen, y mucho, en la salud. Cuando la salud emocional se ve quebrada puede tener su reflejo en la salud física. De hecho, en ocasiones es nuestro cuerpo el que nos avisa de que algo no va bien a nivel emocional. Un dolor de cabeza persistente o un dolor de espalda que no desaparece pueden, en realidad, estar avisando de que estamos somatizando las emociones. Dicho de otra manera, la expresión física del malestar psicológico.
¿Qué hacer ante las emociones?
La somatización, en términos médicos, es la aparición de síntomas físicos de manera recurrente y sin causa aparente. Los problemas emocionales, la ansiedad o el estrés pueden estar detrás, por ejemplo, de síntomas como náuseas, vómitos, cansancio, pérdida de libido, reglas dolorosas, dolor de cabeza. Cuando los problemas emocionales persisten o no se canalizan adecuadamente los síntomas pueden derivar en lesiones reales, como úlceras de estómago, taquicardias, hipertensión arterial o dificultades para respirar en determinadas situaciones. ¿Qué hacer para dejar de somatizar las emociones?
Identificar y evitar las emociones negativas
El primer paso es reconocer las emociones negativas con las que convivimos a diario y no estamos siendo capaces de gestionar. Identificarlas, y expresarlas en voz alta, es la mejor manera de evitar retroalimentarlas dándole vueltas y vueltas. Esto solo te robará energía. Reconocer la emoción nos permite buscar una alternativa.
Gestionar las situaciones de estrés
En la medida de lo posible hay que evitar las situaciones que nos generan más estrés o, al menos, tratar de afrontarlas con otra disposición. Podemos poner en práctica técnicas de control de estrés o mindfulness, practicar ejercicios de respiración o incorporar otras rutinas a tu día a día como el yoga o los ejercicios de meditación.
Tener vida familiar
Quedar con amigos y familiares, realizar actividades en tu tiempo de ocio es la mejor manera de despejar la mente y liberarse de las emociones negativas.
Revisar tus hábitos
¿Tomas demasiado café?, ¿practicas poco ejercicio? En ocasiones, sin darnos cuenta, alimentamos la somatización de las emociones negativas porque no las descargamos. Algunos hábitos, como seguir una dieta sana y hacer ejercicio, nos ayudan a sentirnos mejor por dentro y por dentro. Lo último que podemos hacer es combatir la ansiedad, la frustración o la ira comiendo alimentos calóricos que solo nos harán sentir peor.
Reforzar el contacto con la naturaleza
Salir a dar un paseo, practicar actividades de senderismo, escalada, bicicleta… refuerza el contacto con la naturaleza y mejora nuestra sensación de bienestar.
Existen muchas emociones diferentes, entre positivas y negativas como las siguientes: ira, envidia, celos, ansiedad, temor, culpa, vergüenza, alivio, esperanza, tristeza, felicidad, orgullo, amor, gratitud, compasión etc.
Cada una de las emociones nos dice algo diferente sobre el modo en que una persona ha valorado una situación. Cada emoción es una historia sobre la relación que tiene la persona con el entorno; por lo que la respuesta emocional al trascender el contexto, nos permite conocer rasgos de la personalidad y como se relaciona con el mundo.