Pintando Amaneceres

Pintando Amaneceres TEOTERAPIA. El lenguaje de Dios para sanar el alma
(265)

13/01/2026

𝐄𝐋 𝐌𝐈𝐍𝐈𝐒𝐓𝐄𝐑𝐈𝐎 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐑𝐄𝐂𝐎𝐍𝐂𝐈𝐋𝐈𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍

❞𝐘 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐨 𝐩𝐫𝐨𝐯𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬, 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐧𝐨𝐬 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐧𝐜𝐢𝐥𝐢𝐨́ 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐢𝐠𝐨 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨, 𝐲 𝐧𝐨𝐬 𝐝𝐢𝐨 𝐞𝐥 𝐦𝐢𝐧𝐢𝐬𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐧𝐜𝐢𝐥𝐢𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧❞. (𝟐 𝐂𝐨𝐫𝐢𝐧𝐭𝐢𝐨𝐬 𝟓:𝟏𝟖)

Dios nos reconcilió consigo mismo, esto quiere decir que la reconciliación parte de Dios, que Él toma la decisión, Él toma la iniciativa. Siendo Dios el ofendido, siendo Dios el agraviado, el golpeado, el escupido, el burlado; siendo Cristo el crucificado, toma la decisión de reconciliarnos consigo mismo. Por lo tanto, lo que tenemos que hacer como imitadores que somos de Cristo, como aquellos que le decimos constantemente “yo quiero ser como tú”, es hacer exactamente lo mismo. Pero esto nos cuesta demasiado porque nadie lo hace. De hecho, hay muchas razones para no hacerlo y humanamente ninguna para hacerlo. Entonces ¿por qué tenemos que hacerlo? Solo existe una razón: “porque Cristo así lo hizo”.

Cristo nuestro Señor quiere lo mejor para nuestra vida, y lo mejor para nosotros es la reconciliación, no solo para aquella persona que nos ha ofendido, sino para nosotros también. Como padre, como persona, como esposo o esposa, es necesaria la reconciliación; se nos ha encargado el ministerio de la reconciliación.

Dios nos dio este ministerio, tiene que partir de nosotros mismos, primero con respecto a nuestra familia, con respecto a nuestra esposa y nuestros hijos. A nosotros nos corresponde tomar la iniciativa de acuerdo con lo que dice Lamentaciones 5:21, adaptándolo para nosotros: “Vuélvenos, oh, Jehová, a ti, y nos volveremos; renueva nuestros días como al principio.”

Podemos decir, “a mí siempre me toca pedirle perdón a mi esposa cuando tenemos una discusión, así ella haya sido la que inició el pleito. ¿Por qué me toca siempre a mi hacerlo?”. La respuesta es, porque nos corresponde actuar como Cristo, tal como lo enseña en su Palabra: “vuélvete oh Jehová, vuélvenos oh Jehová a ti”. De esto se trata, tomemos la iniciativa como Dios lo hace, porque ese es el ministerio de la reconciliación.

Cuando hay un deseo de reconciliación, es necesario renovar. Aquí no cabe la frase: “es que las cosas no volverán a ser igual nunca”. Debemos volver como al principio. Humanamente no se puede volver a ser la misma persona cuando hubo mucha ofensa y mucho dolor, pero la Biblia dice que el renovar es volver las cosas como eran al principio. Así lo hace Dios conmigo, entonces yo tengo que hacerlo también con otros; porque Dios nos ha encargado el ministerio de la reconciliación.

𝐎𝐑𝐄𝐌𝐎𝐒
"Señor, yo sé que tú me has amado y perdonado. Sé que entre nosotros no hay reproches, no hay juicios, solo hay amor y perdón. Aun así, me cuesta mucho perdonar a otros y aun más, me cuesta ser yo quien dé el primer paso, quien ejerza el ministerio de la reconciliación. Tú sabes cuánto dolor me han causado, pero yo también he causado dolor a otros. Ayúdame padre a hacer lo que debo, a imitar a mi Señor Jesucristo, aquel quien murió por mis pecados. Te pido Padre que me ayudes a dar el primer paso, a buscar a quien me ha ofendido, aun más, a buscar a quien yo he ofendido, a iniciar el proceso de reconciliación, tal como tú lo hiciste conmigo. Gracias Señor porque sé que en ti puedo hacerlo, se que tú me ayudarás; quiero ser parte del ministerio de la reconciliación y lo lograré en tu nombre. Una vez más, te doy gracias por tu misericordia y bondad sobre mi vida."

11/01/2026

𝐑𝐄𝐂𝐎𝐍𝐂𝐈𝐋𝐈𝐀𝐍𝐃𝐎 𝐂𝐎𝐍𝐒𝐈𝐆𝐎 𝐀𝐋 𝐌𝐔𝐍𝐃𝐎

❞𝐐𝐮𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐛𝐚 𝐞𝐧 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐧𝐜𝐢𝐥𝐢𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐢𝐠𝐨 𝐚𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨, 𝐧𝐨 𝐭𝐨𝐦𝐚́𝐧𝐝𝐨𝐥𝐞𝐬 𝐞𝐧 𝐜𝐮𝐞𝐧𝐭𝐚 𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞𝐬 𝐬𝐮𝐬 𝐩𝐞𝐜𝐚𝐝𝐨𝐬, 𝐲 𝐧𝐨𝐬 𝐞𝐧𝐜𝐚𝐫𝐠𝐨́ 𝐚 𝐧𝐨𝐬𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐥𝐚 𝐩𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐧𝐜𝐢𝐥𝐢𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧❞. (𝟐 𝐂𝐨𝐫𝐢𝐧𝐭𝐢𝐨𝐬 𝟓:𝟏𝟗)

Pasajes complementarios: Lamentaciones 5:21; 2 Corintios 5:13-20

Cuando leemos 2 Corintios 5:18-19, nos damos cuenta de que Dios no tiene en cuenta nuestras faltas. Este es un tema paradigmático en cuanto a la reconciliación concierne, porque la reconciliación del mundo la entendemos de otra manera, pues la reconciliación tiene cierto tipo de condiciones, algunos requisitos que tienen que aportar las partes, inclusive es posible que una sola de las partes, la que haya sido la ofendida, para que tengamos una verdadera y legítima reconciliación.

Cuando nos apartamos de Dios, debemos reconciliarnos nuevamente con Él. Dios siempre nos ha tendido sus brazos de amor, como aquel padre de la parábola del hijo pródigo que siempre está para nosotros, a la puerta de su casa esperando que volvamos, con las puertas abiertas.

La Palabra de Dios nos dice que “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo”, y la manera como lo hizo fue no tomando en cuenta nuestros pecados, no tomando en cuenta nuestras faltas. De la misma manera, para que vivamos la reconciliación en nuestro hogar, debemos no tomar en cuenta las faltas, las ofensas que se han llevado a cabo en un pasado. Por supuesto, no quiere decir que permitamos que se repitan, pero hay situaciones en las cuales no podemos hacer volver el tiempo, y lo que Dios hizo con nosotros es no tomar en cuenta nuestras faltas, nuestras rebeliones, nuestro pecado.

Entonces, ¿de qué manera nosotros tenemos que buscar la reconciliación? De la misma forma, tomando la iniciativa con aquellas personas que supuestamente causaron la ruptura. Busquemos la reconciliación dentro de la familia. El ofendido tiene que buscar la reconciliación, y el padre tiene que buscar la reconciliación, tiene que partir de él. Es posible que el hijo sea el que lo haya ofendido, sin embargo, la iniciativa debe venir del padre. ¿De qué manera se hace?, no tomando en cuenta sus pecados, como el Señor no ha tomado en cuenta los nuestros.

𝐎𝐑𝐄𝐌𝐎𝐒
"Padre bueno, hoy vengo a ti sabiendo que no seré rechazado. Tú sabes cuántas veces te he fallado, conoces mis pecados más ocultos, y aun así jamás me has dado la espalda. Gracias por la infinita misericordia sobre mi vida, gracias por tu perdón incondicional. Ayúdame, Señor, a imitarte, a ser diligente para pedir perdón, para buscar activamente la reconciliación. Que de la misma manera como he sido perdonado, perdone a otros, a mi familia, a mis amigos, inclusive a los conocidos y desconocidos que me han hecho daño. Capacítame Dios, hoy tomo la decisión de buscar en ti activamente la reconciliación y de permitirte que formes en mí un espíritu perdonador. Gracias, amado Padre."

10/01/2026

𝐋𝐈𝐌𝐏𝐈𝐀𝐑 𝐋𝐎 𝐃𝐄 𝐀𝐃𝐄𝐍𝐓𝐑𝐎

❞¡𝐀𝐲 𝐝𝐞 𝐯𝐨𝐬𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬, 𝐞𝐬𝐜𝐫𝐢𝐛𝐚𝐬 𝐲 𝐟𝐚𝐫𝐢𝐬𝐞𝐨𝐬, 𝐡𝐢𝐩𝐨́𝐜𝐫𝐢𝐭𝐚𝐬❗ 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐢𝐦𝐩𝐢𝐚́𝐢𝐬 𝐥𝐨 𝐝𝐞 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐯𝐚𝐬𝐨 𝐲 𝐝𝐞𝐥 𝐩𝐥𝐚𝐭𝐨, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐝𝐞𝐧𝐭𝐫𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚́𝐢𝐬 𝐥𝐥𝐞𝐧𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐫𝐨𝐛𝐨 𝐲 𝐝𝐞 𝐢𝐧𝐣𝐮𝐬𝐭𝐢𝐜𝐢𝐚❞. (𝐌𝐚𝐭𝐞𝐨 𝟐𝟑:𝟐𝟓)

Pasaje complementario: Colosenses 3:12

Hoy nos vestimos de apariencia, de engaños, de fachada. Pero, hemos de vestirnos tal como lo dice la Palabra de Dios en Colosenses, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Hemos de vestirnos de amor, que es el vínculo perfecto. Sobre todas estas cosas, el abrigo que debemos llevar encima de todo nuestro atuendo es el amor.

Jesús les habla a los fariseos y escribas en Mateo 23:25: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia.”

Nosotros por fuera nos vemos muy bien, el vaso y el plato están muy limpios. Es como si limpiáramos la parte externa de un vaso, pero por dentro está sucio ¿De qué nos sirve? Y cuando tomamos y bebemos de ese vaso estamos tomando inmundicia, suciedad. Cuando dice: “por dentro ustedes están llenos de robo y de injusticia”, a eso es lo que se refiere la Palabra de Dios. Estamos cubriendo todo lo que tenemos por dentro cosiendo hojas de higuera.

Debemos reconciliarnos con Dios y cuando lo hacemos nos reconciliamos con nuestro vestuario, entonces ya no nos cubrimos, porque no hay nada de qué avergonzarnos, porque Dios no nos ha creado para avergonzarnos, Dios nos ha creado para que estemos delante de él tal como somos. La reconciliación nos da la oportunidad de restaurar nuestra comunión con Él, para que, de esa manera, Él haga su obra de amor en nuestra vida. Dios no espera que cambiemos para amarnos, pero porque nos ama cambia nuestras vidas. En lugar de fingir, de aparentar, de cubrirnos, presentémonos delante de Él tal como somos, sintiéndonos aceptados y amados, y dejemos que ese amor nos transforme de tal manera que no solo nuestro vestuario sea impecable, sino que nuestro interior lo sea aún más.

𝐎𝐑𝐄𝐌𝐎𝐒
"Padre de los cielos, quiero que tu Palabra se quede guardada en mi corazón y que haga su obra en mí. Quiero experimentar un cambio interno, ser renovado y transformado, de tal manera que ya no tema ser descubierto, que ya no haya nada de lo que me avergüence. Yo sé que tú me amas tal como soy, sé que tu deseo para mí es la libertad de ser quien tú siempre quisiste que fuera, y anhelo eso para mi vida. No quiero solo vestirme de manera adecuada, quiero ser la persona que tú quieres que yo sea. Cámbiame y renuévame, que en mi interior sea tu imagen y que yo sepa proyectarla a otros. Alabado sea tu nombre por tu amor, misericordia y gracia sobre mi vida."

09/01/2026

𝐄𝐋 𝐕𝐄𝐒𝐓𝐔𝐀𝐑𝐈𝐎 𝐃𝐈𝐒𝐄𝐍̃𝐀𝐃𝐎 𝐏𝐎𝐑 𝐃𝐈𝐎𝐒

❞𝐕𝐞𝐬𝐭𝐢́𝐨𝐬, 𝐩𝐮𝐞𝐬, 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐞𝐬𝐜𝐨𝐠𝐢𝐝𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬, 𝐬𝐚𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐲 𝐚𝐦𝐚𝐝𝐨𝐬, 𝐝𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐧̃𝐚𝐛𝐥𝐞 𝐦𝐢𝐬𝐞𝐫𝐢𝐜𝐨𝐫𝐝𝐢𝐚, 𝐝𝐞 𝐛𝐞𝐧𝐢𝐠𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝, 𝐝𝐞 𝐡𝐮𝐦𝐢𝐥𝐝𝐚𝐝, 𝐝𝐞 𝐦𝐚𝐧𝐬𝐞𝐝𝐮𝐦𝐛𝐫𝐞, 𝐝𝐞 𝐩𝐚𝐜𝐢𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚❞. (𝐂𝐨𝐥𝐨𝐬𝐞𝐧𝐬𝐞𝐬 𝟑:𝟏𝟐)

Pasaje complementario: Génesis 3:7

Cuando Adán y Eva pecaron, desobedeciendo a Dios y desconfiando de su amor y su cuidado, sus ojos fueron abiertos, y “conocieron que estaban desnudos”. ¿Qué quiere decir esto?, “que estaban descubiertos”. Cuando uno es descubierto tiene y siente vergüenza, por eso dice la Palabra que tuvieron vergüenza, porque fueron descubiertos. Dejaron de conocer a Dios, de tener comunión con Dios.

Debido a la vergüenza que les causó ser descubiertos, “entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales”. Desde entonces vemos que el hombre se mantiene cosiendo hojas de higuera y creando productos para cubrirse, para ocultar lo que es. El coser requiere trabajo y requiere que estemos enredados en nuestra vida cosiendo hojas de higuera trabajando para cubrirnos, para aparentar, para no ser descubiertos, para no ser avergonzados, para no ser deshonrados. Vivimos de apariencia, de mentiras, de engaños, porque nos avergonzamos de quienes somos, eso significa “que el hombre se puso a coser hojas de higuera”. Porque ahora lo importante no es quiénes somos, lo que ahora importa es aquello con lo que nos cubrimos.

Cuando vivimos la reconciliación, conocemos el vestuario diseñado por Dios, aquel que no oculta quiénes somos, aquel que nos muestra tal y como Dios nos diseñó. Ese es el vestuario que debemos usar, reemplazando todo aquello que hemos construido a lo largo de nuestra vida para ocultar lo que nos avergüenza. La Palabra de Dios, en Colosenses 3:12, nos menciona algunas características de este vestuario que debemos siempre usar: escogidos, santos, amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia.

𝐎𝐑𝐄𝐌𝐎𝐒
"Amado Papito Dios, cuánta verdad hay en tu Palabra. Hay tantas cosas en mi vida que he construido para ocultar aquello que me avergüenza de mí mismo; temo que otros me vean como soy, temo que tú me veas como soy, porque no quiero ser señalado, rechazado. Hoy entiendo que lo que debe cubrir mi vergüenza es tu perdón, es la reconciliación contigo y conmigo mismo. Hoy sé que debo decidir vestirme adecuadamente, ir cambiando esos delantales de higuera que me he hecho y reemplazarlos con aquel vestuario que tú mismo me has provisto a través de tu Hijo Jesucristo. Sáname y límpiame, que tu misericordia sobre mí sobreabunde y supere todo aquello que temo que sea descubierto. Gracias por tu infinito amor."

08/01/2026

𝐒𝐄 𝐀𝐁𝐑𝐈𝐄𝐑𝐎𝐍 𝐍𝐔𝐄𝐒𝐓𝐑𝐎𝐒 𝐎𝐉𝐎𝐒

❞𝐄𝐧𝐭𝐨𝐧𝐜𝐞𝐬 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐨𝐧 𝐚𝐛𝐢𝐞𝐫𝐭𝐨𝐬 𝐥𝐨𝐬 𝐨𝐣𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐚𝐦𝐛𝐨𝐬, 𝐲 𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐢𝐞𝐫𝐨𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐛𝐚𝐧 𝐝𝐞𝐬𝐧𝐮𝐝𝐨𝐬; 𝐞𝐧𝐭𝐨𝐧𝐜𝐞𝐬 𝐜𝐨𝐬𝐢𝐞𝐫𝐨𝐧 𝐡𝐨𝐣𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐡𝐢𝐠𝐮𝐞𝐫𝐚, 𝐲 𝐬𝐞 𝐡𝐢𝐜𝐢𝐞𝐫𝐨𝐧 𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐚𝐥𝐞𝐬❞. (𝐆𝐞́𝐧𝐞𝐬𝐢𝐬 𝟑:𝟕)

La reconciliación tiene que ver con “el volver como eran las cosas al principio, desde antes de la caída del hombre”. Cuando leemos Génesis, específicamente el capítulo 3, nos encontramos con la descripción de una de las consecuencias de haber comido del fruto prohibido, “los ojos de ambos fueron abiertos”; ambos, por supuesto, refiriéndose a Adán y a Eva. Acto seguido, ambos deciden empezar a coser hojas de higuera, ¿por qué? Porque fueron abiertos los ojos de ambos, esto quiere decir que la conciencia del hombre se abre en lo concerniente al bien y al mal; se abren los ojos a la malicia. Ambos, no solo la mujer, tienen la responsabilidad de ello; ambos “conocieron que estaban desnudos”.

Cuando nuestros ojos se abren, se cierran los cielos, y nosotros necesitamos que los cielos permanezcan abiertos por medio de una oración ferviente. Pero como ya se rompe nuestra comunión con Dios, por lo tanto los cielos se cierran y se abren nuestros ojos.

Resaltemos lo que vemos en cuanto a la apertura de los ojos, tanto de Adán como de Eva. Ambos tienen responsabilidad pero aquí vemos que no son los ojos de Dios los que ahora guiarían la vida del hombre, sino que serían nuestros ojos. Ahora somos nosotros quienes decidimos qué es bueno y qué es malo, a eso se refiere el que se abran los ojos. Decidimos entonces qué nos conviene y qué no, ya el parámetro del bien y del mal depende de nosotros.

Hoy en día todo es relativo, algunas cosas son buenas para unos, pero para otros son malas y viceversa. A eso se hace referencia cuando se abren los ojos del hombre, entonces ya no son los ojos de Dios los que guían nuestra vida, ahora somos nosotros quienes decidimos, ahora Dios no es el que vela por nuestra vida y por nuestra casa. Ahora lo hacemos de manera autónoma, quedamos a nuestras expensas, y esto nunca trae buenas consecuencias.

𝐎𝐑𝐄𝐌𝐎𝐒
"Dios de los cielos, hoy vengo delante de ti aceptando que he sido yo quien ha decidido lo que está bien y lo que está mal en mi vida. Mis decisiones han estado basadas en el concepto que tengo del bien y del mal y en muchas ocasiones no he dejado que seas tú quien me guie y me enseñe. Hoy quiero cambiar eso, deseo y decido dejar que sea tu mirada la que me guíe, así como al principio la hacías con el hombre y la mujer, porque, Señor, ¿quién sabe más que tú? Pongo todos mis caminos en tu presencia y te ruego que me muestres cuál debo tomar, confió en ti porque sé que me amas y deseas lo mejor para mi vida. Gracias por seguir mostrando tu misericordia sobre mí."

07/01/2026

𝐓𝐀𝐋 𝐂𝐎𝐌𝐎 𝐒𝐎𝐌𝐎𝐒

❞𝐘 𝐜𝐫𝐞𝐨́ 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐚𝐥 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐚 𝐬𝐮 𝐢𝐦𝐚𝐠𝐞𝐧, 𝐚 𝐢𝐦𝐚𝐠𝐞𝐧 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐥𝐨 𝐜𝐫𝐞𝐨́; 𝐯𝐚𝐫𝐨́𝐧 𝐲 𝐡𝐞𝐦𝐛𝐫𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐫𝐞𝐨́❞. (𝐆𝐞́𝐧𝐞𝐬𝐢𝐬 𝟏:𝟐𝟕)

Pasajes complementarios: Génesis 1:26-27; 2 Corintios 3:18

Cuando Dios crea al hombre, lo hace expresando: “hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”. Luego lo crea efectivamente a su imagen y semejanza.

Cuando ponemos un espejo en frente, en él se proyecta nuestra imagen. No somos nosotros, pues nosotros estamos de este lado. El espejo refleja cualquier movimiento que hagamos, refleja la misma forma porque el espejo es nuestra imagen. Cristo es la imagen del Dios invisible, es decir, a Dios nadie le ha visto jamás. Cuando Dios se pone frente al espejo, cuando lo invisible se para frente al espejo, lo lógico es que la imagen sea invisible también, o sea, ninguna. Pero la palabra de Dios nos dice algo que es maravilloso y sobrenatural: “Cristo es la imagen del Dios invisible”; por lo tanto, cuando el Padre se pone frente al espejo, la imagen que se ve es la de Jesús.

Si nosotros, entonces, fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, debemos presentarnos frente a Él con una absoluta libertad, como lo dice Corintios 3:18, sin maquillaje, es decir, tal como somos, a imagen del Señor, o sea, tenemos que ser como Él. Cuando Dios creó al hombre, lo creó a imagen y semejanza suya, para gloria suya creó al hombre, y tenemos que reconciliarnos con ello.

Cuando pensamos en lo que somos y en cómo nos vemos quizás no nos guste, tal vez en algún momento se hayan cruzado por nuestra mente pensamientos de autorechazo e indiferencia. Sin embargo, cuando nos remitimos a la Palabra de Dios encontramos que podríamos ver en nosotros la imagen misma de Dios; es importante que nos reconciliemos con esa verdad.

Entonces nos reconciliamos con la imagen de Dios cuando entendemos que fuimos creados a su imagen y semejanza. No hay de qué avergonzarnos, no hay error, no hay defecto; Cristo, quien mora en nosotros y el Espíritu Santo, hacen una obra continua de transformación, llevándonos día a día a reflejar esa imagen maravillosa de Dios en nuestra vida. No debe haber en nosotros desanimo ni autocondenación; poco a poco Él irá transformando nuestra imagen como en un espejo, hasta que le reflejemos solo a Él.

𝐎𝐑𝐄𝐌𝐎𝐒
Amado Padre, gracias por haberme creado, sé que lo hiciste en un acto de profundo amor. Quizás he vivido mi vida juzgándome duramente, sin saber quién soy y mucho menos lo que debo ser, pero hoy veo a Cristo como molde, modelo y ejemplo de mi vida, porque Cristo es como el Padre al ser la imagen del Dios invisible. Sé que al seguirlo a Él iré creciendo conforme a su estatura y cada vez te reflejaré más a ti. Ayúdame a entender que es un proceso en el que me debo disponer a madurar y crecer espiritualmente, no debo quedarme estancado, sé que puedo crecer y reflejar tu gloria y poder. Ayúdame a prestar menos atención a mis defectos y debilidades y más a Cristo, quien me alienta y desafía a dejar que hagas tu obra en mí. Gracias por tu infinita misericordia y bondad."

05/01/2026

𝐋𝐀 𝐑𝐄𝐂𝐎𝐍𝐂𝐈𝐋𝐈𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍 𝐏𝐑𝐎𝐕𝐈𝐄𝐍𝐄 𝐃𝐄 𝐃𝐈𝐎𝐒

❞𝐘 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐨 𝐩𝐫𝐨𝐯𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬, 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐧𝐨𝐬 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐧𝐜𝐢𝐥𝐢𝐨́ 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐢𝐠𝐨 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨, 𝐲 𝐧𝐨𝐬 𝐝𝐢𝐨 𝐞𝐥 𝐦𝐢𝐧𝐢𝐬𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐧𝐜𝐢𝐥𝐢𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧❞. (𝟐 𝐂𝐨𝐫𝐢𝐧𝐭𝐢𝐨𝐬 𝟓:𝟏𝟖)

Pasaje complementario : 2 Corintios 5:14-20

Imaginemos que vivimos en un edificio, y que, debido a una situación extrema, como por ejemplo el confinamiento por la pandemia ocasionada por el COVID-19, no contamos con los recursos para pagar el alquiler o la cuota hipotecaria; esto, por supuesto, puede ocasionarnos una gran preocupación. Imaginémonos, además, que nuestra situación es experimentada por la mayoría de los ocupantes de dicho edificio, así pues, la angustia por la posibilidad de perder nuestra casa es generalizada.

Un día, alguien que no vive en el edificio viene y paga toda la deuda que usted tiene, la renta o la hipoteca; además, paga los servicios públicos y los gastos por administración del edificio, no solo lo suyo sino lo de todos los habitantes de dicho lugar. Esto es a lo que se refiere la Biblia cuando dice: “...que si uno murió por todos, luego todos murieron...”. Es decir, que si uno pagó la deuda, entonces todos ya están libres de esta. Si alguien de afuera viene y paga la deuda es como si usted la hubiera pagado. A usted le expiden un certificado que dice que está a paz y salvo con su alquiler o en sus servicios públicos de agua, luz, alcantarillado, en fin, todo lo que esto requiere. Usted está a paz y salvo con su administración, eso es lo que quiere decir y eso es lo que hizo Cristo.

Habiendo pagado nuestra deuda, Cristo quiere entrar a nuestra casa, a nuestro edificio, para que ya no vivamos para nosotros mismos sino para Él. Sin embargo, nuestra respuesta es una negativa rotunda a su ingreso. A veces ni le damos las gracias; una vez saldada la deuda no queremos tener nada que ver con Él.

La Palabra de Dios nos muestra que, gracias a la obra de Cristo, a que Él pagó todas nuestras deudas, somos reconciliados con Dios, Él es “quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo”, y es por Él por quien podemos disfrutar de ese amor que nos constriñe y nos llena de plenitud. Esa es la única vía que tenemos, vivir para el que murió por nosotros.

No debo morir por Él, sino vivir para Él. Mucha gente dice que está dispuesta a morir por Cristo, pero Dios no quiere que muramos por él porque Él ya murió. Lo que Dios quiere es que usted viva para aquel que murió (quien también resucitó). Vivamos para Él. Nuestra familia, nuestros hijos, no quieren que muramos por ellos; ellos lo que quieren es que vivamos para ellos. Eso es lo que Dios quiere, de eso se trata la reconciliación, la reconciliación viene de Cristo.

𝐎𝐑𝐄𝐌𝐎𝐒
“Ahora Señor mi Dios, te doy gracias porque tú pagaste toda deuda por mí, porque tú enviaste a tu hijo Jesucristo para pagar todo por mí. Señor, perdóname porque te he rechazado y te he desechado. Hoy te pido que entres a mi vida y a mi corazón. Desde hoy quiero empezar a vivir por aquél que murió por mí: por ti, Señor Jesús. Tú no quieres que yo muera por ti, tú lo que quieres es que yo viva para ti, que yo viva para mi familia, que yo viva también para servir a otros, que yo viva haciendo tu voluntad. Gracias, señor, porque tú me has permitido volver a ti. Tú eres el autor de la reconciliación, Jesús, de ti viene todo bien, de ti viene toda reconciliación. Tómame y constríñeme con tu amor, dispongo mi corazón y no me niego a ti. Llénanos de tu amor, protégeme a mí y a mi familia, bendícenos siempre con tu presencia."

04/01/2026

𝐁𝐄𝐍𝐃𝐄𝐂𝐈𝐃𝐎𝐒 𝐂𝐎𝐌𝐎 𝐀𝐋 𝐏𝐑𝐈𝐍𝐂𝐈𝐏𝐈𝐎

❞𝐘 𝐥𝐨𝐬 𝐛𝐞𝐧𝐝𝐢𝐣𝐨 𝐃𝐢𝐨𝐬, 𝐲 𝐥𝐞𝐬 𝐝𝐢𝐣𝐨: 𝐅𝐫𝐮𝐜𝐭𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚𝐝 𝐲 𝐦𝐮𝐥𝐭𝐢𝐩𝐥𝐢𝐜𝐚𝐨𝐬; 𝐥𝐥𝐞𝐧𝐚𝐝 𝐥𝐚 𝐭𝐢𝐞𝐫𝐫𝐚, 𝐲 𝐬𝐨𝐣𝐮𝐳𝐠𝐚𝐝𝐥𝐚, 𝐲 𝐬𝐞𝐧̃𝐨𝐫𝐞𝐚𝐝 𝐞𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐩𝐞𝐜𝐞𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐦𝐚𝐫, 𝐞𝐧 𝐥𝐚𝐬 𝐚𝐯𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐢𝐞𝐥𝐨𝐬, 𝐲 𝐞𝐧 𝐭𝐨𝐝𝐚𝐬 𝐥𝐚𝐬 𝐛𝐞𝐬𝐭𝐢𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐦𝐮𝐞𝐯𝐞𝐧 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐥𝐚 𝐭𝐢𝐞𝐫𝐫𝐚❞. (𝐆𝐞́𝐧𝐞𝐬𝐢𝐬 𝟏:𝟐𝟖)

Pasaje complementario: Lamentaciones 5:21

En el principio, no solamente la relación de Dios con el hombre era fluida y cercana, sino que también, era fuente de todo tipo de bendición. Cuando el hombre le dio la espalda a Dios y entró en enemistad con él, tanto la relación como la bendición fueron desechadas. Ese nunca fue el plan de Dios; sin embargo, toda decisión tiene sus consecuencias.

Rara vez nos detenemos a pensar lo que perdemos por una enemistad; estamos tan centrados en nuestro dolor y enojo que no nos damos cuenta de todo lo que perdemos. Cuando se da la oportunidad de reconciliarnos ya habremos olvidado, quizás, lo que podemos recuperar si la reconciliación es genuina y basada en el amor.

Cuando nuestra relación con Dios vuelve “como al principio”, Dios también nos bendice como al principio. Ahora podemos ser bendecidos como al principio también.

Génesis nos muestra el contenido de la bendición dada por Dios antes de la enemistad generada por el hombre; la misma que por la presencia de Cristo en nuestras vidas nos ha sido restaurada. Es una bendición de abundancia, de autoridad y de mayordomía; una que da sentido a nuestra vida y que nos da una conciencia de utilidad e identidad. La bendición del principio es restituida por la reconciliación que hemos aceptado por medio de la obra de Cristo en la cruz. Básicamente, lo que debemos hacer para disfrutarla es apropiarnos de ella y esto es sin duda un regalo maravilloso.

𝐎𝐑𝐄𝐌𝐎𝐒
"Amado Dios y padre, en este día me acerco a ti, consciente de lo amado que soy. No solo has sido tú quien has dado el primer paso para que nos reconciliáramos, sino que además, has restaurado nuestra relación como al principio. Hoy entiendo que tu deseo para mi vida es de bendición; una bendición en abundancia. Hoy decido apropiarme de ella, vivir como heredero de ella, pues no hay nada que me lo impida. Gracias por tu incondicionalidad, por tu presencia y porque siempre que te busco, te hallo. Por favor, hazme objeto de tu misericordia, extiéndela sobre mí y mi familia y ayúdame cada día a madurar en mi relación contigo. Permíteme permanecer en tu presencia."

03/01/2026

𝐕𝐎𝐋𝐕𝐄𝐑𝐍𝐎𝐒 𝐀 𝐃𝐈𝐎𝐒

❞𝐂𝐥𝐚𝐦𝐚 𝐚 𝐦𝐢́, 𝐲 𝐲𝐨 𝐭𝐞 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐝𝐞𝐫𝐞́, 𝐲 𝐭𝐞 𝐞𝐧𝐬𝐞𝐧̃𝐚𝐫𝐞́ 𝐜𝐨𝐬𝐚𝐬 𝐠𝐫𝐚𝐧𝐝𝐞𝐬 𝐲 𝐨𝐜𝐮𝐥𝐭𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐮́ 𝐧𝐨 𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐞𝐬❞. (𝐉𝐞𝐫𝐞𝐦𝐢́𝐚𝐬 𝟑𝟑:𝟑)

Pasajes complementarios: Hebreos 4:12

Solo quien ha experimentado angustia y desesperanza puede entender lo importante que es, no solamente poder acercarse a Dios y hablarle, sino oír su respuesta con claridad. Reconciliarnos con Dios y volver como al principio, implica restaurar nuestra comunión con Él, pero, además, poder oír directamente su voz en respuesta a nuestro clamor.

Cuando nos volvemos a Él, habiendo aceptado a Cristo en nuestras vidas, Dios nos habla directamente, lo hace por medio de su Palabra, así es como Dios nos habla, por eso esta es la Palabra de Dios, palabra viva, eficaz, más cortante que espada de dos filos. La Palabra Dios es vida para nosotros, es vigente hoy como lo será mañana y siempre; no hay, por lo tanto, un mejor medio para escuchar a Dios y recibir su respuesta y dirección.

La reconciliación es un camino que debe ser transitado, es un continuo renovar de nuestra voluntad al disponernos a entablar una relación fluida con aquel quien es la fuente de conocimiento y vida, nuestro Padre Dios. La reconciliación no es una expresión de ausencia, de discordia, cuando no hay comunicación; la reconciliación demanda una dinámica en la que ambas partes se acercan y entablan una conversación. Dios ha dado el primer paso y nosotros hemos aceptado su intención, ya no hay nada que nos tenga en enemistad, pero ¿estamos poniendo de nuestra parte para que todo vuelva como al principio? ¿Nos estamos acercando a hablarle y estamos atentos a escucharle?

𝐎𝐑𝐄𝐌𝐎𝐒
"Padre Dios, en este momento me acerco a ti sabiendo que soy recibido con amor y generosidad. Perdóname si mi actuar ha sido distante y si he ignorado tu voz para mi vida; ayúdame, por medio de tu Santo Espíritu, a disfrutar de la nueva relación que nos une, una relación de paternidad, en amor y en bendición. Quiero acercarme a ti cada día, amando tu Palabra, viéndola como la herramienta que tú usas para responderme y para guiar mi vida; anhelo hacerla parte de mí, que sea ella la luz que alumbre mi camino. Quiero pedir tu misericordia una vez más, para mi y mi familia, y que nos permitas disfrutar de tu bien todos los días de nuestras vidas."

02/01/2026

𝐂𝐎𝐌𝐎 𝐀𝐋 𝐏𝐑𝐈𝐍𝐂𝐈𝐏𝐈𝐎

❞𝐓𝐨𝐦𝐨́, 𝐩𝐮𝐞𝐬, 𝐉𝐞𝐡𝐨𝐯𝐚́ 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐚𝐥 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞, 𝐲 𝐥𝐨 𝐩𝐮𝐬𝐨 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐡𝐮𝐞𝐫𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐄𝐝𝐞́𝐧, 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨 𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚𝐫𝐚 𝐲 𝐥𝐨 𝐠𝐮𝐚𝐫𝐝𝐚𝐬𝐞❞. (𝐆𝐞́𝐧𝐞𝐬𝐢𝐬 𝟐:𝟏𝟓)

Pasaje complementario: Génesis 2:15-23

Experimentar la reconciliación es evidente cuando podemos volver a relacionarnos “como al principio”, es decir, como antes de que ocurriera el hecho generador de enemistad.

En Lamentaciones 5:21, la parte final nos enfatiza en que Él “...renueva nuestros días como al principio”, pero ¿al principio que sucedía? Recordemos que, en los dos primeros capítulos del Génesis, Dios hablaba directamente con el hombre, y el hombre hablaba con Dios. Entonces el cómo de la reconciliación es renovando todo nuestro ser de tal manera que podamos nuevamente hablar con Dios y él con nosotros como al principio. ¿Es posible volver a ese momento donde Dios hable directamente con el hombre? Por supuesto que sí.

Cuando leemos con detenimiento el Génesis, podemos identificar que al principio el hombre y la mujer tenían comunión directa con Dios, había un acceso permanente e ilimitado a Él. En el principio, cuando Dios tenía algo que tratar con Adán y con Eva, iba directamente a ellos y cuando ellos querían hablar con Él podían hacerlo con libertad.

Cuando, aceptando el amor de Dios, decidimos recibir a Cristo en nuestras vidas, o sea, nos volvemos a Él, podemos volver a tener comunión con Dios como al principio, esto lo podemos tener por medio de la oración. En Cristo Jesús tenemos acceso a nuestro Padre, tenemos acceso a Dios, podemos orar a nuestro Padre, podemos hablar con nuestro Señor permanentemente, como al principio.

Lo único que en este momento es necesario hacer, es acercarnos libremente a su presencia, abrir nuestro corazón y nuestra boca e iniciar un diálogo genuino y espontáneo con Él como nuestro Padre; eso hace parte de la reconciliación.

𝐎𝐑𝐄𝐌𝐎𝐒
"Amado Dios y Padre, hoy entiendo que la reconciliación implica restauración; la restauración de una relación que fue dañada por una mala decisión. La consecuencia de haberte dado la espalda y de vivir alejado de ti es la dificultad de volver a entablar una comunión contigo como al principio. Por eso hoy me dispongo para responder a tu amor, acercándome libremente a ti, disponiéndome para hablarte con libertad, sabiendo que no dejarás de oírme. Cada vez que me sienta inadecuado al buscarte, recuérdame por tu Santo Espíritu que soy libre para llegar a ti. Gracias por este día, por tu misericordia y bondad sobre mi vida y la de mi familia."

01/01/2026

𝐄𝐋 𝐐𝐔𝐄́ 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐑𝐄𝐂𝐎𝐍𝐂𝐈𝐋𝐈𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍

❞𝐕𝐮𝐞́𝐥𝐯𝐞𝐧𝐨𝐬, 𝐨𝐡 𝐉𝐞𝐡𝐨𝐯𝐚́, 𝐚 𝐭𝐢, 𝐲 𝐧𝐨𝐬 𝐯𝐨𝐥𝐯𝐞𝐫𝐞𝐦𝐨𝐬; 𝐑𝐞𝐧𝐮𝐞𝐯𝐚 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐢́𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐚𝐥 𝐩𝐫𝐢𝐧𝐜𝐢𝐩𝐢𝐨.❞ (𝐋𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝟓:𝟐𝟏)

Pasajes complementarios: 2 Corintios 5:18; 2 Corintios 5:13-14

En muchas oportunidades podemos encontrarnos con la idea de la reconciliación como algo que no tiene cabida en nuestras vidas, ¿tanto dolor, tanto engaño y tanta injusticia para hacer como si nada hubiera pasado? La Biblia nos dice que la reconciliación es un camino que debe ser recorrido por todos aquellos que hemos creído y amamos a Dios. Por lo tanto, el primer paso de ese camino está relacionado directamente con nosotros y Dios, pues no es posible trascender a nuestro entorno, a menos que empecemos por nosotros mismos.

El ser humano, a pesar de haber sido creado por Dios como la más grande expresión de amor, se encuentra en enemistad permanente con Él. Es debido a este estado que no podemos, aunque lo deseemos, disfrutar de la vida plena y abundante que Dios nos ha prometido.

Cuando leemos el libro de Lamentaciones nos encontramos con la definición de la reconciliación. El primer paso consiste en que Dios nos hace volver a Él, esto evidencia que Dios tiene un deseo continuo de que nos reconciliemos con Él; busca activamente que nos volvamos a Él y como evidencia de ello, envía a su hijo Cristo, como prueba irrefutable de esa intención.

En segundo lugar, y como respuesta a ese acto de amor, a ese primer paso que Él mismo da, nosotros nos volvemos a Él. Esto, por supuesto, es un acto voluntario y personal. Dios ofrece a su hijo Cristo y nosotros le aceptamos, y en Él, aceptamos el amor que nos ofrece. La reconciliación entonces empieza, se enmarca y termina en el amor; en un amor que no constriñe, que nos lleva a entregarnos a Él genuinamente.
Y en tercer lugar, y fruto de los dos anteriores, Él renueva todo nuestro ser. Esto tiene que ver con el nuevo nacimiento, por eso dice: “Renueva nuestros días como al principio”.

Entonces, Dios nos hace volver a Él a través de Cristo. Nosotros tomamos la decisión de volver a Él y en ese momento nuestra vida es un renuevo. Ocurre el nuevo nacimiento y con él, la nueva relación de padre a hijos; es la reconciliación que reconstruye nuestra imagen de paternidad, la cual nos llevará a experimentar la plenitud y realización de nuestras vidas.

En la reconciliación no hay reproches, no hay memoria del pasado, no hay culpables y víctimas; en la reconciliación hay amor, hay una decisión de aceptar ese amor y hay una consecuencia. Todo vuelve a ser como al principio.

𝐎𝐑𝐄𝐌𝐎𝐒
"Amado Padre celestial, hoy quiero reconocer que tú has insistido en que yo me vuelva a ti; me has dado la prueba más grande de tu amor, no has escatimado nada para que yo sepa que me amas y que quieres ser mi Padre. Hoy quiero aceptar el amor que me das en Cristo, voluntariamente abro mis brazos y mi corazón a Él y me dejo envolver por tu amor; ayúdame a hacerlo cada día, quiero diariamente recordar que en ti no hay juicio ni señalamiento por mis errores y mi pasado, en ti solo hay amor. Me dispongo a que ese amor me cambie, me dispongo a que ese amor me renueve, me dispongo a conocerte y relacionarme contigo como al principio, como en la creación. Gracias Padre por lo que has hecho."

Dirección

Calle 45 100/36
Medellín
57

Teléfono

3007734480

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Pintando Amaneceres publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir

Share on Facebook Share on Twitter Share on LinkedIn
Share on Pinterest Share on Reddit Share via Email
Share on WhatsApp Share on Instagram Share on Telegram