18/05/2026
Mi último entreno de atletismo corrí 12km después de montar bicicleta y recordé algo que me enseñó el triatlón para la vida, algo que les voy a contar o o confesar:
Iba yo trotando alguna vez, salí fresco de la casa, sintiéndome imparable. A lo lejos vi a un grupo de personas. Se veían muy bien vestidos, con equipo de marca, super en forma, pero corrían a un ritmo mucho más lento que el mío.
Al pasarlos como si nada, un pensamiento arrogante cruzó mi mente: “Son solo aficionados alardeando de ‘pinta’, puro estilo y nada de nivel”. Me sentí superior por unos segundos.
Pero metros más adelante, me enteré de la realidad. Ellos no estaban “solo trotando”. Esas personas ya habían nadado 1.5 kilómetros y montado en bicicleta por más de dos horas. Se acababan de bajar de la bici para empezar su media maratón. Estaban agotados, sus piernas ya pesaban toneladas.
Yo estaba fresco. Ellos estaban en la fase más dura de una batalla que yo no podía ver.
Ese día aprendí que siempre juzgamos el ritmo de los demás sin saber cuánto llevan vivido en sus piernas. Vemos el momento actual, pero no el cansancio acumulado, las batallas ganadas o las cicatrices que traen. Esto aplica en el deporte, y aplica —aún más— en la vida.