02/11/2022
UN CUENTO ZEN
"Un discípulo Zen estaba sentado en su tiempo libre, disfrutando de sus alimentos. El maestro decidió acompañarlo para almorzar con él. El discípulo cuando masticaba lentamente su rico aperitivo le hizo una pregunta significativa al maestro.
-Maestro, dicen que el Ego es el In****no y el Ser es el Cielo, pero, ¿Dónde están exactamente?
De inmediato un perro hambriento se acercó al discípulo, pidiendo con una intensa mirada un poco de comida que el tenía. El discípulo dudo seriamente en darle al perro. Y terminó por rechazarlo. El maestro presenciando el acto, dijo:
-Ahí está el ego en cuanto lo dudaste, y ahí está el in****no en cuanto lo rechazaste sin más.
Pasaron los años, el asunto había sido olvidado. El discípulo tenía su tiempo libre nuevamente para almorzar. Mientras estaba disfrutando de sus deliciosos alimentos, paso una niña mendiga caminando por el monasterio y ella sin pedir absolutamente Nada, el discípulo se paro, se acercó a la niña y le dio todos sus alimentos sin dudarlo. El maestro presenció nuevamente el acto. Se acercó y dijo:
-Ahí está el Ser en cuanto la Viste, y sin dudarlo le diste tus alimentos y ahí está el Cielo en cuanto viste que ella sin pedir Nada, le ofreciste Todo.
El hombre entendió que todo era simbólico. Entendió que el ego buscó la separación alimentando su propio cuerpo. Y el Ser buscó la Unión alimentando todos sus cuerpos. El in****no le dijo: "Yo soy algo diferente de aquel Perro". El Cielo le dijo: "Yo soy esa niña, al igual que Todo."
~Cuento Zen