10/03/2026
Entender las heridas de la infancia es como ponerse unas gafas nuevas para mirar nuestro comportamiento actual. Según la propuesta de Lise Bourbeau, estas "heridas" son traumas emocionales que vivimos de niños y que, para protegernos, nos obligan a construir una "máscara" o personalidad defensiva.
Aquí tienes una breve introducción a cada una:
1. El Rechazo
Es la herida más profunda porque afecta nuestro derecho a existir. Se siente como un desprecio hacia nuestro ser interno, no solo hacia nuestras acciones.
Origen: Sentir que un progenitor no deseaba nuestro nacimiento o nos repudiaba.
La Máscara: El Huidizo. La persona tiende a retraerse, a sentirse invisible o a huir de situaciones sociales por miedo a ser despreciado de nuevo.
2. El Abandono
A diferencia del rechazo (donde no te quieren), aquí el sentimiento es que no pueden o no quieren cuidar de ti. Se enfoca en la falta de apoyo o compañía.
Origen: Falta de atención afectiva, padres ausentes físicamente o emocionalmente distantes.
La Máscara: El Dependiente. Se busca constantemente la aprobación y el apoyo de los demás, con un miedo atroz a la soledad.
3. La Humillación
Esta herida se activa cuando sentimos que otros nos avergüenzan, nos critican o nos ridiculizan, afectando nuestra autoestima y libertad.
Origen: Críticas constantes sobre el aspecto físico o el comportamiento, a menudo vinculadas a la higiene o el "qué dirán".
La Máscara: El Masoquista. La persona suele ocuparse de los problemas de todos los demás antes que de los suyos, sintiéndose indigna de placer o descanso.
4. La Traición
Surge cuando el niño se siente engañado por sus padres o cuando las promesas no se cumplen, rompiendo la confianza básica.
Origen: Progenitores que no cumplen su palabra o que manipulan emocionalmente al niño.
La Máscara: El Controlador. Se desarrolla una personalidad fuerte que necesita tener el mando de todo para asegurar que nadie vuelva a engañarle.
5. La Injusticia
Se vive cuando el entorno es frío, rígido o autoritario, y no se valoran los sentimientos del niño, sino solo su rendimiento.
Origen: Padres muy exigentes o distantes que imponen reglas estrictas sin flexibilidad.
La Máscara: El Rígido. La persona se vuelve perfeccionista, autoexigente y tiene dificultades para conectar con sus propias emociones o mostrar vulnerabilidad.
Nota importante: Todos solemos tener un par de estas heridas más marcadas que las otras. Identificarlas no es para culpar al pasado, sino para entender por qué reaccionamos como lo hacemos hoy.