22/03/2026
Salud emocional (1881)
La guerra es masculina?
“Las mujeres tienen presente que ante todo, la guerra es un asesinato”. (Svetlana Alexiévich).
“Los hombres han hecho de los cuerpos de las mujeres campos de guerra desde siempre”. (Williams, Jody)
Durante los primeros cinco años del siglo veintiuno se libraban en el mundo casi noventa guerras. Más de un billón de dólares (sí, un millón de millones) era dedicado a ese rubro. Con la misma cifra se podrían garantizar servicios básicos a toda la población mundial. Los combatientes en esas guerras son, en más de un noventa y cinco por ciento, hombres; los que las deciden, también, y llevan apellidos como Trump, Bunkele, Putin, Netayanhu, Ayatollah y otros menos divulgados. En esos conflictos combatían alrededor de trescientos mil niños (varones). Entre la población civil la mayoría de víctimas incluía a mujeres y niños, obviamente no en los frentes de batalla, poblados casi exclusivamente por millones de varones.
En la Argentina (cifras oficiales de la provincia de Buenos Aires), el setenta por ciento de las mujeres que mueren violentamente lo son a manos de hombres conocidos de ellas. Algo similar ocurre en Perú (datos de Pacific Institute for Women's Health). En Uruguay (según el diario La República de Montevideo), cada cinco días una mujer muere por violencia doméstica. En Chile (diario La Cuarta de Santiago) el promedio es de cincuenta y ocho por año. De acuerdo con datos de la ONG Iansa (International Action Network on Small Arms), entidad que propugna desarmar a la sociedad civil, treinta y tres por ciento de las mujeres que mueren en Francia son asesinadas a tiros por sus parejas; un porcentaje que llega al sesenta y seis por ciento en Estados Unidos. Mientras, en Sudáfrica cada seis horas una mujer es asesinada a balazos por su pareja actual o anterior. De acuerdo con cifras del Parlamento Europeo, en Guatemala mil doscientas mujeres mueren por año a manos de hombres, y en México, trescientas cincuenta. En España (diario El País de Madrid) llegaban a la veintena en solo tres meses.
La diputada holandesa de origen somalí Ayaan Hirsi Ali (autora del libro Yo acuso) pronunció hace unos años, en el Día Internacional de la Mujer, un discurso en Alemania en el que citó estas cifras de un informe publicado por el Centro para el Control Democrático de las Fuerzas Armadas: en todo el mundo, entre ciento trece y doscientos millones de mujeres están demográficamente desaparecidas. Entre millón y medio y tres millones de ellas (adultas y niñas) pierden la vida cada año víctimas de la violencia o el abandono debido a su s**o. En numerosas regiones del planeta los alimentos y la asistencia médica se destinan en primer lugar a los varones (padres, maridos, hijos).
Parece ocioso seguir. Podemos recorrer el mundo y sus continentes y veremos la repetición de un fenómeno que, ‘democráticamente’, se extiende a todas las capas sociales, los sistemas políticos, los niveles de desarrollo. (Investigación del diario La Nación de Buenos Aires).
El maravilloso libro de la premio Nobel de literatura 2015, Svetlana Alexiévich, La guerra no tiene rostro de mujer, es la confirmación del dolor femenino frente a la hostilidad y los efectos de una cultura competitiva, radical y discriminatoria que tiene su punto culminante en la guerra, en la necesidad de ganar, controlar, dominar. Svetlana dice:
No conocimos el mundo sin guerra […] No nos imaginamos cómo es vivir de otro modo y nos llevará mucho tiempo aprenderlo. […] Todo lo que sabemos de la guerra lo sabemos por la voz masculina”. (Reyes, Yolanda, “La guerra en la voz de las mujeres”).
La película Oscuro animal, del director Felipe Guerrero, ganadora de múltiples premios, es
[…] un homenaje a los casi cuatro millones de mujeres que han sido afectadas y reconocidas como víctimas en el conflicto armado en Colombia; de esta cifra, más de tres millones han sido desplazadas, el resto hace parte de la lista de las desaparecidas, las asesinadas, las torturadas, las violadas. Abuelas, madres, niñas, adolescentes hacen parte de esa penosa estadística.
La guerra como espacio para definir quién es más fuerte, más capaz, quién domina a quién. La guerra es excluyente y atropelladora. La experiencia de la historia humana ha probado que ninguna guerra lleva a la paz. Por el contrario, una guerra ‘finalizada’ termina siendo una guerra empezada porque las heridas perviven en las próximas generaciones hasta el nunca jamás.
Las falsas ideas no pueden eliminarse con un rifle. […] Cuanto más luchamos contra el terror, más terroristas creamos. […] Usar la violencia para eliminar la violencia no conduce a una paz duradera. (Thich Nhat Hanh. Aplacar el miedo, pp. 94-95).