03/02/2026
Dedicado a quienes han amado… y perdido a un animal.
Hay un instante sagrado en el que el alma de un animal se despide.
No hay palabras. Solo una mirada serena, un suspiro profundo…
y el vuelo suave de un espíritu que se eleva.
A veces ocurre en casa, en una clínica, en brazos…
a veces rodeado de su familia.
Pero siempre deja un silencio que duele.
Porque aunque el cuerpo se apague,
el amor no se va.
Se queda en nosotros.
Quienes hemos dicho adiós a una mascota
sabemos que algo se rompe por dentro.
Y sí… una parte de nosotros se va con ellos.
Llorar está bien. Extrañar también.
Aunque muchos no lo comprendan.
Porque el dolor es el precio de haber amado sin medida.
Y un día, sin aviso, ese dolor se transforma…
en gratitud, en ternura, en recuerdos que abrigan.
Y entendemos:
nunca se fueron del todo.
Siempre estarán con nosotros.