14/02/2026
*ENVIDIA*
*-el sentimiento que más nos avergüenza-*
Para mis apreciados lectores. Reflexión Psiquiátrica No. 99
No es que odies al otro.
Es que te duele lo que te falta.
Un paciente me dijo:
“Doctor, cuando veo parejas felices me siento mal, incluso ganas de desaparecer”.
No los odiaba.
No los juzgaba.
Solo sufría.
La envidia no grita.
Arde en silencio.
El bebé necesita leche.
Necesita caricias.
Necesita palabras, miradas, sonrisas.
Pero no las produce.
Depende absolutamente de otro que sí lo tiene todo.
Ese otro alimenta… y por eso mismo es envidiado.
No porque sea malo, sino porque posee lo que yo necesito para vivir.
Si esa provisión falta, o es irregular, aparece la frustración.
Y si la frustración se prolonga, surge la rabia.
Cuando el niño no puede descargar esa rabia afuera, la vuelve contra sí mismo.
Más tarde eso puede aparecer como dolores corporales, defensas bajas, gastritis, cansancio crónico.
El cuerpo habla cuando la rabia no encuentra salida.
Esto ocurre incluso en psicoterapia.
Al inicio, el paciente admira al terapeuta.
Con el tiempo, esa admiración despierta viejas heridas: la envidia hacia padres, hermanos, figuras tempranas.
Lo que era gratitud se convierte en reproche:
“Usted no me ayuda suficiente”,
“no me da el tiempo que necesito”,
“no es tan bueno como creí”.
La envidia dificulta agradecer.
La envidia es propia de una etapa narcisista:
“todo es para mí o contra mí”.
La gratitud aparece cuando maduramos:
cuando entendemos que cada quien tiene un don
y que la vida se construye compartiendo, no compitiendo.
Entre más envidia, más narcisismo.
Entre más narcisismo, menos gratitud.
Y donde no hay gratitud, no hay diálogo:
hay guerra de poder.
La hermandad entre los humanos surge cuando dejamos de ver al otro como una madre omnipotente que nos debe todo.
Cuando dejamos de odiar al mundo por no darnos lo que creemos merecer.
Cuando reconocemos lo que sí recibimos… y lo usamos para crecer.
Ahí la envidia se transforma.
Ya no destruye.
Se convierte en impulso, elogio, cooperación.
La infancia exige.
La madurez agradece.
Y entonces, por primera vez,
no necesitamos quitarle nada a nadie para sentirnos completos.
Dr. Lucio David González.
Psiquiatra – Psicoterapeuta
Tels. (+57) 3155706594 - 3183244386