David González. Psiquiatra

David González. Psiquiatra tratamientos psiquiátricos, psicoterapia y psicoanálisis

14/03/2026

Cómo nace el amor a los demás. Narcisismo-Codicia

*NARCISISMO Y PODER**-La Codicia-`*Para mis apreciados lectores. Reflexión Psiquiátrica No.106.          Los dioses le c...
07/03/2026

*NARCISISMO Y PODER*
*-La Codicia-`*

Para mis apreciados lectores. Reflexión Psiquiátrica No.106.

Los dioses le concedieron al Rey Midas el don de que todo lo que tocara se convertiría en oro. Murió de hambre, pues hasta la comida que tocaba se convertía en oro. El cielo se le volvió in****no.

El bebé también recibe el don de que a “cada grito” se lo satisface con leche, caricias, , calorcito etc. Si se lo sobreprotege le pasará lo del rey midas. Menos mal que aparecerán las frustraciones gracias a las inevitables ausencias o carencias de los adultos.

El padre o los adultos son rivales por esas caricias de la madre del niño, por ese consentimiento. Al infante no le queda otra que esperar su turno en la compartición, y esto lo llenará de celos, envidias y rabias.

El paso, de la exigencia del placer total a la fase donde se debe esperar, se llama el tránsito del narcisismo a la relación con los otros. Si bien el padre genera celos, este mismo padre es el gestor del paso al amor al otro. Surge cuando le coge la mano a su niño y lo lleva a conocer el mundo; no mi mundo. Esa mano lo saca de las faldas de la madre para instaurarlo como varón o como mujer, libre de celos, libre de envidias, pues el mundo es su nuevo regalo donde descubrirá dones superiores a los de su padres; descubrirá el universo poseedor de todo lo que busca a través de su esfuerzo.

Esa mano es fundadora de la socialización, y su ausencia hará perdurar el narcisismo hasta la adultez, perpetuando las ansias de poder.
Este aparente detalle -una mano que acoge y muestra el mundo- es el que nos forjará como hombres de bien o de mal. Nos volveremos sociables o dictadores.

Este difícil paso, del goce total hacia le tolerancia y aceptación de que el otro también necesita amor, nos generará rabias, envidias y rencores

Estos sentimientos tendrán su cauce y serán plasmados en el arte, en la literatura, en la competencia o en la expresión bruta de la guerra. Optaremos por el goze en las películas de terror, las pinturas de desastres y el gusto por las narraciones espeluznantes. Otros, a falta de opciones culturales, entrarán en la expresión cruda de la emoción como la agresión burda o la guerra criminal.

Las sociedades demasiado ocupadas para criar hijos, donde el arte es considerado materia de segunda clase , estimularan las necesidad de poder a lo Midas. Son sociedades infantiles, narcisistas, ególatras. En ellas, el paso del narcisismo a la relación con los otros ha fracasado, y tendrán máscaras de bondad pero con el puñal escondido en la espalda

La maldad se aprecia en su máxima intensidad cuando se trata de adquirir poder, pues el poder revive la omnipotencia infantil y lleva a mirar a los demás como súbditos. Son personas o sociedades que desean devorar todo alimento que existe. Todo lo ven como un gran seno lleno de leche materna. El poderoso es un bebé y la tierra es su madre, con sus fieles servidores.

El resultado es matar, mentir, acusar a inocentes, construir falsedades para derribar al adversario. No se da una lucha en franca lid.

Si bien Platón proponía métodos que dieran ética al debate en la política, descubría a su vez, que las ansias de poder llevaban al derrumbe de la moral.

Somos testigos de este derrumbe en el bullying en los colegios, en el bullying en las empresas, y cuando países poderosos matan sin permiso, violan acuerdos internacionales, y amparan a gobernantes inhumanos.

Estos personajes, dignos representantes del rey Midas, observarán que su propio oro se convierte, con el tiempo, en su destrucción. Midas toco a su hija y ella se convirtió en oro

Dr. Lucio David González
Psiquiatra. Psicoterapeuta
Tels.: (+57) 3155706594 - 3183244386

03/03/2026
*ERES MAS QUE UNO* *-aunque lo niegues-*Para mis apreciados lectores. Reflexión Psiquiátrica No. 105.“Doctor, a cada mom...
28/02/2026

*ERES MAS QUE UNO*
*-aunque lo niegues-*

Para mis apreciados lectores. Reflexión Psiquiátrica No. 105.

“Doctor, a cada momento se me viene la idea de que mi hijo será aplastado por un carro”.
Otro paciente confiesa: “Cada vez que paso frente a una iglesia insulto a Cristo y luego me siento malo”.
Y otro más: “Siempre compro cosas innecesarias; si no lo hago, me invade una angustia insoportable”.

Todos tenemos pensamientos que nos avergüenzan. Ideas absurdas, imágenes violentas, impulsos que preferimos callar. No te hacen malo. Te hacen humano.

Nacemos desnudos de palabras. Luego, cada palabra que pronuncian nuestros padres se va grabando en nuestra piel psíquica como un tatuaje imborrable. Así nos convertimos en sujetos del lenguaje. Somos el lenguaje del Otro: de nuestros padres, de la cultura, de la época.

Esa superposición de colores va transformando nuestro paisaje interno hasta que la imagen original parece desaparecer. Pero no desaparece. El tatuaje infantil sigue allí, conviviendo con los nuevos discursos y paisajes, generando una simbiosis transformadora que da origen al sí mismo.
Por eso es necesario abrir el baúl de lo reprimido —con lágrimas o con risas— para reinterpretar lo vivido, romper los conceptos culturales retrógrados que lo fijan, e integrarlo a nuestro ser. No podemos negar lo que somos.

Los traumas y los goces del pasado se convierten, con el tiempo, en madurez. Lo sufrido cambia de nombre y se llama experiencia. Y, a veces, vuelve a asomarse una sonrisa en los labios.

Desde luego, somos legión. Y esa legión que nos habita puede generarnos ansiedad y desdoblamientos de la personalidad.
Somos una persona afuera y otra en casa.
Una con nuestros pares y otra con los vecinos.
Sagrados para unos, profanos para otros.
Una persona despiertos y otra en los sueños.

Y, en algunos casos, emergen múltiples personalidades de las cuales ni el propio paciente es consciente, como el Dr. Jekyll y el Sr. Hyde.

Alicia no recordaba quien era ella. Prefirió perder la memoria cuando supo, meses antes, que estaba embarazada. Prefirió olvidar quién era, antes que enfrentar la norma familiar.
Beatriz, otra paciente, deambuló tres días por la ciudad sin saber quién era ella y por qué estaba embarazada. En hipnosis recordó que su esposo podía morir. Negó la realidad y se refugió en otra identidad.

A la persona dividida:
El terapeuta debe ayudarla, primero, a salir de una ética ancestral, acusadora e inflexible que genera pánico y reprime el deseo. Y segundo, a enfrentar una realidad social inhumana con los menos favorecidos: una sociedad selvática, neo-darwiniana, donde sobrevive el más astuto, no el más ético.
Otra vía es ayudar al paciente a redirigir su atención hacia nuevas memorias y experiencias sanas, para que las antiguas pierdan potencia con el tiempo. En psicoanálisis, esto se llama deslibidinizar los pensamientos.

Recuerdo a Paola: sus crisis de pánico le impedían trabajar y relacionarse. El día en que su hija pequeña sufrió un accidente grave, las crisis desaparecieron. Afrontó con firmeza a médicos, familiares y autoridades.
Su libido abandonó las memorias que alimentaban el pánico para volcarse a salvar a su hija.
A esto se le llama, sencillamente, la cura por amor.

Dr. Lucio David González
Psiquiatra. Psicoterapeuta.
Tels.: (+57) 3155706594 - 3183244386

*LA BIOLOGIA NO NEGOCIA**-Cuando la conducta no sale, el síntoma entra-*Para mis apreciados Lectores. Reflexión Psiquiat...
21/02/2026

*LA BIOLOGIA NO NEGOCIA*
*-Cuando la conducta no sale, el síntoma entra-*

Para mis apreciados Lectores. Reflexión Psiquiatrica No. 104.

A los gatos bien alimentados se los observa acechando la nada.
Mirando sombras como si fueran ratones. Persiguiendo lo inexistente con la misma precisión con la que cazarían una presa real.

No tienen hambre. Tienen *instinto.*

Los perros de caza que nunca salen al monte
se comportan como si cazaran: rastrean, persiguen, se tensan, descargan.
No actúan por necesidad externa, sino por *obligación interna.*

Observe a un niño pequeño correr de un lado a otro de la casa sin razón aparente.
No huye. No persigue. No llega a ningún lado.
Corre porque *nació para moverse.*

Aquí hay un error humano muy extendido: creemos que *primero está el estímulo y luego la acción.*
Como si sin ratón no hubiera acecho.
Como si sin amenaza no hubiera agresión.
Como si sin problema no hubiera angustia.
Como si sin ataque no hubiera ganas de correr

El neurólogo Rodolfo Llinás lo mostró de manera radical:
a las anguilas, animales cuyo movimiento depende del agua, se les eliminaron las vías sensoriales. Era como dejarlas ciegas, sordas y sin tacto.
¿Resultado? : *Seguían nadando.* Porque el movimiento no nace del estímulo.
Nace del cerebro.

“No necesitamos estímulos externos para actuar. El cerebro es un órgano generador de actividad”.
No necesitamos que nos ataquen para atacar (Freud)
Peces cíclidos atacaban a otros aunque nadie los provocara y estuvieran perfectamente alimentados (Konrad Lorenz)
No es agresión por maldad. Es Agresión por descarga.

La sociedad moderna, obsesionada con el orden, la quietud y el rendimiento -se niega las conductas de correr, trepar, morder, explorar, hablar, confrontar, crear -que no tengan un objetivo claro.

Las conductas *deben ejercerse.*
La agresión necesita salida.
La rivalidad necesita cauce.
La envidia necesita transformación.
La rabia necesita palabra o movimiento.

Si no: se vuelve contra uno mismo.

Nunca hubo tanta ansiedad, depresión, irritabilidad y vacío.
No porque falten estímulos,
sino porque *faltan cauces.*

La civilización no consiste en reprimir la biología,
sino en *darle formas simbólicas para no enfermarnos.*

No somos libres de no ejercer nuestras conductas.
Somos libres -si acaso- de *cómo hacerlo.*

Dr. Lucio David González
Psiquiatra – Psicoterapeuta
Tels. (+57) 3155706594 - 3183244386

*ENVIDIA**-el sentimiento que más nos avergüenza-*Para mis apreciados lectores. Reflexión Psiquiátrica No. 99No es que o...
14/02/2026

*ENVIDIA*
*-el sentimiento que más nos avergüenza-*

Para mis apreciados lectores. Reflexión Psiquiátrica No. 99

No es que odies al otro.
Es que te duele lo que te falta.

Un paciente me dijo:
“Doctor, cuando veo parejas felices me siento mal, incluso ganas de desaparecer”.

No los odiaba.
No los juzgaba.
Solo sufría.

La envidia no grita.
Arde en silencio.

El bebé necesita leche.
Necesita caricias.
Necesita palabras, miradas, sonrisas.

Pero no las produce.
Depende absolutamente de otro que sí lo tiene todo.

Ese otro alimenta… y por eso mismo es envidiado.
No porque sea malo, sino porque posee lo que yo necesito para vivir.

Si esa provisión falta, o es irregular, aparece la frustración.
Y si la frustración se prolonga, surge la rabia.

Cuando el niño no puede descargar esa rabia afuera, la vuelve contra sí mismo.
Más tarde eso puede aparecer como dolores corporales, defensas bajas, gastritis, cansancio crónico.
El cuerpo habla cuando la rabia no encuentra salida.

Esto ocurre incluso en psicoterapia.
Al inicio, el paciente admira al terapeuta.
Con el tiempo, esa admiración despierta viejas heridas: la envidia hacia padres, hermanos, figuras tempranas.

Lo que era gratitud se convierte en reproche:
“Usted no me ayuda suficiente”,
“no me da el tiempo que necesito”,
“no es tan bueno como creí”.

La envidia dificulta agradecer.

La envidia es propia de una etapa narcisista:
“todo es para mí o contra mí”.

La gratitud aparece cuando maduramos:
cuando entendemos que cada quien tiene un don
y que la vida se construye compartiendo, no compitiendo.

Entre más envidia, más narcisismo.
Entre más narcisismo, menos gratitud.
Y donde no hay gratitud, no hay diálogo:
hay guerra de poder.

La hermandad entre los humanos surge cuando dejamos de ver al otro como una madre omnipotente que nos debe todo.
Cuando dejamos de odiar al mundo por no darnos lo que creemos merecer.
Cuando reconocemos lo que sí recibimos… y lo usamos para crecer.

Ahí la envidia se transforma.
Ya no destruye.
Se convierte en impulso, elogio, cooperación.

La infancia exige.
La madurez agradece.

Y entonces, por primera vez,
no necesitamos quitarle nada a nadie para sentirnos completos.

Dr. Lucio David González.
Psiquiatra – Psicoterapeuta
Tels. (+57) 3155706594 - 3183244386

11/02/2026

Emocion ternura. Psicología. Soledad

*EL PODER DEL SILENCIO*( *o por qué huimos de él* )Para mis apreciados lectores. Reflexión Psiquiátrica No. 98Cristo no ...
07/02/2026

*EL PODER DEL SILENCIO*
( *o por qué huimos de él* )
Para mis apreciados lectores. Reflexión Psiquiátrica No. 98

Cristo no fue al desierto a hablar con Dios.
Fue a callarse.
Cuarenta días sin palabras, sin público, sin aplausos.
Hoy eso nos parecería una tortura.

Decimos que amamos la libertad, pero no soportamos quedarnos solos con nosotros mismos.
El silencio nos desnuda.
Y lo desnudo da miedo.

Los sabios lo sabían.
Por eso Lao Tse advertía que el vacío no es ausencia, sino potencia.
Y por eso los monjes tibetanos pueden permanecer horas inmóviles, sosteniendo un solo sonido —OM— hasta que el ruido interior se rinde.
La ciencia, tarde pero humilde, ha tenido que admitirlo: el cerebro que habita el silencio se transforma.

Caminar junto a alguien sin hablar hoy es casi un acto subversivo.
Mirar el mar sin tomar una foto parece sospechoso.
Si no se publica, ¿existió?

Las palabras ya no comunican: tapan.
El ruido constante es un anestésico social.
Un huracán invisible que entra por los ojos, por los oídos, por las manos, y nos impide escuchar la única voz que importa: la propia.

Por eso miramos el celular cada diez segundos.
No por curiosidad.
Por pánico al vacío.

En psicoterapia el silencio incomoda.
El paciente siente que le están robando tiempo, que el terapeuta “no hace nada”.
Pero lo insoportable no es la quietud del otro: es lo que empieza a emerger cuando nadie habla.

El silencio saca basura primero.
Ideas torpes, repetidas, vergonzosas, absurdas.
Si no se huye, algo cambia.
Aparecen intuiciones.
Verdades que no pedimos.
Soluciones que no estaban en Google.

El verdadero riesgo no es el silencio.
El riesgo es llenarlo de cualquier cosa: comida sin hambre, series sin historia, pasos sin destino, pensamientos prestados.
Así se asesina a la musa antes de que diga su nombre.

De noche, cuando el mundo por fin se calla, los sueños intentan hablar.
Traen mapas, advertencias, símbolos.
Pero estamos demasiado cansados, demasiado distraídos, demasiado ruidosos para escucharlos.

Pascal fue brutalmente honesto:
“La desgracia del hombre proviene de no saber permanecer solo, en silencio, en una habitación.”

Las grandes obras nacieron ahí.
El poeta escribe cuando nadie lo interrumpe.
El niño crea mundos cuando el ruido adulto se retira.

En el campo, el silencio todavía permite que existan los duendes, los fantasmas, los miedos sagrados.
En la ciudad, el ruido los exterminó.
No porque fueran falsos, sino porque no los dejamos hablar.

Quizá el silencio no sea paz.
Quizá sea juicio.
Un espejo sin filtros.

Y por eso lo evitamos.

Dr. Lucio David González
Psiquiatra – Psicoterapeuta
tels.: (+57) 3155706594 - 3183244386

03/02/2026

Personalidad. psicologia

FALLECIMIENTO DE LA TERNURAPara mis apreciados lectores. Reflexión psiquiátrica No. 99.Existe hoy un intento global por ...
31/01/2026

FALLECIMIENTO DE LA TERNURA
Para mis apreciados lectores. Reflexión psiquiátrica No. 99.

Existe hoy un intento global por recuperar la ternura. Se multiplican los discursos que afirman que los animales son seres sintientes, que quizá los árboles también sienten. Hay una preocupación creciente por ofrecer a los niños una vida mejor: más naturaleza, más estímulos, más cuidado, más amor.

Sin embargo, algo esencial parece haberse extraviado.

Hace poco vi una película llamada Sandokán, inspirada en las aventuras de un pirata indonesio y sus enfrentamientos con el ejército de la realeza británica. Entre batallas, conquistas y traiciones, aparece la figura de la hija del cónsul inglés, una joven que habita una isla de Indonesia.

Esta mujer —bella, silenciosa, contenida— es cortejada por tres hombres. Un rey le ofrece joyas preciosas. Un capitán inglés le regala una pulsera de esmeraldas. Finalmente, el pirata no le entrega objetos: la invita a bailar y la sorprende con su presencia.

Lo revelador del relato es que las guerras, las peleas y las conquistas no giran solo en torno al poder, sino al deseo de conquistar su amor. Ella introduce en la historia algo que desarma: dulzura. No necesita largos discursos, ni fuerza bruta, ni demostrar productividad. Su sola presencia aquieta, ordena, humaniza. Es un jardín en medio de la violencia.

Esta mujer simboliza algo profundamente humano: la ternura, la paz, la tranquilidad, la voz que calma. No construye barcos ni forja espadas ni conquista reinos. Su función es otra: sostener la ansiedad de los hombres, suavizar la guerra, proteger incluso a los caídos, aun cuando ello signifique oponerse a su propio padre.

Al terminar la película, la pregunta surge inevitable:
¿Dónde está hoy esa mujer?
¿Dónde están esos ojos que impulsaban al hombre a luchar sin volverse brutal?
¿Dónde las manos que calmaban el desespero del arrogante?
¿Dónde la voz que convertía la casa en primavera?

Lo que hoy vemos son representaciones de mujeres endurecidas, musculadas, convertidas en competidoras permanentes. Mujeres obligadas a rendir, producir, disputar, negar el deseo de maternar o delegarlo por completo. Al mismo tiempo, vemos la desaparición de la gran familia: núcleos fragmentados, alienados en la urgencia del dinero, intercambiando tiempo —lo único irrecuperable— por una igualdad medida solo en ingresos.

Durante siglos existió una división simbólica de funciones: el hombre transformaba la tierra; la mujer contenía la angustia de quienes la habitaban. Ella nutría, sostenía, amortiguaba. Esa función fue abusada, violentada, despreciada. A ese abuso se le llamó, con razón, machismo. Pero al denunciar el abuso, también se arrojó por la borda la función misma.

Hoy ya no hay dos funciones, sino una sola: competir.
Hombres, mujeres y “elles” empuñan la misma espada. Ya no hay mar que contenga a los barcos; todos intentan ser barcos de guerra.
El capitalismo lo ha logrado.
Estamos presenciando el fallecimiento del continente materno.
Asistimos al sepelio de la ternura.
Así como el clima agoniza, también agoniza la capacidad de cuidar.

Quizá los pueblos ancestrales, las aldeas no urbanas, aún conserven ese saber. Quizá rescatar costumbres tradicionales no sea retroceder, sino recordar. Quizá vuelvan a nacer niños con madres que tengan tiempo. Quizá podamos volver al hogar cálido, al café compartido, no en un restaurante ruidoso sino en una mesa habitada, lejos del estruendo de las bombas y de las discusiones interminables, bajo la dulce calma de una presencia que no compite, sino que cuida.

Dr. Lucio David González
Psiquiatra y Psicoterapeuta
Tels. (+57) 3155706594 - 3183244386

*EL PROBLEMA NO ES LA SOCIEDAD* : ES TU PERSONALIDADPara mis apreciados lectores. Reflexión Psiquiátrica No. 98La gente ...
24/01/2026

*EL PROBLEMA NO ES LA SOCIEDAD* : ES TU PERSONALIDAD
Para mis apreciados lectores. Reflexión Psiquiátrica No. 98

La gente no es “difícil”.
La gente es *distinta* .
Y a muchos eso les resulta insoportable.

La psiquiatría no habla de “buenos” y “malos”, habla de *personalidades* . Todos somos una mezcla de rasgos: algo desconfiados, algo controladores, algo emocionales, algo egoístas.
Eso es lo normal.

Lo anormal empieza cuando un rasgo se sale de control y se vuelve dueño de toda la persona.

Ahí aparece el que cree que todos lo atacan.
El que no soporta estar en grupo.
El que vive del drama.
El obsesivo del orden y la moral.
El que no quiere nada con nada.
El narcisista que solo se mira el ombligo.
El que no siente culpa ni empatía.

Y antes de señalar a otros, una mala noticia:
*usted también está en esa lista* .

Mire cualquier familia, empresa, iglesia o salón de clase:
siempre está el agresivo,
el ofendido profesional,
el arrogante,
el manipulador,
el perezoso encantador,
y el que parece “normal” solo porque aprendió a disimular mejor.

Eso no es decadencia social.
Eso es *biodiversidad psicológica*.

Por eso la convivencia fracasa. No porque falten valores, sino porque *sobran* personalidades chocando. Cada quien cree que su forma de ser es la correcta, y que el problema siempre es el otro.

No elegimos al azar dónde encajamos.
Los rebeldes buscan rebeldes.
Los moralistas se juntan con moralistas.
Los ambiciosos con ambiciosos.
Los violentos con violentos.
Los “buenos” también se agrupan… y suelen ser igual de intolerantes.

Tampoco es casual la profesión que cada quien elige.
No todos sirven para la guerra.
No todos sirven para cuidar.
No todos sirven para obedecer normas.
No todos soportan el poder sin corromperse.

Incluso las guerras las pelean los mismos de siempre: los más agresivos y transgresores en tiempos de paz.
Los de cuello blanco las promocionan, y los descarados comandan a los ingenuos.

La personalidad *no se cambia con frases motivacionales* . No se arregla con moral ni con likes. Puede tomar años limar los extremos… y casi nadie cree que los tiene.

Por eso la verdadera civilización no consiste en “ser buena persona”, sino en algo más incómodo:
*aprender a que mi forma de ser no destruya al otro.*

Como dirían los existencialistas -y esto sí duele-:
*haga lo que quiera con su vida,*
*pero no joda al vecino.*

Dr. Lucio David González
Psiquiatra – Psicoterapeuta
tels.: (+57) 3155706594 - 3183244386

17/01/2026

Censura incorrecta. Heridas psicologicas

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7600

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