Antonio Joaquín Garcia Sierra - Médico, escritor, columnista.

Antonio Joaquín Garcia Sierra - Médico, escritor, columnista. Médico cirujano urólogo, escritor desde muy joven, columnista de El País de Cali y varios medios.

19/03/2026

Oda a Mónika Herrán
He recibido el libro Floribus de mi amiga Mónika Herrán, fotógrafa artística y creativa, conocida internacionalmente por sus exposiciones a nivel nacional e internacional, esposa de mi amigo, el pintor Pedro Alcántara Herrán. En mi sala, con mucho honor, tengo cuadros de Mónika y Pedro que gentilmente me han obsequiado y que para mí representan un gran valor.
Este libro, Floribus, relata la historia de cómo Mónika empezó a investigar y recopiló fotografías que ilustran este magnífico volumen editorial, de gran interés artístico y científico. Dejemos que Mónika exprese lo que siente y vive al presentar su obra en diferentes exposiciones, plasmado en este bello libro:
“Hace 33 años, a comienzos de diciembre de 1989, recorriendo el Palacio de Adriano en la antigua Cartago, en Túnez, recogí una amapola y la coloqué entre las páginas de un libro que llevaba conmigo. Algún tiempo después, al retomar el libro, la encontré allí prensada; la escaneé para tratar de conocer su imagen antes de que se desintegrara y luego la trabajé cuidadosamente de varios modos, con distintas formas de iluminación y apelando a avanzados programas de recuperación digital. Este experimento de interpretación artística dio inicio a una serie de fotografías titulada Floribus, que nace de la amapola de Adriano, como la he llamado, y continuó con flores secas o frescas recogidas en las calles de Cali, en arbustos y árboles de las zonas más verdes de la ciudad y en caminos y veredas del departamento. Cada vez me sorprendía más la inmensa riqueza floral de nuestro entorno”.
He sido un admirador y cultor de jardines y flores, que están ligadas a mis genes, al igual que las expresiones artísticas —principalmente escritores, músicos, poetas y pintores—, herencia de mi madre y de mis ancestros. Celebro tener amigos como Mónika y como Pedro, y admirar el trabajo de estos queridos amigos.
Mónika es, a través de los años, una mujer innovadora, inquieta, original y creativa. Ha escogido para este trabajo las más hermosas flores, plasmándolas en cuadros y en este libro, donde cada flor tiene su historia y es descrita magistralmente. Sus imágenes deleitan un paladar exquisito, lleno de color y formas vistosas: pétalos que se fusionan formando tubos como hélices, con colores rojos, blancos, rosa y violeta, presentes en regiones tropicales. En muchos lugares crecen de forma natural; en otros, se utilizan en casas y fincas de manera ornamental y medicinal.
Esa es la creatividad de Mónika, porque ella también es una flor y adorna el jardín de quienes admiramos su obra. Su trabajo adquiere relevancia en un contexto artístico que convierte el arte en naturaleza, retratando belleza y perfección para quienes aprecian lo natural y lo científico.
Los invito a conocer este trabajo, Floribus, que es único, irrepetible y hermoso. Gracias, mi querida amiga Mónika, junto a Pedro, por su amistad y por permitirme tener en mi casa sus obras para disfrutarlas siempre.
Esta sintonía revive el espíritu lleno de ideas transformadoras y recuerda a Oscar Wilde, quien afirma en su aforismo: “La naturaleza imita al arte”. Leonardo da Vinci comprendía con asombrosa claridad que el conocimiento del arte y la ciencia forman una unidad mediante la cual se puede explorar la naturaleza del mundo. Eso es lo que sentimos cuando observamos la obra artística de Mónika Herrán.
Autor: Antonio Joaquin Garcia

ODA A POPAYÁN. Han pasado cincuenta años, y un poco más, desde mis recuerdos de un viaje al pasado por tus calles largas...
12/03/2026

ODA A POPAYÁN.
Han pasado cincuenta años, y un poco más, desde mis recuerdos de un viaje al pasado por tus calles largas e interminables, donde el horizonte se pierde. Casas con balcones blancos, ventanales que rozan el suelo, techos de tejas rojas, mañanas frías, el viento helado que viene de las montañas a tu alrededor, el sol que se asoma en las primeras horas de la madrugada e irradia una luz blanca que ilumina plazas, rincones y callejuelas de una ciudad silenciosa, llena de edificaciones imperiales, portones de madera con aldabas de bronce. Voces que se oyen y se mezclan con aromas de flores que me recuerdan el trópico.
El silencio tenue, tenso, de sombras deslizantes, me hace detener en el centro del mítico parque Caldas, con sus palmeras gigantes y árboles frutales cuyos frutos caen sobre el pasto verde cubierto por el rocío de la mañana. Miro al frente el Café Alcázar, refugio de intelectuales y estudiantes, con mesas abarrotadas de personajes de la ciudad, lujosamente vestidos con sacos, corbatines, chalecos y corbatas que nunca había visto en otras ciudades. Hombres elegantes, vestidos como próceres; lugar de encuentro, de anécdotas y tertulias interminables. Por allí desfilaban políticos, padres de la patria, tinterillos, abogados prestigiosos y anónimos, magistrados, jueces, alcaldes, profesores universitarios, poetas y escritores, increíblemente y desafortunadamente desaparecido, un icono de la ciudad que debería volver a ocupar el sitio que fue histórico para todos los habitantes y visitantes de la vieja Popayán. Lo recordamos. Con cariño y nostalgia porque representa el espíritu tradicional de Popayán, de su cultura y sus ancestros.
Los recordamos con cariño y nostalgia, pues son representativos del espíritu tradicional de Popayán, de su cultura y de sus ancestros. En tu sueño habita el tiempo, lleno de largas historias y testigo imborrable de nuestra juventud, refugio de patriotas y forjadores de la patria.
¡Oh, Popayán de mis amores! Los que vivimos en tu alma y no tuvimos el privilegio de haber nacido en ti, pero sí el honor de convivir contigo, te llevamos en nuestro corazón con un recuerdo imborrable que ha marcado nuestro destino. Siempre has anidado en nuestro ser con bellos recuerdos y nostalgias que nos hacen vivir en ti.
Gracias, mi Popayán… gracias, mi Popayán, porque de todas las ciudades que he transitado en el mundo, todas las noches y cada mañana, al despertarme, siento que me levanto en tu seno y doy gracias a la vida por haber vivido, y seguir viviendo por siempre, en tu alma.
Autor: Antonio Joaquin Garcia

ODA A CANTINFLAS. Los de mi generación disfrutamos las películas de Mario Moreno Reyes, “Cantinflas”. He visto todas las...
02/03/2026

ODA A CANTINFLAS.
Los de mi generación disfrutamos las películas de Mario Moreno Reyes, “Cantinflas”. He visto todas las cintas de este genial cómico mexicano y muchas veces las he repetido. Me invade la nostalgia al recordar que las nuevas generaciones poco conocen a Cantinflas.
A este personaje se le ocurrió bajarse los pantalones más allá de la cintura, casi hasta el coxis: un adelantado a su época, pues hoy muchos jóvenes de barrios populares los usan así, ajustados con un mecate o una franela que alguna vez fue blanca, y rematados con un pañuelo rojo. Se hacía un barquito a modo de sombrero desde que se le ocurrió llamarse Cantinflas.
Los mexicanos e hispanoamericanos empezaron a cantinflear: hablar en forma disparatada e incongruente, sin decir nada y actuar de la misma manera.
Cantinflada: dicho o acción propia de quien habla o actúa como Cantinflas.
El nombre se volvió adjetivo, verbo y sustantivo, aprobado por la Real Academia Española y registrado en los diccionarios del castellano. Es una práctica que consiste en hilvanar frases que no dicen nada, la quintaesencia de la gracia que imita al “pelado” mexicano que se volvió universal.
Mario Moreno Reyes nació en Ciudad de México el 12 de agosto de 1911, en la colonia Santa María la Redonda, un suburbio pobre y abandonado. En sus inicios fue embolador, mandadero, aprendiz de torero , llegó a ser considerado el mejor torero bufo del mundo, taxista y boxeador, hasta convertirse en un ícono de la comedia popular a nivel mundial, comparado con Charles Chaplin.
Su consagración llegó con la película Ahí está el detalle, que lo impulsó como el gran mito cómico de la pantalla, así como de la carpa y el teatro. Estuvo unido en sus comienzos a Manuel Medel, su gran compañero, y a Shilinsky, el cómico ruso cuya hermana, Valentina Ivanova, contrajo matrimonio con Cantinflas y permaneció a su lado hasta el día de su muerte. No tuvieron hijos biológicos; adoptaron uno: Mario Moreno Ivanova.
Nunca volvió a casarse, aunque los chismosos de la farándula le atribuyeron amores nunca comprobados. Falleció el 20 de abril de 1993, a los 82 años, a causa de un cáncer pulmonar derivado de su adicción al tabaco; en sus películas nunca dejaba el “pucho”.
El día de su muerte, miles de seguidores llegaron al Teatro Jorge Negrete y también al Palacio de Bellas Artes, donde permaneció tres días para que la multitud pudiera verlo y despedirse del personaje que siempre los hizo reír y los enviaba a casa llenos de felicidad. El gran escritor mexicano Carlos Monsiváis, su admirador, lo describió con una sola palabra: insuperable. Solo le rivalizó otro ídolo popular mexicano: Pedro Infante.
Antes de morir expresó: “Alguna vez resucito y les dejo: ahí está el detalle, chiquitos; nada más me voy de mi cuerpo, lo demás se lo dejo a mi Diosito”.
Fue dueño de una facultad creativa y de una improvisación oportuna que nunca ha podido ser imitada, así como de una forma magistral de enredar sin decir nada. Solo los mentirosos y vendedores de humo en la vida real, cuando actúan, conjugan el verbo “cantinflear”, especialmente en épocas de elecciones.
Autor: Antonio Joaquin Garcia

LA LOCURA, OTRA VISIÓN.Hace años leí el libro Historia de la locura en la época clásica, escrito por Michel Foucault, un...
27/02/2026

LA LOCURA, OTRA VISIÓN.
Hace años leí el libro Historia de la locura en la época clásica, escrito por Michel Foucault, una obra que retrata el pulso y los nervios de una civilización intensa, marcada por las vicisitudes y una cruda realidad de los hechos humanos a lo largo de la historia. Los llamados “locos” de entonces llevaban una existencia errante: las ciudades los expulsaban de sus recintos, se les prohibía el acceso a la iglesia y, en ocasiones, eran azotados públicamente. Se les relacionaba con la luna, de ahí el término “lunáticos”.
En los siglos XVI, XVII y XVIII eran encerrados en hospitales y establecimientos dedicados al confinamiento, considerado entonces una forma de curación. A mediados del siglo XVIII se pregonaba que ese era su lugar natural, por lo que quedaban excluidos de la vida social. Durante la Edad Media prevaleció la idea de que la locura era una manifestación del pecado o un signo de posesión demoníaca, y que debía expulsarse mediante penitencias, castigos físicos y exorcismos.
A finales del siglo XIX se abandonó el término “locura” por considerarse despectivo y comenzó a usarse la expresión “enfermo mental” y, más recientemente, “trastorno mental”. En los años sesenta del siglo XX surgió el movimiento de la antipsiquiatría, que cuestionaba los tratamientos utilizados para la llamada locura, en un contexto de crecimiento acelerado del uso de medicamentos psicofármacos como antidepresivos, ansiolíticos y antipsicóticos. Se señaló entonces el riesgo de una excesiva medicación y de tratamientos empíricos sin suficiente base científica.
En la época moderna, los trastornos mentales se consideran enfermedades, lo que ha contribuido a disminuir el menosprecio y el estigma hacia quienes los padecen. En contraposición a antiguas creencias, algunos investigadores difundieron la idea de que estas personas podían ser especialmente inteligentes y creativas, y que muchos encontraron refugio en el arte y la literatura. Sin embargo, con el tiempo se concluyó que el trastorno mental no convierte a nadie en más creativo; de ser así, estaríamos rodeados de figuras como Van Gogh o de los llamados poetas ma***tos. Aun así, la locura, en todas sus formas, ha sido y sigue siendo una fuente inagotable de inspiración artística.
Actualmente existen estudios contradictorios y la mayoría no establece una asociación directa entre trastorno mental y creatividad. Lo que sí puede afirmarse es que el arte, en sí mismo, es una forma de terapia que permite canalizar emociones y conflictos, provengan de un cerebro sano o de uno enfermo. Esta reflexión surge también de mi contacto con personas con trastornos mentales, quienes en más de una ocasión me han dicho que quizá el loco soy yo y no ellos, porque la sociedad no siempre los comprende.
En la sociedad contemporánea, a veces llamamos “locos” a quienes se atreven a pensar distinto. Sin embargo, muchas de las ideas que hoy admiramos nacieron de personas incomprendidas en su tiempo. Tal vez la verdadera locura no sea salirse del molde, sino vivir sin cuestionarlo. Una sociedad sana no es la que silencia a sus “locos”, sino la que aprende a escucharlos.
Autor: Antonio Joaquín García Sierra.

HISTORIA DE LAS SUPERSTICIONESEn la costa Caribe colombiana, las supersticiones hacen parte de la vida cotidiana. Desde ...
19/01/2026

HISTORIA DE LAS SUPERSTICIONES
En la costa Caribe colombiana, las supersticiones hacen parte de la vida cotidiana. Desde niños escuchábamos a las abuelas y a las madres advirtiéndonos del peligro de olvidar ciertas supersticiones que podían producir algún problema en nuestra estabilidad emocional y física; unas benignas y otras peligrosas.
Las supersticiones, a través de los años, se han integrado a la conciencia colectiva, transmitidas de boca en boca, de una generación a otra, y asentadas en nuestras mentes por repetición. La superstición suele definirse como una creencia irracional en la magia, la suerte o fuerzas sobrenaturales que tienen el poder de intervenir en la vida, o en la idea de que algunas acciones, sin relación lógica con un resultado, pueden tener algún efecto sobre la persona.
Es más común que las personas se aferren con mayor fuerza a estas creencias cuando se encuentran a merced de la suerte. El instinto humano de supervivencia nos impulsa a buscar soluciones cuando nuestras vidas se ven amenazadas, y nuestros cuerpos, de forma natural, nos dotan de agilidad para enfrentar las amenazas o huir de ellas. Nuestros ancestros vivían épocas difíciles, y muchas de las amenazas a las que se enfrentaban escapaban a su control, por lo que acudían a diferentes creencias para tratar de sobrevivir.
Sus orígenes son variados: provienen del pensamiento clásico, de rituales religiosos, de la sabiduría del campo, del folclor y de prácticas de brujería ritual alrededor de fallecimientos, nacimientos o momentos riesgosos. El poeta Ovidio, romántico del siglo I, describió muchas de las costumbres de su época y fue el primero en utilizar la palabra “superstición”.
Para mí ha sido fascinante, desde niño, volver hoy la vista hacia el origen de esas supersticiones que nacen en el folclor. Por ejemplo, derramar sal anunciaba mala suerte; encontrar una herradura de caballo abandonada era sinónimo de buena fortuna; hallar una moneda era augurio de buena suerte; caminar debajo de una escalera traía mala suerte; le teníamos miedo al mal de ojo; romper un espejo, igual; encontrarse con un gato negro en el camino era terrible, y ni qué decir del número 13.
La historia nos cuenta que en ciertas ciudades del mundo no se construía el piso 13 en los edificios, ni se utilizaban habitaciones con ese número. Si veíamos una lechuza en la noche, salíamos corriendo a refugiarnos en la casa porque era tragedia segura. En los pueblos del departamento de Córdoba existía una creencia generalizada sobre un ave a la que llamaban “Yacabo”: si cantaba cerca de la casa, era seguro que alguien iba a morir.
Vivíamos en alerta, con una cauchera lista y armada con piedras a las que les habíamos puesto puntas filosas para deshacernos de ese pájaro convertido en diablo. Afortunadamente, nunca tuvimos que usarla, porque jamás apareció cerca de nuestra casa. El saber popular decía que solo aparecía en las noches.
Son innumerables las supersticiones. Muchas personas no creen en ellas; otras creen firmemente que existen. Cada quien tiene la libertad de creer o no creer. Yo no creo mucho en supersticiones, pero cruzo los dedos para que no me ocurra nada que perturbe mi tranquilidad y ruego a Dios que ese ma***to pájaro “Yacabo” nunca cante cerca de mí, porque quiero vivir muchos años.
No creo en supersticiones ni en brujas… pero que las hay, las hay.

ODA AL CINE.Desde que tengo memoria, mi relación con el cine ha sido una sola: un amor incondicional, heredado de mi pad...
12/01/2026

ODA AL CINE.
Desde que tengo memoria, mi relación con el cine ha sido una sola: un amor incondicional, heredado de mi padre, quien junto a mi tío Joaquín Pablo —mi padrino, a quien debo mi nombre y que siempre fue nuestro protector, tanto en lo económico como en lo afectivo— fundaron en Cereté el teatro Iris a finales de los años cuarenta. Las proyecciones eran los viernes y los sábados en la noche.
El teatro era al aire libre y, además, una muestra de gente visionaria: hacer un teatro en un pueblo que no tenía energía eléctrica era una vaina verdaderamente macondiana.
Posteriormente, cuando me trasladé a Cartagena para estudiar el bachillerato, mi padre me consiguió un pase para ir gratis al cine en el Teatro Cartagena y en el Teatro Rialto. A lo largo de los años he convivido con el llamado séptimo arte. En Popayán asistí al mítico Teatro Popayán con mi noviecita y, aprovechando la oscuridad, nos dábamos unos besos tiernos que no podíamos permitirnos por la vigilancia cercana de la suegra, quien incluso en la sala de la casa no se despegaba ni para ir al baño. El cine era, pues, además de entretenimiento, alcahueta del sublime amor.
La semana pasada, cuando estuve en la Ciudad de México, recordé que siempre visitaba los estudios Churubusco Azteca, el corazón de la época de oro del cine mexicano. He pasado largas horas en sus instalaciones, recorriendo momentos memorables de la historia del cine de ese país.
Para mí, el cine es un lugar mágico donde todo es posible; un maravilloso refugio para escapar de una realidad que no siempre ofrece algo mejor. Es el espacio donde los sueños y las fantasías más descabelladas se vuelven realidad. Quisiera poder explicarles a las nuevas generaciones la magia y la fascinación que el cine tuvo para los de mi generación y, prácticamente, para todas las generaciones que crecimos en buena parte del siglo XX.
¿Cómo explicarles la adoración casi religiosa que sentimos por las estrellas de la pantalla cinematográfica, que entonces eran etéreas e inalcanzables? Dioses y diosas de un mundo mágico, fábrica de sueños, instrumento de manipulación de masas y de penetración cultural que ha logrado sobrevivir a todas las amenazas que ha enfrentado. A pesar de todo, el cine todavía permanece entre nosotros, aunque ha cambiado; creo que nunca volverá a ser lo que fue.
Sin embargo, el cine es —lo considero— un arte y una industria populosa que hoy ha sido reemplazada en gran parte por el cine en casa y las plataformas digitales actuales, que casi siempre nos acompañan en la soledad. Hoy nos hace falta la compañía, la cercanía, esas veces en que íbamos con la “gallada” y, al salir, comentábamos la película; incluso, si era del Enmascarado de Plata, “El Santo”, hasta nos poníamos a luchar haciendo el amague.
En esos teatros estaba el inefable voceador, con su voz musical y su pregón: “¡Chito, gaseosa, gaseosa, maní, dulces y crispetas!”. Alguna vez alguien dijo que el tamaño de una ciudad podía medirse por el tamaño de sus cines y teatros. Éramos muy atentos cuando se presentaban los “cortos” o tráilers de las próximas películas.
El rito de asistir cada ocho días al cine llegó y se quedó para siempre en nuestras mentes y en nuestros corazones.
Autor: Antonio Joaquín García Sierra.

Les  comparto  mi columna del día hoy en el Diario el País de Cali Colombia
12/01/2026

Les comparto mi columna del día hoy en el Diario el País de Cali Colombia

Quisiera poder explicarles a las nuevas generaciones la magia y la fascinación que el cine tuvo para los de mi generación...

29/12/2025

Muy pocas veces he asistido, solo a funerales de familiares y allegados, bautizos, bodas y alguna que otra celebración familiar. Me tocó la época en que la misa era en latín y nunca entendía un carajo de lo que decía el cura ni lo que contestaban los feligreses.

23/12/2025
23/12/2025

En estas páginas, encontrará la voz de colaboradores con experiencia y criterio: analistas de lo nacional, cronistas de lo local, miradas frescas al deporte, el arte, la música y la literatura. Aquí se escribe con rigor, pero también con...

EL DÍA QUE ESTUVE CERCANO A LA MUERTEHace más o menos 25 días me sometí a los exámenes de control que cada año me realiz...
18/12/2025

EL DÍA QUE ESTUVE CERCANO A LA MUERTE
Hace más o menos 25 días me sometí a los exámenes de control que cada año me realizo. Incluyen análisis completos de sangre y o***a, además de un ecocardiograma. Todos los resultados fueron satisfactorios y estaban dentro de los límites normales para mi edad. Sin embargo, había notado que, a pesar de no llevar una dieta estricta, estaba perdiendo peso, situación que me preocupó. Consulté entonces a mi hijo Andrés, urólogo oncólogo, y acudí donde un amigo gastroenterólogo con quien hemos operado juntos a diferentes pacientes. Le sugerí que, por favor, me ordenara una tomografía axial computarizada (TAC) abdominal con contraste.
Cuál no sería mi sorpresa cuando leí el resultado: aparecía una masa en el páncreas y me recomendaban realizar una colangioresonancia magnética de las vías biliares. Fue un examen difícil para mí, no solo por la angustia que me produjo, sino también por el tiempo de espera y la dieta previa que tuve que hacer. Además, el resultado tardaría siete días. Mi hija Lorena, que es médica, y Andrés trataban de tranquilizarme diciéndome que probablemente no sería nada grave. Mostramos las imágenes a amigos radiólogos, oncólogos y gastroenterólogos, quienes coincidían en que había que esperar el resultado del último examen.
Ahí sí fue Troya. Empecé a perder más peso, no podía conciliar el sueño y pensaba constantemente en la muerte inminente, pues como cirujano sabía que el tumor de páncreas es uno de los más agresivos. Tenía, además, la experiencia de haber visto morir amigos y pacientes en un lapso de seis meses. De esta catástrofe solo sabían mis hijos, mi hermana y algunos pocos amigos. Varias personas me preguntaban por qué estaba tan ausente y por qué no respondía los mensajes.
El 15 de diciembre, mi amigo el doctor Álvaro Velásquez me practicó una colonoscopia y volvió a revisar las placas del TAC. “Yo creo que tú no tienes nada”, me dijo. Mi hijo Antonio me acompañó al examen. Al salir, me dijo: “Papá, Andrés quiere hablar contigo, que lo llames lo más pronto que puedas; ya tiene el resultado”. Fueron segundos —o tal vez minutos— interminables. Por mi cabeza pasaron imágenes como de una película acelerada.
Cuando Andrés me contestó, al principio no le entendía porque gritaba. En su forma tan particular de hablarme me dijo:
—Oye, güevón, casi nos matas. Tú no tienes nada. Todo salió normal, todos tus órganos están sanos.
Yo no alcanzaba a decir nada; quedé petrificado. Luego me dijo:
—Papá, definitivamente nosotros te queremos más allá del infinito y esperamos estar contigo por mucho tiempo. Acuérdate de que no te puedes ir, porque tú has sido papá y mamá para nosotros desde que mi madre murió hace 18 años.
Lo único que acerté a decir fue: “Gracias, mi querido hijo”. En ese momento volví a pensar qué bella es la vida, a pesar de que a veces es muy dura de vivir, y comprendí que la solidaridad, el cariño y el amor son lo que verdaderamente hacen feliz al ser humano.
Cuando colgué, me llamaron mis hermanas Beatriz y Meivis, y lloramos juntos un buen rato, pero esta vez de felicidad. Al día siguiente les conté a amigos y amigas cercanos, y sentí la misma voz de aliento de una amistad sincera, perdurable a través del tiempo.
Hacía un mes había escrito un artículo y lo estaba puliendo para publicarlo con mi amigo periodista Óscar Marino Bueno, sobre la cercanía de la muerte. Yo definiría la muerte así:
“No joda, morirse es una vaina muy jarta”.

Les comparto mi columna del día hoy en el Diario el País de Cali Colombia
01/12/2025

Les comparto mi columna del día hoy en el Diario el País de Cali Colombia

La cultura de la bicicleta ha tomado las rutas de las ciudades, pueblos y veredas.

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