15/08/2023
Un día vamos por fin a una sesión de yoga, con un respetado maestro, en un salón muy agradable. Nos piden que movamos los brazos de diferentes formas.
Una secuencia de movimientos con un nombre en un idioma lejano; dicen que es milenaria, que mueve la energía de una u otra manera, revitaliza el cuerpo y aligera la mente, y cada movimiento tiene significados mágicos y profundos.
Quizá pensamos
"¡Qué movimiento! Es tan sagrado, sanador, maravilloso, tan místico y espiritual...".
Otro día, un día casual, estamos en casa lavando los platos, barriendo el piso y moviendo cosas por todas partes. Sin caer en cuenta, mientras hacemos oficio, los brazos van de un lado a otro, movemos el tronco, las caderas, etc., abajo, arriba, a veces incluso de forma muy similar que en el ejercicio de yoga.
"Nada especial... Estoy haciendo aseo y moviendo cosas... Vida aburrida... ¿Qué más hay para hacer?..."
(a mi me ha pasado) 😅
Cada instante de nuestra vida es único y se desvanece para siempre sin que podamos hacer nada para retenerlo.
Nuestro corazón late, nuestro cuerpo respira, y la energía vital nos recorre en cada momento, estemos en casa, en el supermercado, en tierras lejanas, en un parque, cepillándonos los dientes, haciendo ejercicios, o no haciendo nada.
Podemos mover los brazos cuando queramos. Seguro que si lo hacemos de algunas formas puede hasta ser bueno para la salud.
¿Hay que esperar a hacer algo "asombroso" , "especial", "valioso", extravagante, solemne, poco común, para que la vida tenga sentido?
La vida también es sagrada mientras lavamos los platos.