02/07/2025
Compartimos esta preciosa historia, llena de palabras que sentimos ciertas desde el corazón, una realidad que hemos podido experimentar de primera mano acá en la Oficina de Información Turística.
El turismo une, trasforma, sensibiliza y conecta a niveles más profundos de los que a veces tenemos noción. Tiene el poder, si se hace con el alma y con calidez, de cambiar percepciones y generar experiencias imborrables. Recibimos mensajes de saludos y agradecimientos de turistas que nos han visitado, con quienes hemos compartido cafés y anécdotas como si nos conociéramos de toda la vida, a quienes nos comentan dimos más que guías... sembramos recuerdos. Identidad.
El turismo debe nacer desde el carisma, esfuerzo y resiliencia que como pueblo tico sabemos que tenemos.
No olvidemos lo que nos caracteriza, Pura Vida 🇨🇷🤍
Desde un sótano con dos ventanitas hasta supervisar operaciones en el aeropuerto más importante del país.
Así empieza esta historia de Mario. No desde arriba, sino desde el fondo. Y ahí mismo, en lo invisible, comenzó a elevarse.
Yo no nací para quedarme en un rincón. Si una puerta se abre, hay que cruzarla.
Cuando alguien me ve hoy en el aeropuerto—coordinando operaciones, resolviendo con proveedores, conversando con los equipos, saludando a los viajeros—talvez piensa que siempre estuve aquí. Con camisa limpia, computadora en mano, tomando decisiones.
Pero mi historia empezó en un sótano.
Soy de Guanacaste. Me gradué en producción animal y vine a San José buscando trabajo. Toqué puertas, ninguna se abrió. Alguien de buen corazón me dio la oportunidad de trabajar planchando ropa en una tienda americana. En el sótano. Dos ventanitas dejaban pasar apenas un hilo de luz, y el calor era tal que mi uniforme era una pantaloneta de fútbol.
Nunca imaginé que desde ese lugar, tan bajo y tan invisible, algo en mí ya estaba empezando a elevarse.
Un día, mi tío me llamó.
“No puedo permitir que el primer universitario de la familia se quede ahí.”
Ese mismo día me consiguió trabajo en turismo. Empecé manejando una microbús. Sin uniforme, sin inglés, sin idea. Pero me enamoré.
Me enamoré del oficio, sí, pero sobre todo me enamoré de lo que el turismo hace en las personas: transforma. Une. Genera recuerdos.
Comencé a estudiar con lo que me daban: fotocopias sobre volcanes, aves, historia de Costa Rica. Le metí al inglés como si mi vida dependiera de eso. Porquedependía. Y lo que empezó como manejo de transporte se convirtió en guianza, en liderazgo, en puertas que se abrían una tras otra.
Lo que más valoro es la gente.
Este lugar, el aeropuerto, tiene algo mágico: cada día es una bienvenida, una despedida, una historia en tránsito. Aquí muchos dan su primer paso. Y yo, que también comencé desde cero, me pregunto siempre:
“¿Cómo le vas a pedir experiencia a un joven si nadie se la ha querido dar antes?”
A mí alguien me dio una oportunidad. Hoy, yo hago lo mismo.
Muchos que ahora están al mando de un Boeing comenzaron aquí: en los pasillos, en una tienda, como asistentes. Como yo, en aquella microbús.
El turismo es eso: historias que se cruzan, que te cambian.
Si pudiera volver a ese Mario del sótano, le diría:
“No aflojés. Todo esto vale la pena.”
Perdí un trabajo en pandemia. Un lugar donde pensé que me iba a pensionar. Pero cada final es otra puerta disfrazada. Y yo no nací para quedarme en un rincón.
Hoy, sigo recibiendo postales. De gente que conocí en un tour, en un traslado, en una charla.
Me escriben: “Mario, ya no somos dos. Ahora somos tres.”
O: “Gracias por ayudarnos a entender Costa Rica con el corazón.”
Eso es el turismo.
Ser parte de la historia de otros.
A veces, sin siquiera saberlo.
Y cuidar esa historia como se cuidan las cosas sagradas.
Porque el turismo en Costa Rica no nació con anuncios.
Nació con abrazos. Con el boca en boca.
Y ese boca en boca todavía habla.
Y nosotros, los que lo vivimos cada día, tenemos que asegurarnos de que siga diciendo cosas buenas.