19/10/2025
Una frase que resuena profundamente, ¿verdad? Y es que en la vida, a menudo, nos encontramos en situaciones donde, en nuestro afán por mantener algo —una relación, una idea, un trabajo, una expectativa— terminamos por perder de vista lo más importante: a nosotros mismos.
Nos entregamos con la mejor de las intenciones, pero si esa entrega implica anular nuestras necesidades, silenciar nuestra voz o ignorar nuestro propio bienestar, el costo termina siendo muy alto. Aferrarse en exceso puede convertirse en una jaula invisible.
¿Por qué lo hacemos? Miedo a la pérdida, a la soledad, a la incertidumbre... Es humano. Sin embargo, llega un punto donde el peso de ese aferramiento nos asfixia, nos agota, nos desconecta de nuestra esencia, de aquello que nos nutre y nos da vida.
¿Qué tanto de lo que sostienes te está sosteniendo a ti? ¿O te está drenando?
Soltar, no es un acto de abandono, sino de auto-preservación. Es reconocer que mereces integridad, paz y plenitud. Es darte permiso para recuperar tu centro, para volver a ti.
Te invito a observar tu vida hoy: ¿Hay algo a lo que te estás aferrando con tanta fuerza que te está alejando de quien realmente eres o quieres ser? Date el permiso de cuestionarlo. El camino de vuelta a uno mismo siempre es el más valioso.