18/03/2026
“Me da vergüenza usar audífonos”
Es una de las frases más comunes que escucho entre mis pacientes. Hay muchos motivos detrás, el miedo al juicio social, a pensar qué van a decir, si me van a ver raro, o el temor a recibir malos comentarios por experiencias previas, burlas.
También puede venir del dolor del duelo que se está viviendo. No es solo usar un dispositivo, es enfrentar la sensación de que algo cambió, de que ya no soy la misma persona. A veces la autoestima se ve afectada: me siento diferente, menos valorado, porque ya no me veo como antes o porque ahora necesito ayuda.
He visto como el juicio social influye muchísimo, especialmente en la niñez y la adolescencia, donde adaptarse a algo nuevo puede ser aún más difícil.
Y sí, es completamente normal sentir vergüenza. A todos nos importa cómo nos ven los demás.
La pérdida auditiva no es solo algo físico, también es un proceso emocional. Y, lamentablemente, es algo que socialmente todavía se termina de comprender o de darle el valor que merece.
Sí, puede dar vergüenza al inicio. Pero también he visto cómo las personas que deciden usar audífonos empiezan a sentirse más seguras, más tranquilas en su vida diaria, la seguridad les anima a volver a salir de sus casas solos, les da confianza para retomar su independencia y sobre todo, para volver a conectar con otras personas, incluso dentro de su propia familia.
El audífono no los hace débiles. Es una herramienta. Así como alguien usa lentes para ver mejor, es para escuchar mejor y vivir mejor.
La gente puede opinar, pero las personas alrededor lo que realmente valoran es que puedan comunicarse y participar activamente.
No podemos cambiar lo que los demás piensan, pero sí podemos decidir priorizar nuestra salud. Y eso es un acto de valentía.
Escuchar mejor no solo mejora la audición, mejora la seguridad, las relaciones y la calidad de vida. ♥️