29/04/2026
Era Julio del 2015. Me senté en esa misma banca totalmente destruida. Mientras sostenía con una mano la receta de antidepresivos que me recetaron en medio de mi embarazo y con la otra mano me limpiaba las lágrimas que bajaban sin parar, no había nada posible que pudiera sacarme de esa oscuridad.
Pensaba en qué momento había llegado hasta allí. Me preguntaba cuándo iba a terminar este dolor. Sentía un vacío en el pecho y era como si mi voz estuviera metida muy dentro, ahogándome a mí misma. Me preguntaba ¿cómo puedo cuidar a mi bebé si ni siquiera me puedo cuidar a mí misma? Nunca en mi vida me había sentido tan sola.
Hace unos días, después de mucho tiempo después y muy lejos de esa persona que fui hace cuatro años, me senté en esta misma banca a esperar a un grupo de 14 futuros papás y mamás a quienes les iba a hablar sobre yoga en el embarazo y en el parto. ¿Cómo llegué hasta acá? Esta es la prueba de que sí había esperanza en mi camino. El amor que puedo dar hoy es solo el fruto de un trabajo de auto-conocimiento, disciplina y compasión. No estaba sola. Sí podía ser mamá. Al contrario de lo que pensaba, mi familia me sostuvo, el amor y la comunicación ganó, quedaron los verdaderos amigos, y siempre, siempre tuve alguien que me escuchó, que me dio la mano, que me llevó paso a paso para que el nacimiento de mi hijo fuera la experiencia transformadora y la vivencia de amor que me sacó del hueco oscuro en el que estaba.
Hoy, en los pasillos del Hospital de las Mujeres Adolfo Carit, el cual, curiosamente fue el que también recibió a mi mamá y vio mi nacimiento, cumplí el sueño de ayudar a familias gestantes. Yo creo profundamente que toda familia gestante merece compañía, compasión y guía para que el nacimiento de sus hijos (que es también el nacimiento de ellos como papás y mamás) se convierta en un momento transformador y lleno de amor.