13/05/2026
“Un enojo de segundos puede cambiar una vida para siempre.
Hoy en Costa Rica vimos nuevamente cómo una discusión de tránsito terminó en una tragedia. Y más allá de buscar culpables, esto nos obliga a reflexionar sobre algo mucho más profundo: la incapacidad que muchas personas tienen actualmente para regular sus emociones.
Vivimos en una sociedad donde la frustración se tolera cada vez menos. Un choque, una discusión, una ofensa o sentirse amenazado puede activar respuestas impulsivas donde el cerebro emocional toma el control y la capacidad de pensar con claridad desaparece.
Cuando una persona actúa desde la ira intensa, deja de evaluar consecuencias. El problema es que una reacción de segundos puede terminar en pérdidas irreparables.
Regular emociones no es “aguantarse”. Es aprender a detenerse antes de actuar. Respirar. Alejarse. Pedir ayuda. No todo impulso debe ejecutarse.
La salud mental también se refleja en cómo reaccionamos cuando estamos molestos, frustrados o heridos.
A veces, retirarse no es cobardía. Es inteligencia emocional.”