08/03/2026
Hoy, en el Día de la Mujer, mi pensamiento se detiene en las mujeres que forman parte de mi vida.
Pienso en mi mamá, en mis hermanas, en mis sobrinas, en mis cuñadas, en mis amigas, en mis colegas, en mis primas, en mis tías, en mis abuelas, en mi suegra y también en las mujeres que han confiado en mí para compartir sus historias en el espacio íntimo de la consulta.
Mujeres inteligentes, trabajadoras, sensibles, resilientes. Mujeres que aman profundamente, que sostienen, que acompañan, que siguen adelante incluso cuando la vida les ha dolido.
A lo largo de mi vida, he sido testigo de muchas de las realidades que aún atraviesan a las mujeres: el acoso callejero, el no ser tomadas en serio en algunos espacios, la violencia, el miedo, la constante sensación de tener que demostrar que sí somos capaces.
Y como tantas otras mujeres, yo también he conocido momentos de vulnerabilidad.
Por eso hoy quiero hacer una pausa para recordar algo esencial: el inmenso valor que habita en cada mujer.
Que nunca dejemos de reconocernos con dignidad. Que recordemos que nuestra voz merece ser escuchada, que nuestra inteligencia tiene lugar, que nuestra sensibilidad es una fuerza y no una debilidad.
Que aprendamos a tratarnos con la misma compasión con la que tantas veces cuidamos a otros. Que podamos caminar por el mundo sabiendo que merecemos respeto, seguridad y libertad.
Porque estoy rodeada de mujeres profundamente valiosas, que a pesar de las heridas siguen levantándose, creciendo y encontrando su propia voz.
Que nunca olvidemos algo esencial:
Nuestro valor no necesita permiso para existir.💜💜💜