03/12/2025
El error más grande que veo cuando alguien tiene una tendencia a comer dulce es creer que “es porque soy dulcero”.
Y no, ahí no siempre está el problema… y por eso nos cuesta cambiar.
Déjame contarte algo incómodo:
La hora en la que te da por atacar lo dulce dice más de tu biología que de tu fuerza de voluntad.
Pero casi nadie lo sabe, así que seguimos repitiendo: “soy goloso, qué le voy a hacer”… mientras el cuerpo está gritando otra cosa.
Piensa en esto:
¿Por qué a las 3-4 p.m. aparece ese antojo como reloj suizo?
¿Por qué en la noche el dulce te llama aunque “no deberías”?
¿Por qué un día lo controlas perfecto… y al siguiente te arrasa?
Te cuento lo que realmente pasa (y que muy pocas personas ven):
No es que seas “dulcero”.
Es que tu cuerpo está tratando de compensar un desbalance celular que vos aún no ves.
Puede ser una caída de energía, estrés acumulado, inflamación silenciosa, resistencia a la insulina…
O incluso una deficiencia nutricional que está alterando tus receptores del apetito.
Y aquí viene la parte incómoda →
Si solo peleas contra el antojo, siempre pierdes.
Porque estás intentando controlar un síntoma…
sin ver la raíz.
La buena noticia:
Cuando entiendes qué está detonando TU cuerpo a esa hora específica, el antojo deja de tener poder sobre vos.
Esa es la ventaja de trabajar con un test epigenético:
Te muestra si tu patrón de antojo viene de estrés, inflamación, falta de ciertos micronutrientes, baja energía celular o un desequilibrio hormonal…
para corregir la causa real, no para seguir peleando con el dulce.
Cuando ajustas lo que tu cuerpo realmente necesita, algo mágico pasa:
los antojos dejan de llegar a la hora exacta.
Y ahí es donde te das cuenta…
que nunca fuiste “dulcero”:
solo estabas desconectado de tu biología.