26/03/2026
A los padres y madres de familia:
No soy de compartir ni de pronunciarme ante cada tragedia que aparece. No es mi forma. Sin embargo, hay situaciones que trascienden el impacto mediático y nos obligan a detenernos, pensar y hacernos responsables como sociedad. Este es uno de esos casos.
No se trata solo de una historia dolorosa. Se trata de una oportunidad urgente para reflexionar sobre lo que estamos viendo, lo que estamos permitiendo y, sobre todo, lo que estamos dejando de hacer.
Nuestros niños, niñas y adolescentes no son responsabilidad exclusiva de ellos mismos. Son, en primera instancia, responsabilidad de sus padres… pero también lo son de una sociedad entera.
Una sociedad que no vigila, no protege, no contiene y no nutre a su niñez, es una sociedad que está profundamente enferma.
Es necesario hacer conciencia también sobre los actores sociales: instituciones, profesionales, sistemas educativos y de protección. No basta con existir como estructura. Se requiere intervenir con conciencia, con ética y con humanidad.
Detrás de decisiones drásticas como las que hoy nos duelen, hay historias de vulneración, de abandono emocional y de sistemas que no supieron sostener.
El trauma infantil no desaparece con el tiempo. Se transforma, se esconde, se adapta… pero si no encuentra un entorno seguro para sanar, deja secuelas profundas en la identidad, en las relaciones y en la vida misma.
Hoy más que nunca, el llamado es hacia nosotros: padres y madres.
Criar no es solo proveer. No es únicamente garantizar estabilidad económica.
Los hijos se sostienen en vínculos: en miradas presentes, en abrazos oportunos, en límites amorosos, en correcciones que guían y en relaciones auténticas que les permitan sentirse vistos, escuchados y validados.
Nuestro país no está ajeno a esta realidad. Este no es un caso aislado. Es un reflejo.
Los derechos humanos no son un discurso. Son una práctica diaria. Y cuando fallan en su esencia —proteger la vida, la dignidad y el desarrollo—, la violencia encuentra espacio para crecer.
Hoy, más que señalar, nos corresponde asumir.
Porque, tristemente, a esta joven… la humanidad le falló.