16/01/2026
Reconocer el valor de nuestras “pequeñas victorias”, en la práctica y en nuestro día a día. Algo que muchas veces olvidamos.
Más que un viaje a una tierra lejana y exótica, India es una peregrinación hacia nuestros adentros, hacia esos espacios profundamente íntimos que no se comparten, tanto luminosos como oscuros. India nos revela, a veces de forma poética y otras de manera directa, aquello que queremos y no queremos ver de nosotros mismos.
¿Has reflexionado alguna vez sobre la importancia y el valor que le das a tus pequeños logros? Enero suele ser el mes de los propósitos, de los Vision Boards, de plantear metas y objetivos. En ese proceso, si de verdad estamos comprometidos, solemos diseñar indicadores para medir el avance. Motivados por el inicio del año y llenos de ilusión, esos factores de medición suelen ser altos. Nuestras expectativas también lo son.
No me malinterpreten: no soy conformista ni autoindulgente. Creo que se vale soñar y apuntar a las estrellas, pero sin olvidar que el camino hacia ellas está construido por la suma de muchos pequeños pasos. Suman más un conjunto de pasos constantes que un gran salto esporádico y solitario.
En estos últimos días, mi práctica me ha recordado precisamente eso: el gran valor de los pequeños pasos. Esos logros que quizá no nos emocionan tanto, pero que, si los observamos con humildad y atención, son clave para seguir profundizando y acercándonos a aquello por lo que hemos trabajado y que tanto deseamos.
Quienes somos exigentes con nosotros mismos —me incluyo en ese grupo— solemos poner la vara de medición demasiado alta y olvidamos el valor de los logros cotidianos. Qué importante es tomar consciencia de ellos y recordar que la vida no es una carrera de velocidad, sino una aventura de resistencia: mantenerse constante, descubrir habilidades y fortalezas en el proceso.
El yoga, como opción de vida, es precisamente eso: la suma de muchos pequeños pasos realizados con constancia y consciencia.
Si por alguna razón te sentís estancado en tu práctica o en tus proyectos, pero has sido constante y te has movido con claridad y sentido, quizá valga la pena detenerse un momento para identificar los “pequeños logros” que esconde el camino recorrido. Celebrarlos, aunque sea en silencio, darte una palmadita en la espalda y reconocerte el esfuerzo realizado.
Tal vez aún no estás donde querés llegar, pero indiscutiblemente estás más cerca o más preparado para hacerlo. Quizá la fuerza que sentís que te falta se esconde, justamente, en reconocerte lo logrado.