17/04/2026
..aquí más acerca de mi práctica con clientes : IC Invisible Connected by Tatiana
Fehrenbach ( versión espanol ):
Sumergidos en las profundidades y vibraciones energéticas del intestino grueso:
Le llamo "quería tenerlo un poco más"; todo lo que no queremos soltar se apega, se atesora, se guarda y se esconde, en parte en el intestino grueso. Y con firmeza, tenacidad e inquebrantablemente. También ante nosotros mismos. Y no se trata necesariamente de recuerdos, experiencias, aventuras, momentos agradables o felices. Más bien, es la fuerza y gravedad de un impacto emocional que nos afectó profundamente dejando una huella irreparable, cual se ha apoderado de nosotros inconscientemente.
Especialmente el querer olvidar y deshacerse de una experiencia dolorosa, provoca un efecto de pánico visceral y es especialmente este órgano que reacciona resistiéndose, aferrándose aún más en un temor aterrante a quedar “sin nada”. El más profundo de todos los miedos se expresa en el interior invisible de nuestro inconsciente, más vale morir que soltar y perderlo todo. El deseo de comunidad y "pertenencia" a la misma está anclado en el intestino grueso.
Cada sentimiento profundo con algo o alguien trae consigo el deseo de conexión, de contacto, de unión. O incluso de evitar lo mismo, si el contacto con el mundo exterior se ha experimentado traumáticamente, de modo que la única salida se convierte en evitar encuentro, en la soledad elegida por uno mismo. Si la comunidad no podía ser un lugar seguro para nosotros, nuestro yo interior más profundo reacciona con miedo, porque ya no nos sentimos seguros en ningún lugar.
Nuestro yo interior ya no puede distinguir o seleccionar entre conexiones “buenas” y “malas”. Al haber sufrido el sentirse incapaz de defenderse, en completa vulnerabilidad y fragilidad sin recursos de protección, el conectar implica un riesgo y un peligro incalculable. Dependiendo de haber experimentado la puñalada y la brutalidad de sentir rechazo, o pérdidas dolorosas sin forma de ser capaz de reencontrar estabilidad o regulación emocional, así como el haber sentido la infiltración invasiva como un asalto íntimo y denigrante, después de una cadena de humillaciones y en última instancia, absolutamente cada encuentro llega a ser un peligro inminente a evitar. Al intestino grueso solo le queda mantener lo tóxico y emocionalmente deteriorado que lo ha envenenado, como última compañía ante completa desolación o expresar el miedo a estar a merced de la comunidad en la pérdida física de control (continencia).
En este caso se trata más bien del poder y el peso que lleva una carga emocional. Y la reacción del intestino grueso en cuanto a soportar la derrota del fracaso puede variar, pero en lo más hondo e íntimo de nosotros siempre tiene un efecto violento. Tanto es así que aquí yace la muerte y con ella una reacción psicosomática pronunciada, que, no comprendida, admitida, integrada o neutralizada por nosotros, puede generar síntomas graves, especialmente debido a un sistema inmunológico debilitado que, con aquella realidad oscura interna, ya no logra luchar por sobrevivir.
No "debo" defenderme, tengo que ocultar mi ira desenfrenada, mi dolor más profundo, mi mayor vergüenza, mi arrepentimiento, mi amor, mi anhelo, mi movimiento hacia la vida, mi deseo de pertenecer, mi odio, mi soledad, mi mala imagen de mí mismo, todo esto y mucho más tengo que ocultar. También para poder sentirlo una y otra vez. Exactamente eso, lo que no se dio para mí y tanto hubiese anhelado. Para que nos quede algún lazo emocional de apego a algo o alguien, al final para nosotros mismos, solemos conservar exactamente lo que no es bueno para nosotros, lo que no nos hace bien, pero que nos ha tocado profundamente. Por alguna razón, en la energía del más profundo abismo nos mantenemos paralizados. Entonces vivimos hoy esa energía, el sentimiento de aquel tiempo, ahí nos quedamos con un alma temerosa. Cuanto mayor el nivel de inconsciencia que lo tratamos, más fuerte nuestro cuerpo muestra el bloqueo.
Si entendemos que el intestino grueso ante todo nos necesita, nuestra comprensión, nuestro amor y compasión, el órgano puede aprender a expresarse en nuestro nivel de ser, a practicar la expresión de estas sensaciones retenidas a sí mismo y a los demás, y a ser capaz de sentirse y a encarnar en nosotros mismos y en nuestro sistema en general. Todo puede ser como es. Esto alivia un poco. Fue así, lo que ha sucedido ya no se puede deshacer.
Pero nuestra reacción a ello, tal como lo hemos experimentado, hoy no es más que una frecuencia energética en nuestro sistema nervioso, que podemos aprender a recordarnos, entender, integrar y transformar. Al respetar la sensación originalmente pura y verdadera de conmoción, en la que solo podríamos sobrevivir en la ira interna o en el cerrarnos y ponernos insensibles internamente, en esta genuina vulnerabilidad, algo nuevo puede surgir sin nombre, desde dentro de nosotros, desde otro ángulo que surja más de nuestro auténtico ser, sentimiento y esencia.
Redactado con mucho amor y devoción,
Tatiana Fehrenbach
El arte de sanación no reemplaza el tratamiento médico.