06/04/2026
Iglesias llenas… pero corazones vacíos.
Esa es, tristemente, una de las realidades de nuestro tiempo.
Hoy abundan creyentes que no escudriñan la Palabra de Dios.
La Biblia ha dejado de ser alimento, y muchos la han convertido en un amuleto:
la abren buscando frases que les hagan sentir bien, extraen versículos para alimentar su ego y la reducen a un simple libro motivacional.
Pero la Biblia no es un amuleto.
La Biblia no es un libro de autoayuda.
La Biblia es la Palabra de Dios.
Viva, eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del ser, parte el alma, discierne los pensamientos, confronta, corrige, transforma.
Es una Palabra que no solo consuela, también reprende.
No solo levanta, también confronta.
No solo anima, también forma el carácter de Cristo en nosotros.
A esto se suma otro fenómeno:
una música “cristiana” centrada en el hombre.
Canciones que hablan más de lo que Dios hace por mí que de lo que yo debo rendirle a Dios.
Letras que exaltan emociones, necesidades y sentimientos, pero que muchas veces carecen de profundidad bíblica.
Mucho sensacionalismo.
Mucho emocionalismo.
Pero poca verdad que transforme.
Se ha cambiado la exaltación a Dios por la exaltación del hombre.
Por eso hoy el llamado es urgente:
Atrévete a marcar la diferencia.
Vuelve a la Palabra.
Estúdiala. Ámala. Vívela.
No busques solo sentir, busca ser transformado.
Volvamos a la esencia del cristianismo.
Volvamos al verdadero evangelio.
Pastora: Rebeca Delgado