07/05/2026
Es inevitable no quebrarse al ver este cortometraje que refleja, con tanta sensibilidad, lo que vive una pareja tras la pérdida de su bebé.
Y no lo digo solo desde mi rol como terapeuta, sino desde el lugar más íntimo: como madre en duelo que lo ha vivido en carne propia.
Perder un hijo es perder una parte de ti, es perder un nombre que ya habías elegido, un rostro que ya imaginabas y un futuro que ya habías construido en tu mente. Es aprender a lidiar con una ausencia que pesa más que cualquier presencia.
Es uno de los dolores más grandes e inexplicables que una pareja puede atravesar. Un dolor que transforma por completo desde dentro.
Hoy puedo decir que, aunque nunca se supera, sí se aprende a seguir… y ese camino se fortalece cuando cada miembro de la pareja vive su duelo tanto de manera individual como en conjunto. Ahí nace una fuerza distinta: en el respeto, la comprensión y el acompañamiento mutuo.
Si estás pasando por esto, quiero que sepas que tu dolor es válido, que tu bebé existió en cada sueño y que no tienes que ser “fuerte” todo el tiempo. La resiliencia no es no caer, es permitirse llorar juntos para poder levantarse después.
RECUERDA VIVIR UN DÍA A LA VEZ.