04/05/2026
La Soberanía y Propiedad Absoluta de Dios
Creemos firmemente que Dios es el único y legítimo dueño de toda la creación, de la vida y de los bienes materiales. Siguiendo el testimonio de Job, reconocemos que el ser humano no es propietario, sino un administrador temporal de la gracia divina.
Fundamentos Basados en la Historia de Job
La soberanía de Dios sobre lo que poseemos se resume en tres pilares extraídos de la experiencia de Job:
El Origen y el Destino:
Reconocemos que venimos al mundo sin nada y nos marcharemos de la misma forma. Como declaró Job en su momento de mayor pérdida:
"Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá" (Job 1:21).
Esta verdad anula cualquier pretensión de propiedad permanente sobre la tierra.
La Autoridad para Dar y Quitar:
Aceptamos que Dios tiene el derecho soberano de distribuir Sus bendiciones y de retirarlas según Su perfecta voluntad. Nuestra fe no depende de la abundancia, sino de la confianza en aquel que dice: "Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito" (Job 1:21).
La Insignificancia del Reclamo Humano:
Entendemos que nadie puede exigir cuentas a Dios por lo que Él hace con Su creación. Ante los cuestionamientos de Job, Dios respondió recordándole quién estableció los fundamentos del mundo:
"¿Quién me ha dado a mí primero, para que yo restituya? Todo lo que hay debajo del cielo es mío" (Job 41:11).
Declaración de Compromiso
Humildad: Renunciamos al orgullo de creer que nuestras riquezas o logros son fruto únicamente de nuestro esfuerzo, reconociendo que todo proviene de Su mano.
Confianza:
Descansamos en la paz de saber que, si Dios es el dueño de todo, Él tiene el control incluso cuando enfrentamos la escasez o el dolor.
Adoración: Nos comprometemos a bendecir Su nombre tanto en la abundancia como en la prueba, entendiendo que nuestra mayor posesión no es lo que tenemos, sino a Quién pertenecemos.
Conclusión:
Al igual que Job al final de su jornada, declaramos que Dios todo lo puede y que ningún pensamiento se puede esconder de Él (Job 42:2). Él es el Dueño; nosotros, Sus siervos agradecidos.