31/05/2026
NO TE QUEDES EN EL LUGAR SANTO
2° parte
Por Abraham Sánchez
"Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: en la primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición. Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, ... Y así dispuestas estas cosas, en la primera parte del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto; pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo" (Hebreos 9:2, 3, 6 y 7).
Ya vimos en un tema anterior que la entrada de Cristo al santuario celestial tuvo una etapa precursora o inaugural que conllevó una ceremonia de diez días hasta el Pentecostés cuando se derramó el Espíritu Santo y comenzó la intercesión en el lugar santo.
La secuencia de oficios en el santuario por parte de los sacerdotes y del sumo sacerdote, en el santuario terrenal simbólico, tiene una realidad en el santuario celestial con Cristo.
Él desarrolló los servicios del atrio, siendo ofrenda y oferente; cordero y sacerdote. Luego pasó al santuario celestial y dedicó el santuario, hasta que diez días después inició la intercesión del lugar santo o primer departamento. Luego pasó al lugar santísimo para la purificación del santuario.
Nosotros estamos invitados a recorrer el camino del santuario.
"Por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne" (Hebreos 10:20).
Es interesante que el camino del santuario al que estamos invitados a transitar, es el camino de la carne de Cristo. Es una metáfora muy fuerte, pero brillantemente comunicadora.
Si nosotros no vemos el camino del santuario como una experiencia espiritual donde la carne es subyugada en la lucha contra el pecado, no estaremos entendiendo el santuario y su rol santificativo. Cada etapa del santuario significa una etapa del desarrollo de la vida cristiana.
Nosotros tenemos que vivir cada etapa. La primera es la del atrio. Así como Cristo pasó por cada una, nosotros debemos pasar. En el atrio Jesús dio su sangre. Nosotros debemos ser lavados en ella. Somos perdonados y declarados justos en nombre de él aunque en nosotros mismos somos pecadores y malos.
Pablo se refiere a que en esa etapa fuimos hallados mu***os en nuestros delitos y pecados (Efesios 2:1) y así fuimos declarados justos. Por los méritos de Cristo el pecador es visto como salvo, solo si cree.
Pero después debe seguir el camino del santuario. Siguiendo la ruta de Cristo, lo aceptas como ministro del santuario quien reina soberano a la diestra del Padre. La primera función de Cristo a nuestro favor, después de lo regalado en el atrio, con su muerte y su resurrección, es su coronación y entronización celestial.
Que Cristo es soberano del cielo, sacerdote-rey, nos da la garantía de ser Hijos del Salvador, quien está triunfante sobre toda potestad.
Pero luego Cristo intercede por nosotros en el lugar santo. Quien está como sacerdote-rey sobre toda la casa, sin límite de espacio que lo retenga, se entrega al ministerio del primer departamento para un tipo de intercesión que no se limita a poner su sangre a nuestro favor en sustitución.
Más aún, en el lugar santo, Cristo hará valer su sangre a nuestro favor para cambiar lo que nosotros somos y volverlo a la semejanza suya. Es una labor sobre la carne nuestra que debe subyugarla para erradicar los deseos pecaminosos. Nuestros defectos de carácter deben ser abandonados.
Es una obra progresiva que implica salir de la ignorancia para un conocimiento que nos madura y nos confirma cada día. El camino es para atravesar el velo que es la carne. Porque la carne es el impedimento del creyente. Pero cada día depende más de la guianza del Espíritu.
El cristiano no ha traspasado el velo hasta que no entre al lugar santísimo o segundo departamento. Entrar por la primera cortina del santuario no es pasar el velo. De hecho, en la Biblia nunca se le llama velo (parokét) a la cortina que da paso del atrio al lugar santo, así como no recibe ese nombre la cortina de acceso al atrio.
La experiencia espiritual del lugar santo, es aquella en que nuestros ruegos ascienden por la superación de la debilidad de la carne y donde somos sobrellevados con paciencia mientras es anotado el perdón de nuestros pecados y reincidencias.
La recurrencia al pecado sucede en la misma medida de la ignorancia. El progreso en el camino nos va llenando de luz que nos confirma en la verdad.
Pero permanecer en el lugar santo es estancarse, igual como permanecer en el atrio. Porque hay religiones del atrio; es decir que se limitan a ofrecer lo que Cristo hizo en el atrio sin ninguna aspiración a hacer cambios de la vida pasada.
No hay ningún empeño en transformar el carácter ni abandonar la vieja vida en la que fueron hallados, en sus delitos y pecados. Profesan a Cristo sin abandonar el mundo. Ese es el cristianismo moderno de la farándula.
El cristianismo del lugar santo se satisface con el perdón recurrente, creen en un cambio del carácter, pero aceptan que la debilidad es consentida con tal de que recurramos por el mismo perdón mil veces e infinitamente. La vida de la debilidad se convierte en una profesión consumada. Un atolladero del que no se tiene que salir porque Cristo lo superó por nosotros y nos bastaría con su perdón infinito y la perfección suya nunca nuestra.
Realmente esa oportunidad del lugar santo es válida para todos aquellos que no tienen acceso al conocimiento. Pero en la medida que el conocimiento impartido en el lugar santo nos deja sin argumento para pecar, más si el conocimiento es una impartición de poder, la sangre de Cristo y su valor intercesor se anulan para nosotros.
Es así como muchos viven el cristianismo del atrio y otros viven el de lugar santo sin aspirar al santísimo.
Pidamos a Dios que nos guíe al santísimo.
El lugar Santísimo es el último lugar del recorrido por el camino nuevo y vivo que Jesús nos abrió. Allí nuestros pecados son perdonados y borrados. Es una diferencia importante de entender en relación al atrio y el lugar santo.
1. El atrio nos regala el perdón en nuestros delitos y pecados.
2. El lugar santo anota a nuestro favor el pecado y nos capacita para que no esté más en la práctica de la vida y trabaja con ese objetivo.
3. El lugar santísimo trabaja, no para apuntar un perdón a nuestro favor como en el santo, sino para borrar el registro de nuestros pecados.
Eso debe ocurrir en la carne, es decir, la carne debe ser circuncidada del todo. Esa decisión aunque se toma desde el principio, en la cruz, necesariamente es de todo el camino hasta un logro total.
El santísimo borra nuestros pecados, no sólo de los libros, sino del alma.
Muchos permanecen en el lugar santo porque no aspiran a la perfección. Es agradable saber que tenemos un abogado que comprende nuestras debilidades y que está dispuesto a perdonarnos. Pero el pecado deliberado anula la sangre de Cristo.
Si seguimos a Cristo en el camino del santuario debemos pasar velo adentro donde Jesús entró ahora para purificar el santuario del alma; porque la verdadera purificación ocurre en el corazón.
EGW vio a un grupo que no siguió a Cristo en su paso del santo al santísimo, y Satanás ocupó ese lugar donde esparcía una influencia agradable pero no de santidad.
Por agradable que sea experimentar el perdón, si no se produce una santificación de la vida, en una victoria sobre el pecado, todo se convierte en una monotonía vacía y sin vida.
Aunque el paso al lugar santísimo tiene un momento histórico pretérito, muchos no han dado un paso hacia el santísimo. De hecho, algunos que entraron al lugar antísimo están tratando de volver a abrir la puerta que una vez cerraron.
En esa amenaza estamos bien acosados. Todo esfuerzo por negar la perfección que Dios espera de nosotros busca impedir el avance al santísimo o abrir la puerta de retroceso al santo.
No te quedes en el lugar santo.
Bendiciones.
Abraham Sánchez 👈
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