Abraham Sánchez

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LA SEPTUAGÉSIMA SEMANA, SUS EVENTOS Y LA UBICACIÓN DE ANTÍOCOPor Abraham Sánchez  "Y por otra semana confirmará el pacto...
10/04/2026

LA SEPTUAGÉSIMA SEMANA, SUS EVENTOS Y LA UBICACIÓN DE ANTÍOCO
Por Abraham Sánchez

"Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador" (Daniel 9:27).

Los adversarios de la profecía de los 2300 años niegan el principio día por año en los periodos de tiempo de Daniel. Niegan que la profecía se extienda hasta 1844, y ponen el cumplimiento de la semana septuagésima (70) antes de la primera venida del Mesías.

Dentro del periodo correspondiente a esa semana ponen la incursión del rey Antíoco Epifanes IV como la abominación al santuario. Eso ocurrió aproximadamente 160 años aC.

Cuando en Daniel se dan las setenta semanas se señalan eventos que no pueden ocurrir en pocos días por lo extenso de los hechos anunciados. Se trata de tres etapas. La primera es la reconstrucción de Jerusalén que ocurriría en las primeras siete semanas.

"Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas...; y se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos" (Daniel 9:25).

Solo una irreflexiva lectura puede concluir que esa reconstrucción pudo realizarse en 49 días literales [ó 7 semanas]. Los mismos rabinos de los tiempos de Jesús daban casi con la misma precisión el tiempo en años: "Dijeron entonces los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú lo levantarás en tres días?" (Juan 2:20).

La segunda etapa es un periodo de 62 semanas: "habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas". Las 62 semanas discurren desde el final de las primeras siete y son un plazo para la llegada del Mesías a su ministerio público: "hasta el Mesías Príncipe" (Daniel 9:25).

El ministerio de Jesús comenzó en el año 27 dC. Es el año que da fin a las 62 semanas a la vez que da inicio a la septuagésima (70) semana.

Desde los tiempos que la historia data las actividades de reconstrucción y retorno de los cautivos hebreos hasta el Mesías es imposible que se puedan contabilizar en forma literal solo 434 días o 62 semanas. Cualquiera sea el tiempo es cosa de años.

Hasta ahora los años dados son para eventos muy definidos: 1° un decreto para la reconstrucción; 2° un tiempo de ejecución; 3° un plazo para la llegada del Mesías; 4° la aparición de Jesús en el tiempo exacto, en la semana sesenta y nueve (69).

La tercera etapa contiene solo una semana. Pero los eventos ocurridos en ella son trascendentales. Esta semana se divide en dos. Es decir que hay un evento importante que ocurre a mitad de ella. Enumeremos los eventos que menciona Daniel para la semana:
1° "Se quitará la vida al Mesías" (Daniel 9:26).
2° "se confirmará el pacto con muchos" (v. 27).
3° "A la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda" (v. 27).
4° "Terminar la prevaricación".
5° "Poner fin al pecado".
6° "Expiar la iniquidad".
7° "Traer la justicia perdurable".
8° "Sellar la visión y la profecía".
9° "Ungir al Santo de los santos". (Vea Daniel 9:24). (Los puntos 4° hasta el 7° tenían su expectativa máxima en la última semana, pero debían trabajarlos desde el principio).

Cuando veamos cada uno de estos eventos en su cumplimiento y significado resaltará prístinamente la falsa conjetura de Antíoco IV como cumplimiento de la profecía.

Resulta que la forzosa aplicación de Antioco a la abominación se introduce en la septuagésima semana. Los dos periodos anteriores no lo asimilan rotundamente. Pero la mención de la abominación aún se presenta como un suceso posterior.

El hecho de que las siete semanas más las sesenta y dos nos llevan "hasta el mesías príncipe" demuele la teoría de Antioco, quien gobernó Siria desde el año 175 al 164 antes de Cristo. Cristo vivió mucho más de ciento cincuenta años después. Es obvio que a Daniel se le está hablando de la promesa del Mesías davídico (el anunciado por David).

El sacrificio del Mesías ocurre "después de las sesenta y dos semanas" (versículo 26). Estamos viendo que la abominación del santuario ¡no puede ocurrir 160 años antes de Cristo!! ¡Imposible!! La abominación es posterior a las setenta semanas: "DESPUÉS, con la muchedumbre de las nominaciones vendrá el desolador" (v. 27).

La abominación desoladora debía ocurrir después de agotado el tiempo de gracia para Israel que se extendía hasta el Mesías. La muerte del Mesías sería la causa del fin o plazo de las 70 semanas de gracia.

La abominación que se adjudica a Antioco es la mencionada entre los sucesos de la septuagésima semana pero está anunciada como un hecho posterior a las setenta: "setenta semanas están determinadas para tu pueblo". Si en esas semanas no alcanzaban las metas propuestas sufrirían graves consecuencias. Antíoco queda atrás en la secuencia histórica para ejecutar sentencia sobre Jerusalén.

Analicemos los puntos que se cumplen durante la septuagésima semana y posterior a ella:
1° "Se quitará la vida al Mesías" (Daniel 9:26).
Este suceso ocurre en la semana septuagésima ("después de las sesenta y dos semanas") que según los proponentes de Antioco es la de la abominación de éste. Totalmente contradictorio.

2° "Se confirmará el pacto con muchos" (v. 27).
¿Qué es el pacto, y qué es confirmarlo con muchos? El pacto es entre Dios e Israel. Dios los había escogido para ser nación exclusiva (Éxodo 24:7,8; Josué 24:24,25). pero después de las setenta semanas, al final de la última, el pacto alcanzaría a los gentiles:

"Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo. Porque reprendiéndolos dice:
He aquí vienen días, dice el Señor, en que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos no permanecieron en mi pacto,
Y yo me desentendí de ellos, dice el Señor. Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; Y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo" (Hebreos 8:7-10; Vea Romanos 9:23-30).

3° "A la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda" (v. 27). Según los proponentes de Antioco el cese del sacrificio y la ofrenda se refieren a la suspensión que hizo éste en su incursión temporal al santuario. Pero esa conclusión trasluce una insensibilidad de comprensión del tema.

A través de los siglos el santuario se interrumpió varias veces sin que se anunciara un cese de su función. Porque se trataba de la misión suprema del santuario en relación con el pacto de Dios. Las invasiones extranjeras se presentaban al pueblo como un castigo de Dios, no como un rechazo de él. Junto con los castigos traídos por naciones extranjeras había una promesa de castigo para los invasores y una promesa de restablecimiento.

Pero las setenta semanas son un plazo que miraba al objetivo supremo de la nación, que era su razón de existir. El Mesías era el anuncio descrito en todo el ritual del santuario y solo era alcanzado cuando él viniera. Solo el sacrificio y la ofrenda de Cristo en el Calvario dejaban obsoleto el santuario judío.

Lo cierto es que después de Antioco el santuario siguió su curso normal de sacrificios y ofrendas hasta que la profecía se cumplió en Cristo.

Una indicación sobrenatural reveló que ese santuario, con sus sacrificios, quedaba obsoleto con la rotura del velo a la hora de la muerte de Jesús.

4° "Terminar la prevaricación".
La "prevaricación asoladora" (וְהַפֶּ֣שַׁע שֹׁמֵ֔ם pesah somem) es el pecado del sacerdocio que ahuyenta la gracia de Dios por su conducta corrompida. Es lo que provoca la justa indignación divina a la corrupción administrativa. Es distinto a la abominación asoladora, que es traída por la incursión extranjera. La prevaricación prepara el camino para la abominación.

5° "Poner fin al pecado".
Se refiere al logro del sacrificio del Mesías cerca del fin del plazo de 70 semanas. Está en los objetivos de Dios superar la práctica pecaminosa. La palabra "pecado" (jatta'th) se traduce a veces como "ofrenda por el pecado". Así hace referencia al fin del sistema ritual.

6° "Expiar la iniquidad".
La expiación es la obra de Cristo en la cruz. Ocurre en la septuagésima semana y no en tiempos de Antioco.

7° "Traer la justicia perdurable".
Es un hecho que se cumple en Cristo. El sacrificio de Cristo descartó eternamente la posibilidad de triunfo del pecado.

8° "Sellar la visión y la profecía".
La confirmación de la profecía se establece con el cumplimiento de los eventos en las setenta semanas. La visión queda sellada cuando las setenta semanas se cumplen. Eso determina que los eventos que están fuera del tiempo 'determinado' para la ciudad de Daniel se cumplirán sin duda. El enfoque principal de la profecía es lo que ocurrirá en "el tiempo del fin", y lo anunciado vendrá de la manera de vino lo ya sucedido.

9° "Ungir al Santo de los santos". (Vea Daniel 9:24).
El "santo de los santos" (qódesh qodashim) es una expresión que puede referirse al santuario. La unción del santuario sucede con la entrada de Cristo en él al llegar al cielo. Tanto Cristo como el santuario celestial fueron ungidos para un ministerio de intercesión que permanecería hasta el tiempo del fin.

La abominación desoladora mencionada en Daniel fue referida por Jesús en su sermón profético. Él dijo: "Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda)" (Mateo 24:15). Es evidente que la abominación era un suceso todavía del futuro.

También Jesús se refirió al "tiempo del fin" de Daniel y lo proyectó para el futuro: "Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin" (Mateo 24:13-14).

Una dislocación en la profecía puede llevarte a la pérdida del verdadero Mesías y a desconocer los tiempos que señalan la proximidad de su regreso. Pero tú puedes confiar en la palabra profética más segura, a la cual puedes estar atento como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro (2 Pedro 1:19).

Bendiciones.
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EL PRINCIPIO DÍA POR AÑOPor Abraham Sánchez   "Cumplidos éstos, te acostarás sobre tu lado derecho segunda vez, y llevar...
09/04/2026

EL PRINCIPIO DÍA POR AÑO
Por Abraham Sánchez

"Cumplidos éstos, te acostarás sobre tu lado derecho segunda vez, y llevarás la maldad de la casa de Judá cuarenta días; día por año, día por año te lo he dado" (Ezequiel 4:6).

A pesar de lo evidente que es el hecho de que las profecías de Daniel se cumplen en dilatados años, algunos dicen que las cifras manejadas en el libro son días y no años. No ven en la designación de días una clave simbólica propia del lenguaje profético.

Tenemos el precedente de que al profeta Ezequiel se le dieron días por años en el cumplimiento de tiempo de su profecía (4:6), y que otros momentos del Génesis también usa el mismo modelo (Génesis 29:27,28). De cualquier forma que se quieran ver estos textos, dejan claro el razonamiento y el precedente de día por año.

La discusión sobre el principio de aplicación de días por años llena volúmenes tediosos y nutridos de datos, muy valiosos por cierto. Pero creo que la Biblia, que está hecha para alcanzar a los humildes y a los que no tienen tanta duda e incluso a los que no pueden hacer tanta investigación, tiene las fórmulas simples para ver la relación entre tiempo y evento señalados.

La profecía de los 2300 días no se trata solo de una cifra de tiempo sino de eventos, recalcamos. La profecía mira al tiempo del fin, que se trata de nuestro tiempo; y dice que el santuario debe ser purificado.

El capítulo 8 y su tema está continuado en la visión del capitulo 9 y se complementan en ese aspecto de tiempo y evento. Después de explicarle a Daniel la decisión del cielo de darle a conocer la visión, entra en detalles de eventos y tiempo que dejan sin duda el discurrir de largos años.

Los eventos ocurridos y mencionados en relación al tiempo son:
a. La purificación del santuario (8:14);
b. Debe ocurrir en el tiempo del fin (versos 17, 19, 26);
c. El tiempo se fracciona en 70 semanas para Israel y su santuario, y luego el tiempo restante para el santuario del Mesías: "el santo de los santos" (9:24);
d. El periodo de Israel está a su vez fraccionado en tres: 7 + 62 + 1 semanas = 70 (9: 25 - 27);
e. Los eventos de cada fase de semanas son: la reconstrucción de Jerusalén, la llegada del Mesías para su bautismo en el año 27 dC., su muerte, y el paso del reino a los gentile, año 34; (ib.);
f. El punto de partida para el conteo de los periodos es la orden dada para restaurar a Jerusalén (verso 25);
g. La muerte del Mesías del año 31 ocurre a mitad de la semana 70: eso es tres años y medio después de su bautismo;
h. La unción del "santo de los Santos" ocurre en el año 31 en el ascenso del Mesías al cielo;
i. El evangelio pasa a los gentiles con la conversión de Pablo en el año 34.

Como usted puede notar, los periodos de tiempo y los eventos discurren en un espacio que no es posible medirlos en días. ¿Cómo pueden ocurrir en días las siete semanas de reconstrucción de la ciudad de Jerusalén? El mismo registro histórico le atribuye aproximadamente 50 años (Juan 2:20).

¿Cómo puede considerarse coincidencia que la unción del Mesías príncipe en el año 27 en el bautismo de Juan ocurriera en el tiempo exacto anunciado en años y no en días? ¿Cómo ocurre exactamente en una semana de años y no de días el bautismo, la muerte del Mesías a mitad de esa semana y al final de ella el paso del reino a los gentiles en el 34?

Son todas buenas consideraciones y preguntas entre tantas, para los que no quieren ver el principio "días por años" en las profecías.

Pero "los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán" (Daniel 12:10).

¿Eres de los entendidos?

Bendiciones.
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LAS ENCÍCLICAS PAPALES TRAZAN LA PAUTA DEL MUNDOPor Abraham Sánchez  "Y su poder se fortalecerá, mas no con fuerza propi...
08/04/2026

LAS ENCÍCLICAS PAPALES TRAZAN LA PAUTA DEL MUNDO
Por Abraham Sánchez

"Y su poder se fortalecerá, mas no con fuerza propia; y causará grandes ruinas, y prosperará, y hará arbitrariamente, y destruirá a los fuertes y al pueblo de los santos. Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá, y sin aviso destruirá a muchos; y se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano humana" (Daniel 8:24-25).

Las encíclicas papales tienen una influencia decisiva tanto en lo religioso como en lo político: son documentos de enseñanza que orientan la doctrina Católica y, al mismo tiempo, marcan pautas éticas y sociales que impactan en debates públicos y legislativos.

En la práctica, funcionan como puentes entre la fe y la vida social, influyendo en creyentes, gobiernos y movimientos sociales.

La influencia religiosa rige el magisterio de la Iglesia. Las encíclicas son una de las formas más altas de enseñanza papal, dirigidas a obispos, clérigos y fieles. Refuerzan la doctrina y clarifican temas teológicos y morales.

También aspiran a la completa unidad doctrinal, ayudando a mantener coherencia en la interpretación de la fe en todo el mundo Católico.

Son la máxima influencia en la orientación espiritual de todo occidente, y no solo abordan dogmas, también ofrecen reflexiones sobre cómo vivir la fe en contextos modernos (ejemplo: Laudato Si’ sobre ecología).

Ésta no solo determina la política a seguir en la ecología, tema que es la agenda global realmente más imperiosa, sino que insiste en el domingo de reposo espiritual bajo la determinación legislativa, por causa de la urgencia.

Como influencia política y social muchas encíclicas tratan temas económicos, laborales y políticos, iluminando debates sobre justicia social, dignidad humana y derechos laborales.

El impacto en legislaciones es importante, porque aunque no tienen fuerza legal, han inspirado leyes y políticas públicas, especialmente en temas de derechos humanos, paz y medio ambiente.

El Papa, a través de estas cartas, se dirige no solo a Católicos, sino a toda la humanidad, influyendo en líderes políticos y organismos internacionales. La confesión religiosa de muchos incumbentes de estado y funcionarios, determina en los organismos legislativos y carteras administrativas.

Algunos ejemplos históricos podemos señalar. La Encíclica Pacem in Terris, 1963, se refirió a la paz y a los derechos humanos e Influyó en debates sobre la Guerra Fría y la ONU.

Laudato Si’, 2015, se refirió a la ecología integral. Dio impulso a políticas ambientales y acuerdos internacionales sobre cambio climático.

La influencia religiosa de las Encíclicas papales refuerza la identidad Católica y guía la vida espiritual de la sociedad.

Aunque en lo político no imponen leyes, ofrecen principios éticos que influyen en legisladores, movimientos sociales y debates internacionales. Los organismos legislativos toman muy en cuenta la influencia de la religión y sus intereses para sus aspiraciones de conveniencia.

La religión aprovecha la dinámica de la política que solo tiene como norte sus ambiciones por encima de todo principio moral.

El impacto de las Encíclicas depende del contexto cultural y político; en sociedades más secularizadas, su influencia es menor, mientras que en países con fuerte tradición católica su peso es significativo.

Europa es el continente más dominado por la influencia papal, a pesar de que en el presente otras religiones ganan mucha preferencia popular.

América Latina es poderosamente influenciada por el catolicismo, de tal manera que es un producto directo de su cultura. Esta influencia a llevado a muchos países latinos a hacer acuerdos de concordatos en los que muchas veces hasta comprometen la soberanía nacional.

Norteamérica se proclama como el garante de las libertades religiosas y por naturaleza constitutiva es antipapal y antimonárquica. El derecho individual y de libre creencia religiosa ha sido una enseña que ha levantado Estado Unidos desde su fundación.

Pero Norteamérica está en la agenda papal como un logro supremo. El surgimiento de Norteamérica con su principio de libertad religiosa anti papal y anti monárquica ha sido el peor revés que ha sufrido la Iglesia papal junto con la Reforma protestante y la Revolución Francesa.

La huída de los protestantes desde la Inglaterra sumisa y piadosa del siglo XVII en aquella embarcación Mayflower que zarpó hacia el Nuevo Mundo, significó un escape de las manos del control total del mundo. El protestantismo que le había causado una baja tan enorme estaba a punto de ser exterminado y sofocado del todo en Europa.

Pero la iglesia papal, que traza planes de siglos para sus objetivos de poder, tiene en su agenda a América completa. Los protestantes que antes la socavaban, ahora son sus patrocinadores.

La influencia protestante en América es la mayor garantía del papado para una nación controlada religiosamente. Una nación que se incline por leyes religiosas es la peor desgracia que la libertad humana pueda tener desde que existe, ya que es la época de mayores avances, expansión y poder.

Una iglesia papal con un imperio de un poder impensable de su parte, es algo que aterrorizaría hasta en cielo.

Los conflictos políticos de la actualidad, que confrontan a Norteamérica con países de otras culturas religiosas, no solo tienen metas económicas. Detrás de todo está la religión. Es en cristianismo occidental contra esas religiones.

Aunque veamos silencio de parte del papado, la lucha contra países de religiones que le adversan envuelve todo su empeño. El dominio global de occidente, al final será el triunfo de su religión. Y nada anhela más el papado que eso.

Los Estados Unidos necesitarán del respaldo moral y político de la religión para alcanzar sus planes globalistas. Y la religión necesita del poder civil para lo mismo. La imposición de leyes religiosas desde el Estado será como en todos los siglos pasados la forma de regir al mundo.

Aunque algunos no quieran aceptarlo, en el mundo de las luces y el conocimiento, se producirá el mayor atropello de las conciencias y por ende de la vida. La Biblia es clara en eso y se cumplirá todo lo profetizado.

Tu papel y el mío es luchar por las libertades de nuestra fe; exaltar los principios morales de la ley de Dios y la exaltación del único Salvador, el Señor Jesucristo.

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Desmond Ford:PERDIDO EN EL TIEMPO PROFÉTICOPor Abraham Sánchez "Cumplidos éstos, te acostarás sobre tu lado derecho segu...
07/04/2026

Desmond Ford:
PERDIDO EN EL TIEMPO PROFÉTICO
Por Abraham Sánchez

"Cumplidos éstos, te acostarás sobre tu lado derecho segunda vez, y llevarás la maldad de la casa de Judá cuarenta días; día por año, día por año te lo he dado" (Ezequiel 4:6).

Desmond Ford se sumergió en el estudio crítico de las profecías bíblicas después de tener largos años de profesor de teología en las más altas academias Adventistas.

Erudito por demás, se debatió de momentos en las corrientes interpretativas de Brinsmead, con quien se alineó y con quien otras veces se polarizó.

Parece que el espíritu voluble y cambiante de Brinsmead se inyectó en Desmond Ford, y cambiar y renunciar de creencias para aventurar en otra forma de creer e interpretar, se hacía trivial.

Los intérpretes Adventistas están claros en los principios básicos en que radica la profecía:
(1) una cadena de imperios,
(2) un plan de Dios con los pueblos y la iglesia,
(3) una norma para los hombres que los capacite para el juicio venidero,
(4) una evaluación del cielo sobre los que serán levantados,
(5) una crisis escatológica que indica el desenlace de la historia y las señales del establecimiento del reino en el tiempo del fin. Etc.

Entre los objetivos de la profecía está la indicación de los eventos según las etapas del tiempo, sobre todo "el tiempo del fin".

Ese aspecto tan señero en el cronograma profético fue el que Desmond Ford perdió de vista. La definición de un santuario en el cielo con etapas del trabajo de intercesión en pro de un juicio a las naciones, al cuerno pequeño y a los individuos, dejó de valorarse con la excusa de una concentración en la cruz del significado de cada evento y sus momentos.

Pero la profecía, de una manera inevitable proyecta una etapa de contaminación del santuario y otra de purificación. El santuario es la morada de Jesús y su centro de operación hasta que concluya y regrese. Ford prefiere evitar el cumplimiento de esos eventos de extensa historia y su desenlace escatológico para fijarlos en un pasado previo a la cruz.

El santuario contemplado en la profecía comprende al pueblo de Dios de los diversos imperios previos y posteriores a Cristo. Contempla una espera, una llegada y una conclusión escatológica después de una confrontación con los reinos del mundo hasta poner a los enemigos debajo de los pies.

El tiempo profético involucrado en la cronología, al ser inevitable, impuso otra aplicación para Ford y su corriente, y definieron otro cuerno pequeño, otro santuario, otra contaminación, otra purificación, y otra manera de computar los días, todo rompiendo el modelo histórico que antes había enseñado por años.

Sobre todo, Ford se centró en otra escatología que redefinía el tiempo en que la piedra golpeaba los pies de la historia: Sería previo a la cruz si Antíoco IV cumplía las 70 semanas.

La profecía señala 2300 días para la purificación del santuario. Contrario a lo declarado y lo sugerido en el texto, Desmond Ford se inscribió en la línea de contar 2300 sacrificio y contar solo el de la mañana o día, para reducirlos a la mitad y contar solo 1150. ¡Una peripecia admirable!

Así, 1150 días dejan de ser años proféticos y se cumplirían más de 160 años antes de Cristo, con Antíoco Epífanes IV. Y aunque la profecía prevé asuntos relativos al plan de siglos de la humanidad con mira a una restauración completa, todo queda reducido a una observación estrecha hacia el santuario hebreo.

1150 sacrificios no tienen nada que ver con los 2300 días indicados y mal aplicados al tiempo de reinado de Antíoco IV. Para aplicar a individuos particulares las profecías bíblicas que se refieren a reinos o imperios, hay que hacer malabares que terminan desenfocando el sentido de la revelación:

Resulta que el cuerno pequeño sale de uno de los cuatro vientos a los que se expandieron los cuatro poderes en que se dividió Grecia ("el reino primero"); y aunque los cuatro cuernos son cuatro reinos de larga data histórica, resulta que el cuerno pequeño de Desmond Ford no es un poder o reino sino una persona.

Es una tendencia que hoy siguen algunos exaltados intérpretes con las personas de los papas y las siete cabezas de Apocalipsis 17: desnaturalizan el hilo histórico y la secuencia de reinos contemplados en la narración y lo reducen a personas.

En la profecía un desvío arrastra al otro. Y cuando las teorías surgen con el ánimo de huir de lo establecido, fácilmente se llega al extremo y se asimilan los razonamientos más estrambóticos.

Que el Señor te ayude a contar y a aplicar correctamente el tiempo de la profecía.

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PAZ CON DIOS EN LA DEBILIDAD DE LA CARNEPor Abraham Sánchez  "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios p...
06/04/2026

PAZ CON DIOS EN LA DEBILIDAD DE LA CARNE
Por Abraham Sánchez

"Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo" (Romanos 5:1).

Definitivamente, la carne es débil y la lucha contra el pecado es la más titánica que hombre alguno deba librar. Todo el que emprende la carrera por la perfección descubrirá que tiene sobre su ser un poder que lo lleva cautivo, que se sobrepone a sus decisiones, que embarga sus deseos y anhelos.

Uno de los paradigmas de la victoria sobre el pecado fue Pablo, y llegó a decir: "¡miserable de mi! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?" (Romano 7:24). Otro santo de Dios que nos dejó un testimonio trascendente y que trazó la pauta para la discusión teológica que ha ocupado los últimos 5 o 6 siglos fue Lutero.

Lutero contó que vivió años de amargura en su lucha contra el pecado. Se mortificaba y disciplinaba su cuerpo por rigurosas y tediosas liturgias. La religión a que pertenecía enseñaba oficialmente que por medio de la vida esforzada en las obras y en las penitencias lograría la meta de la salvación. Naturalmente que las obras que pedía la iglesia de su formación, se desviaban de las peticiones de la Biblia para seguir otros rituales definidos por ella.

De cualquier forma, ninguna obra es la base de la salvación y la fe es el único medio de lograrla. La salvación es un don gratuito que todos deben adquirir y del que hay que aferrarse para estar en paz con Dios, es decir, salvo.

Cuando Lutero descubrió que la justificación por la fe era un don gratuito de Dios y que no está basado en lo que el hombre es ni en lo que logra hacer, se encendió la luz que jamás había brillado en su conciencia. Entonces tuvo paz.

Lo que Lutero acababa de comprender es la verdad más ignorada posiblemente aún dentro de los círculos cristianos, pero a la vez más distorsionada. Por una parte, el cristiano debe vivir en la seguridad de la salvación regalada. Pero solo puede ser bajo el compromiso de que Dios espera de él toda la dependencia que garantiza la obediencia. Porque la salvación es un poder concedido que se llama obediencia.

¿Por qué la salvación es una habilitación de obediencia? Porque te libera del poder del pecado. ¡Nadie es salvo si no ha sido liberado del poder del pecado! De otra manera sigue siendo pecador, que es lo anverso a la salvación.

Hay quien cree que lo regalado de la salvación le implica un costo solo a Dios y a Cristo y no al pecador. De ser así, la salvación fuera una imposición del cielo. Si el sacrificio obrado por el cielo no hubiera encontrado respuestas agradecidas, no hubiera cumplido su efecto.

No se trata de que el hombre que es objeto de la salvación obra tal salvación en alguna manera, o que lo que le corresponde hacer le suma algo al valor de la salvación; ¡no! Es que la salvación se hace efectiva cuando alcanza al blanco de su realización.

¿Qué es lo que le corresponde al hombre?: aceptar la salvación del pecado, el cual es perdición y muerte. Así es movido de su posición. Y le toca andar como anduvo su Salvador. Es la única evidencia de la salvación. Es el compromiso. Jesús dijo: "enseñándoles que guarden todas las cosas".

Pero ahora llegamos al punto de la fe y la justificación. Porque no saltará el salvo a una vida de obediencia de un día para otro. Solo comenzará a conocerse. A descubrir que hay una ley en sus miembros que lo lleva cautivo al pecador que no quiere y que aborrece. Descubre un nivel de miseria que no había percibido.

¿Qué hacer ante esa realidad? ¿Desesperar?

Esa fue exactamente la otra fase de la justicia por la fe que Lutero descubrió, cuando se agobiaba su alma. Porque cuando creemos, aceptamos el regalo de la justicia que perdona nuestra vida pasada y nos ofrece vida eterna. Pero permanecer es otro desafío que requiere de la fe. Porque habrá caídas, chascos con nosotros mismos, impotencia frecuente, hasta agotamiento total.

Pero las caídas que se producen en el afán de obedecer no son perdición si bien son pecado. El único pecado que es perdición es el de la renuncia a la salvación y a la lucha contra el pecado.

En el intento de vencer, la caída no es perdición sino imperfección que se revela para aprender a depender más de Dios y menos de nosotros. Mientras tanto, debemos mantener nuestra resolución de seguir a la meta confiados en que el que nos justificó mantiene su palabra con nosotros y nos capacitará y fortalecerá en la prueba.

La paz que viene de la justificación por la fe nos da la paz de que quien murió por nosotros no nos abandona cuando caemos, y nos perdona el pecado si nos humillamos, porque no fue de renuncia sino de intento. No es de muerte sino de debilidad.

Cristo no cometió pecado de debilidad, y esa es nuestra aspiración. El tenía nuestra debilidad pero con la debida comunión con el Padre que nosotros no hemos alcanzado, y que él promete impartirnos. Toda debilidad es vencida en la experiencia de la dependencia con él.

Martín Lutero aprendió que sus caídas por causa de sus debilidades no anulan su salvación porque no son cometidas por un consentimiento del pecado ni por desdén de la Palabra expresa de Jehová.

La paz es una oferta de Dios y a la vez una decisión nuestra de aferrarnos a ella sabiendo que hemos iniciado un camino que lo completará el que nos llamó a la buena obra. Él nos conservará sin caída en la medida que nos enseña a depender de él.

Desde ese entendido Lutero vivió sin desesperar. No porque no caía sino porque proseguía a la meta. No inventó un discurso que justificara sus debilidades sino que cada día avanzaba a la meta con fe.

Quizás Lutero no comprendió nunca que la meta se alcanzaba aquí como lo hicieron Enoc y Elías y también Cristo [que se mantuvo sin caída y "aprendió en un nuevo sentido la obediencia"]. Aún si Lutero lo hubiera sabido, no lo habría advertido en él.

Lutero no llegó a comprender que la justificación tiene el compromiso de la obediencia de la ley. Creía en la "fe sola"; y para fines de salvación ciertamente la fe es suficiente. Pero a la fe sola le falta el complementa de su necesidad o del por qué.

La fe se define como la sustancia de lo que se espera, la demostración de lo que no se ve. Y lo que necesitamos es una fe que nos permita creer en la liberación del pecado.

La salvación toca la vida. Produce efectos permanentes en la manera de pensar y obrar.

Que el Señor te ayude a s vivir en paz en medio de la debilidad que aspira a la perfección y que no se autojustifica.

Bendiciones.
Abraham Sánchez 👈
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