09/04/2025
Cuando un país entero se estremece por una pérdida, un hecho trágico no es solo una noticia, es una herida compartida. Lo que estás sintiendo, ese n**o en el pecho, esa tristeza inesperada, esa rabia que no se apaga es real. Se llama trauma vicario, y ocurre cuando el dolor ajeno nos toca tan de cerca que se vuelve también nuestro.
No estás exagerando. No estás siendo débil. Estás siendo humano.
Como pueblo, nos ha tocado vivir muchos momentos difíciles. Pero también hemos demostrado que cuando una parte de nuestra comunidad sufre, el resto no mira hacia otro lado. Nos dolemos juntos. Nos abrazamos con la mirada. Nos sostenemos en el silencio.
Hoy más que nunca, recordemos que sentir también es una forma de cuidar. Y que cuidarnos comienza por hablar, por no cargar solos, por buscar espacios seguros donde podamos ponerle nombre a lo que nos pasa.
Permítete sentir, pero también respira. Desconéctate si lo necesitas. Habla con alguien. Haz una pausa. No pierdas de vista lo que nos hace fuertes: nuestra capacidad de seguir caminando, incluso con el corazón roto.
El dolor compartido nos une, pero también puede transformarnos. Y en ese proceso, seguimos escribiendo juntos la historia de un país que no se rinde.