03/01/2026
*Nuestra necesidad más importante*
_3 de enero_
«Con el tiempo redefinimos nuestras creencias y nuestra comprensión hasta ver que lo que más necesitamos es conocer la voluntad de Dios para con nosotros y obtener la fortaleza para cumplirla.»
_Texto Básico, p. 55_
Cuando llegamos a NA por primera vez, teníamos todo tipo de ideas sobre lo que necesitábamos. Algunos centrábamos nuestras aspiraciones en amasar fortuna personal. Pensábamos que la recuperación equivalía al éxito exterior. Pero la recuperación no equivale a éxito. Hoy en día, creemos que nuestra necesidad más importante es la orientación espiritual y la fortaleza.
El daño más grave causado por nuestra adicción fue de carácter espiritual. Nuestra motivación principal estaba dictada por la enfermedad: conseguir, consumir, y encontrar formas y medios de conseguir más. Nuestra vida, esclavizada por la abrumadora necesidad de dr**as, carecía de sentido y coherencia. Estábamos en bancarrota espiritual.
Tarde o temprano nos damos cuenta de que nuestra necesidad más importante en recuperación es «conocer la voluntad de Dios para con nosotros y obtener la fortaleza para cumplirla». Es ahí donde descubrimos el sentido y la razón de ser que nuestra adicción nos había ocultado. A través de la voluntad de nuestro Dios nos libramos de la terquedad. Como ya no nos impulsan sólo nuestras necesidades, tenemos la libertad de vivir con los demás sobre una base de igualdad.
El éxito exterior no tiene nada de malo; pero sin el contacto espiritual que nos brinda el programa de NA, por mucho «éxito» que tengamos, no queda satisfecha nuestra necesidad más importante en recuperación.
*Sólo Por Hoy:*
Trataré de satisfacer mi mayor necesidad: una relación vital con el Dios que yo concibo, que me sirva de orientación.
Lit del SxH del 3 de enero
Cuando llegamos al programa, generalmente pedimos muchas cosas que nos parecen deseos y necesidades importantes. Al ir madurando espiritualmente y encontrar un Poder más grande que nosotros, nos damos cuenta de que en la medida en que nuestras necesidades espirituales estén satisfechas, nuestros problemas cotidianos se reducen hasta tal punto que no resultan tan incómodos. Cuando olvidamos dónde radica nuestra auténtica fortaleza, rápidamente volvemos a caer en los mismos esquemas de pensamiento y actuación que nos trajeron a este programa. Con el tiempo redefinimos nuestras creencias y nuestra interpretación hasta ver que lo que más necesitamos es conocer la voluntad de Dios para con nosotros y la fortaleza para cumplirla. Podemos dejar de lado nuestras preferencias personales porque aprendemos que la voluntad de Dios para con nosotros consiste precisamente en aquellas cosas que más valoramos. La voluntad de Dios para con nosotros se convierte en nuestra propia y verdadera voluntad. Este cambio se produce de una manera intuitiva que no se puede explicar adecuadamente con palabras.
Cada vez estamos más dispuestos a dejar que los otros sean como son, sin tener que juzgarlos. La necesidad imperiosa de resolverlo todo ha desaparecido. Al principio no podíamos comprender la aceptación; ahora sí.
Sabemos que, nos traiga lo que nos traiga el día, Dios nos ha dado todo lo necesario para nuestro bienestar espiritual. Es bueno que admitamos nuestra impotencia, porque Dios es lo suficientemente poderoso para ayudarnos a permanecer limpios y a disfrutar de nuestro progreso espiritual. Dios nos está ayudando a poner nuestra casa en orden.
*UN PRINCIPIO ESPIRITUAL POR DÍA*
3 de enero
*Llegar a aceptarse*
La aceptación de nuestro padrino o madrina y el amor incondicional de nuestro Poder Superior hizo posible que nos juzgáramos con menos dureza.
_-Funciona, Duodécimo Paso_
Nadie llega a NA en medio de una buena racha. La negación nos ha ayudado a ignorar el desastre, pero esa época hace mucho que ha quedado atrás. Nuestra mente ya no nos tranquiliza diciéndonos: ¡Estás viviendo un sueño, sobre todo si tienes en cuenta las cartas tan horribles que te han tocado en esta mano!
Puede que al principio de la recuperación vislumbremos de vez en cuando la autoaceptación, pero las palizas mentales que nos damos mantienen ese optimismo a raya. Sin duda somos nuestros críticos más duros. Y esto es especialmente cierto cuando cometemos errores: no ir a ver a un amigo que lo necesita, incomodar sin querer a otro miembro, no cumplir un compromiso, volver a consumir. Incluso aunque seamos miembros con mucho tiempo en recuperación, la enfermedad sigue impulsándonos a juzgarnos. No ser realistas con respecto a nuestros errores y entregarnos a la autocompasión o la autodestrucción impiden que nos aceptemos como un proyecto en curso.
«Mi padrino, con su constante aliento ante a los desastres que yo mismo causaba, me demostró su amor incondicional y me ayudó a abrirme a la forma en que un Poder Superior se expresaba en mi vida -recordó un miembro de NA-. Conforme avanzaba mi recuperación, el caos disminuyó, pero la tentación de castigarme siguió. Compartir la naturaleza exacta de mis faltas en el Quinto Paso, y aun así que me aceptaran incondicionalmente, me ayudó a aflojar los puños un poco más rápido».
Los padrinos nos dicen la verdad sobre nosotros mismos. Esa verdad, inevitablemente, es más bondadosa, indulgente y llena de aceptación que nuestra versión de las cosas. Trabajar los Pasos con nuestro padrino o madrina nos enseña a buscar esa verdad por nuestra cuenta. Gracias a la práctica de la oración y la meditación podemos ponernos en contacto con un Poder Superior para que nos guíe hacia lo que es real -sobre nosotros mismos, nuestras decisiones, nuestros errores- en lugar de confiar en lo que nos dice nuestra mente.
---------------------------------------------------------------
_*Hoy resistiré el impulso de castigarme. En cambio, levantaré el teléfono y llamaré a mi padrino. Me tomaré un momento con mi Poder Superior y seré realista.*_
"IMPOTENTE
3 de enero
Admitimos que éramos impotentes ante el alcohol; que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables.
DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 19
No es una mera casualidad que el mismo Primer Paso mencione la impotencia: la admisión de impotencia personal ante el alcohol es la piedra angular de la base para la recuperación. Me he dado cuenta que no tengo el poder y el control que una vez creía tener. Soy impotente ante lo que la gente piense de mí. Soy impotente ante el hecho de haber perdido el tren. Soy impotente respecto a la forma en que otra gente trabaje (o no trabaje) en los Pasos. Pero también me he dado cuenta de que no soy impotente ante otras cosas. No soy impotente ante mis actitudes. No soy impotente ante el negativismo. No soy impotente en cuanto a asumir la responsabilidad de mi propia recuperación. Tengo el poder de ejercer una influencia positiva sobre mí mismo, sobre mis seres queridos y sobre el mundo en el que vivo."
Primer Paso
“Admitimos que éramos impotentes ante el al-
cohol, que nuestras vidas se habían vuelto ingo-
bernables”.
¿A quién le gusta admitir la derrota total? A casi nadie, por
supuesto. Todos los instintos naturales se rebelan contra la
idea de la impotencia personal. Es verdaderamente horrible
admitir que, con una copa en la mano, hemos deformado
nuestra mente hasta tener una obsesión por beber tan des-
tructiva que sólo un acto de la Providencia puede librarnos
de ella.
No hay otro tipo de bancarrota como ésta. El alcohol,
ahora convertido en nuestro acreedor más despiadado, nos
despoja de toda confianza en nosotros mismos y toda volun-
tad para resistirnos a sus exigencias. Una vez que se acepta
esta dura realidad, nuestra bancarrota como seres humanos
es total.
Pero al ingresar en A.A. pronto adoptamos otra perspec-
tiva sobre esta humillación absoluta. Nos damos cuenta de
que sólo por medio de la derrota total podemos dar nues-
tros primeros pasos hacia la liberación y la fortaleza. La ad-
misión de nuestra impotencia personal resulta ser a fin de
cuentas la base segura sobre la que se puede construir una
vida feliz y útil.
Sabemos que son pocos los beneficios que un alcohólico
que ingrese en A.A. puede esperar, si no ha aceptado, desde
el principio, su debilidad devastadora y todas sus consecuen-
cias.