21/05/2026
*¡Sigue viniendo!*
_21 de mayo_
«... [en las reuniones] nos mantenemos en contacto con lo que hemos sido, pero sobre todo, descubrimos hacia dónde podemos ir en nuestra recuperación.»
_Texto Básico, p. 64_
Los adictos son diferentes de muchas maneras. Cuando llegamos a Narcóticos Anónimos encontramos otros como nosotros, personas que nos comprenden y a las cuales podemos comprender. Ya no nos sentíamos extraños y raros dondequiera que fuéramos. En las reuniones de NA, entre amigos, estábamos en casa.
Después de pasar un tiempo limpios no dejamos de ser adictos. Todavía tenemos que identif**arnos con otros adictos. Continuamos asistiendo a las reuniones de NA para mantenernos en contacto con lo que somos, para recordar de dónde venimos y saber adónde vamos. Cada reunión nos recuerda que no podemos consumir dr**as con buenos resultados. Cada reunión nos recuerda que nunca estaremos curados, pero que podemos recuperarnos practicando los principios del programa. Y cada reunión nos ofrece la experiencia y el ejemplo de otros adictos en continua recuperación.
En ellas, vemos cómo trabajan su programa diferentes personas y los resultados son evidentes en sus vidas. Si queremos la vida que vemos en otras personas, podemos averiguar qué han hecho para llegar a donde están. Las reuniones de Narcóticos Anónimos nos permiten identif**ar el sitio del que venimos y hacia el que queremos ir, una identif**ación de la que no podemos prescindir ni encontrar en ninguna otra parte. Eso es lo que nos hace volver.
*Sólo por hoy:*
Asistiré a una reunión de NA para que me recuerde quién soy, de dónde vengo y adónde puedo ir en mi recuperación.
Kleber Muñoz: Por lo menos los primeros noventa días, sería buena idea asistir a una reunión diaria. Cuando los adictos descubren a otras personas que comparten sus dificultades pasadas y presentes, sienten algo especial. Al principio no podemos hacer mucho más que ir a las reuniones. Probablemente no recordemos ni una sola palabra, persona o pensamiento de nuestra primera reunión, ... pero con el tiempo conseguimos relajarnos y g***r del ambiente de recuperación. Las reuniones fortalecen nuestra recuperación. Al principio puede que estemos asustados porque no conocemos a nadie. Algunos hasta pensamos que no necesitamos reuniones. Sin embargo, cuando sufrimos, vamos a una reunión y encontramos alivio. Allí nos mantenemos en contacto con lo que hemos sido, pero sobre todo, descubrimos hacia dónde podemos ir en nuestra recuperación. A medida que asistimos regularmente a las reuniones, aprendemos el valor de hablar con otros adictos que comparten nuestros problemas y objetivos. Tenemos que abrirnos y aceptar el cariño y la comprensión que nos hace falta para cambiar. Cuando nos familiarizamos con la confraternidad y sus principios y empezamos a ponerlos en práctica, comenzamos a crecer. Nos esforzamos con nuestros problemas más evidentes y dejamos de lado el resto. Hacemos el trabajo inmediato; a medida que progresemos irán surgiendo por sí solas nuevas oportunidades para mejorar.
Nuestros nuevos amigos de la confraternidad nos ayudarán. La recuperación es nuestro esfuerzo común. Limpios, nos enfrentamos juntos al mundo. Ya no tenemos por qué sentirnos acorralados, a merced de los acontecimientos y circunstancias. Tener amigos que se preocupan cuando sufrimos es otra cosa. Encontramos nuestro lugar en la confraternidad y nos integramos en un grupo cuyas reuniones nos ayudan en nuestra recuperación. Durante tanto tiempo hemos sido indignos de confianza, que la mayor parte de nuestros amigos y familiares dudarán de nuestra recuperación; ... piensan que no durará. Necesitamos personas que entiendan nuestra enfermedad y el proceso de recuperación. En las reuniones podemos compartir con otros adictos, hacer preguntas y aprender sobre nuestra enfermedad. Aprendemos a vivir de otra manera. Ya no estamos limitados a nuestras viejas ideas.
Poco a poco reemplazamos nuestros viejos hábitos por nuevas formas de vida y …estamos dispuestos a cambiar. Asistimos regularmente a reuniones, pedimos números de teléfono y los usamos, leemos literatura, y lo más importante: no consumimos. Aprendemos a compartir con los demás. Si no le decimos a nadie que estamos sufriendo, difícilmente lo vea. Si pedimos ayuda, podemos recibirla.
Otra herramienta para el recién llegado es integrarse en la confraternidad. A medida que nos integramos aprendemos a poner el programa en primer lugar y a tomarnos con calma otros asuntos. Empezamos por pedir ayuda y poner en práctica las sugerencias que nos hacen en las reuniones. Es beneficioso permitir que otras personas del grupo nos ayuden. Con el tiempo, nosotros también podremos transmitir lo que nos han dado. Aprendemos que el servicio a los demás nos ayuda a salir de nosotros mismos. Podemos empezar haciendo pequeños trabajos: vaciar ceniceros, hacer el café, limpiar y preparar el local, abrir la puerta, coordinar o moderar la reunión, repartir literatura. Todo esto nos ayuda a sentirnos parte de la confraternidad.
*UN PRINCIPIO ESPIRITUAL POR DÍA*
21 de mayo
*Enfrentarse a los sentimientos con optimismo*
Cuando nos damos cuenta de que hemos sobrevivido a todas las emociones que hemos sentido, empezamos a creer que vamos a estar bien aunque no nos sintamos bien.
_-Vivir limpios, Capítulo siete, «Vivir nuestros principios”_
Los sentimientos tienen mala fama, así que no es de extrañar que tratemos de evitarlos. En el mejor de los casos, parecen complicados e incómodos. En el peor, suponen una amenaza, puesto que presentarse como alguien vulnerable podría ser peligroso. Es posible que cuando empezamos la recuperación estemos acostumbrados a cerrarnos emocionalmente. Durante la adicción activa, tener apariencia de persona dura era una ventaja y nos protegía como una armadura. Pero, como con tantas de esas viejas destrezas de supervivencia, descubrimos que ser inaccesibles emocionalmente entorpece nuestra recuperación. Necesitamos otro enfoque.
Como teníamos entre poca y ninguna experiencia con el bienestar emocional, muchos intentábamos elegir lo que sentir. Como era de prever, aceptábamos de buen grado los sentimientos que nos producían placer: amor, conexión, alegría, satisfacción... ¡Que no falten! En el otro extremo del espectro, hacíamos todo lo posible por reprimir o evitar la ira, el dolor o el miedo. Lamentablemente, nos dimos cuenta de que este esquema conocido de buscar placer y evitar la realidad -rediseñado sin el amortiguador de las dr**as- no era un camino hacia la salud emocional.
Por mucho que tratemos de evitarla, con el tiempo todos nos enfrentamos a la adversidad, y las emociones que la acompañan nos desbordan. Cuando sentimos por primera vez la desesperación sin dr**as, quizás nos parezca que vamos a morirnos. «¡Todo esto es horrible!», le decimos a nuestro padrino con dramatismo. Aunque buscábamos a alguien que se hiciera cargo del problema, nos conformamos con un poco de empatía. Nos aseguran que nuestras dificultades nos son ni ineludibles ni permanentes.
“