10/05/2026
Querida mamá doctora:
Hoy quiero que sepas que también lo estás haciendo bien.
Tal vez no siempre tienes tiempo para jugar todo el día.
Tal vez te has perdido primeras veces, actos de escuela, reuniones o cumpleaños.
Y muchas veces los ves a través de una foto o un video que te manda el cuidador mientras tú sigues en consulta, en cirugía o atendiendo una emergencia.
A veces sales de casa tan temprano que tu bebé sigue dormido.
Y hay días en los que intentas llegar temprano… manejas rápido, cancelas cosas, haces todo lo posible por volver…
pero cuando finalmente abres la puerta, ya está dormida.
Y ahí aparece la culpa.
La culpa de no haber llegado a tiempo.
De no haber estado más.
De sentir que el día nunca alcanza para todo lo que amas.
Sé que muchas veces te has sentido culpable.
Culpable por no poder dejarla en la escuela.
Por cancelar planes.
Por responder mensajes entre pacientes.
Por no poder quedarte todo el día cuando se enferma.
Por sentir que divides tu vida en mil partes tratando de cumplir en todas.
Y también sé que a veces eres juzgada.
Porque cuando por fin estás en casa, el poco tiempo libre que tienes todavía lo pasas respondiendo mensajes, llamadas o dudas de pacientes que necesitan de ti.
Y desde afuera parece que “sigues en el celular”.
Pero nadie ve que no estás viendo redes sociales.
No estás descansando.
No estás perdiendo el tiempo.
Estás intentando terminar de cumplir tu deber…
para luego poder dedicarte por completo a tu hija(o).
Porque aunque el tiempo sea poco…
cada minuto que tienes libre es para ella (él).
No eres una mala mamá.
Eres una mamá profesional.
Una mujer que aprendió a cuidar vidas sin dejar de amar la suya.
Y aunque a veces sientas que no llegas a todo, siempre hay unos brazos pequeños esperándote en casa como si fueras la persona más importante del mundo.
Y entonces escuchas:
“Te amo mamá.”
Y entiendes que, a pesar del cansancio…
todo vale la pena.
Feliz día a todas las mamás doctoras.
A las que sanan afuera mientras intentan no romperse por dentro.