28/11/2025
SÉ COMO EL CAPIBARA
El capibara no tiene prisa.
No huye. No se esconde. No se enoja.
Camina despacio, como si supiera que el miedo es un invento de los que corren.
Se sienta junto al río y deja que el agua le moje las patas, indiferente a los cocodrilos que pasan cerca. No los desafía, no los teme… simplemente los deja ser.
Y ellos, curiosamente, lo dejan ser a él.
¿Cómo es posible?
No es magia. No es suerte.
Es que el capibara no carga con lo que no le pertenece.
No lleva en su corazón el peso de la desconfianza, ni la urgencia de pelear, ni la necesidad de demostrar que es más fuerte.
Solo existe, con una quietud que parece decir:
“El mundo ya es bastante ruidoso… ¿por qué gritar? ¿por qué lastimar? ¿por qué temer lo que aún no llega?”
Y así, sin proponérselo, se convierte en un refugio.
Las aves se posan sobre su lomo como si fuera un santuario.
Los monos lo rodean, buscando su tranquilidad contagiosa.
Hasta el jaguar, ese diablo de dientes afilados, lo mira con curiosidad… y sigue de largo.
Porque el capibara no huele a miedo.
No vibra con amenazas.
No envenena el aire con sus prisas.
Es como un claro en el bosque: un pedazo de paz en medio del caos.
Reflexión: A veces, la verdadera fuerza no está en correr, gritar o pelear… está en aprender a vivir ligero, sin miedo y en paz con lo que nos rodea.
De la red…