25/08/2022
Tienes 4 años, te ataca un perro, te muerde y te causa heridas que no solo duelen en el momento sino en cada curación.
Ahora, con 30 años, no sabes de dónde vienen las náuseas solo por percibir el olor del alcohol o al ver la sangre. Le has huido a los perros de todo tamaño y condición durante toda tu vida. No es necesario el vínculo, mientras no tengas uno en casa, todo está bien.
Pero… y ¿si el trauma no te lo generó el ataque de un perro sino de un ser humano? ¿Si el
momento del bioshock no fue a los 4 sino a los 19 años? No cuenta menos ni es menos importante.
Pero el inconsciente es tan poderoso que siempre nos va a llevar a protegernos de las situaciones que conocemos como peligrosas.
En la mayoría de los casos ni siquiera estamos conscientes, o sea, no recordamos lo sucedido, por otra barrera de defensa, el recordar lo que dolió genera nuevo dolor actual, el cerebro revive la situación en el presente y un dolor ligado a creencias y juicios se transforma en sufrimiento.
No todos los perros muerden, no toda la gente busca hacerte daño.
Y aún más… el animal pudo haberse estado sólo defendido de lo que consideró peligroso para él en su momento.
No pasará mucho si no vuelves a acariciar un perro en tu vida, pero sí será muy liberador el comprender el pasado, el no dejar de vivir experiencias gratificantes y poderosas que te pueden llevar a evolucionar, por seguir atados a recuerdos y dolores viejos y sobre todo por seguir juzgando al resto de los humanos por cómo actuaron unos cuantos en el pasado.
Cada instante es el ideal para sacudirnos y empezar ✨❤️