15/08/2024
Mi hijo menor tiene cinco años. Hace poco tuvimos la siguiente conversación por iniciativa suya (procuro ser lo más fiel posible al diálogo original, sobre todo en las palabras de mi pequeño):
- Mamá, ¿cuál es tu trabajo cuando vas al consultorio? ¿Qué, también eres doctora como mi abuelita?
- Yo no soy doctora, hijo, pero ayudo a cuidar la salud de las personas.
- ¿Es en serio? Si solamente los doctores trabajan en consultorios. Como el doctor que me curó la pancita y me revisa la garganta con esa luz cuando estoy enfermo, y mi abuelita que me cura los dientes. Entonces, si no eres doctora, ¿cuál es tu trabajo cuando vas al consultorio?
- Cuando voy al consultorio ayudo a personas que necesitan escuchar ideas para resolver un problema, o que están tristes, confundidas o enojadas, y ya no quieren sentirse así.
- ¿Así como tú me ayudas a respirar cuando estoy muy enojado y después me tranquilizo?
- Sí, mi amor, algo así… Yo cuido las emociones y los pensamientos, no curo enfermedades. Yo soy psicóloga.
- Psi… ¿QUÉ? (con expresión de haber probado limón con sal)
- Psi-có-lo-ga. Yo ayudo a las personas a resolver problemas para que se sientan felices. Mi trabajo es cuidar sus emociones para que tengan pensamientos bonitos.
(me mira fijamente por unos segundos poniendo su mano en la barbilla, dando unos golpecitos con su dedo índice, y luego afirma con expresión de gran certeza, señalando con el mismo dedo índice)
- ¡Ah, ya sé, ya entendí! Los doctores que trabajan en consultorios curan la pancita y todo lo que te duele cuando estás enfermo. Y los psi… ¿cómo se dice lo que tú eres?
- Psicólogos (ya a estas alturas no pude contener la risa)
- ¡Eso, los psi-có-lo-gos! Esos son como doctores que curan las emociones y los pensamientos, porque también trabajan en consultorios…
- (Yo, riendo con los ojos aguados) Sí, mi amor. Ya sabes cuál es el trabajo de mamá cuando va al consultorio. Te amo.
- Yo también te amo hasta el infinito del Espacio, mamá. Y ahora tengo hambre, ¿qué me puedes preparar?…
(Fin de conversación, sellada con un abrazo)
Este 14 de agosto, Día del Psicólogo Ecuatoriano, comparto mi hermosa anécdota y abrazo a todos mis compañeros de Ciencia. Saludo a los profesionales que fueron inspiración y luz en mi Facultad y a los que me guiaron en mis lugares de prácticas y pasantías. A quienes después de la “U” nos hemos encontrado en el camino, estudiando más y descubriendo coincidencias en nuestros propósitos y misión de vida, indistintamente del área en que nos hayamos desempeñado.
Sabemos que, aunque la Psicología ha estado asociada generalmente al ámbito clínico, su campo de acción es amplísimo y que, por ende, tiene larga vida. Hoy es válido recordar, respetables y queridos colegas, que de nosotros depende que la vida de nuestra amada Ciencia no sólo sea larga sino también saludable, y que sean conocidos su enorme aplicabilidad y sus beneficios. Es nuestra responsabilidad formarnos continuamente y proceder con ética en los campos que decidamos incursionar a partir de esa formación.
Seamos un equipo que se integra y ejecuta un magnífico trabajo interdisciplinario. Fomentemos la Investigación y la Docencia. Generemos vías para llegar oportunamente a las familias, a las escuelas, colegios y universidades, a las empresas, a las casas de salud, a los centros de acogida para adultos mayores, a los grupos vulnerables y en situación de riesgo, a los deportistas, a los cuidadores de otras personas, a los profesionales de otras ramas, a los migrantes, a la sociedad toda. Visibilicemos nuestra labor, potenciemos el carácter preventivo y educativo de la Psicología. Seamos promotores del bienestar emocional. Seamos autores de sonrisas, de crecimiento personal, de productividad y de convivencia armoniosa en nuestras comunidades.