DR JOSE TERAN

DR JOSE TERAN Centro Médico de Especialidades FISIOVIDA

24/02/2026
11/11/2025

Aunque los científicos han realizado numerosos estudios sobre el papel de las bacterias intestinales en la salud adulta, hasta hace poco se sabía poco sobre su impacto durante la infancia. 👉 https://bbc.in/4ooftZB

09/11/2025

Murió pobre, sin saber que se había vuelto inmortal.
Se llamaba Henrietta Lacks, nació en 1920 en una familia de jornaleros afroamericanos de Virginia.
Era una mujer sencilla: Trabajaba en los campos de tabaco, le encantaba bailar, cocinar y criar a sus cinco hijos con su marido David.
No estudió medicina, nunca entró en un laboratorio, y sin embargo —sin quererlo— cambió para siempre la historia de la ciencia.

En 1951, a los treinta y un años, Henrietta acudió al Hospital Johns Hopkins de Baltimore, uno de los pocos que aceptaban pacientes negros.
Tenía un dolor constante en la parte baja del abdomen.
Los médicos le diagnosticaron un cáncer de cuello uterino agresivo.
Durante una biopsia, sin informarle, tomaron una pequeña muestra de células del tumor.
Era una práctica común, pero nadie le pidió consentimiento.

¿Qué células terminaron en la mesa de un investigador, George G*y, que llevaba años intentando sin éxito mantener vivas células humanas en el laboratorio?
Todas morían después de pocos días.
Todas, excepto las de Henrietta.
Sus células nunca morían.
Se dividían, crecían, se multiplicaban infinitamente.
Eran, literalmente, inmortales.

G*y la bautizó HeLa, por las primeras letras de su nombre y apellido: Henrietta Lacks.
Desde entonces, las células HeLa se utilizaron en miles de laboratorios de todo el mundo.
Gracias a ellos se desarrollaron la vacuna contra la poliomielitis, las terapias para el cáncer, el mapeo del ADN, las primeras experimentaciones sobre virus e incluso las misiones espaciales biológicas de la NASA.
Hoy en día existen miles de millones de células HeLa: pesan, en su conjunto, más de cien Henrietta Lacks.

Sin embargo, durante décadas, nadie supo quién era la mujer detrás de ese nombre en clave.
Su cuerpo fue enterrado en una tumba sin lápida, mientras la industria farmacéutica amasaba fortunas con su legado.
Solo en los años setenta la familia descubrió la verdad — por casualidad, y con dolor.
Los hijos nunca recibieron una compensación, pero decidieron defender la memoria de su madre: una mujer invisible que había dado la vida, literalmente, a la medicina moderna.
Henrietta no había elegido ser una pionera.

Pero de su cuerpo nació una de las mayores revoluciones científicas del siglo XX.
Y mientras sus células continúan multiplicándose en laboratorios de todo el mundo, su nombre —borrado durante demasiado tiempo— finalmente ha vuelto a la vida.
Henrietta Lacks nunca estudió biología, pero su cuerpo escribió una nueva página en ella.
Y nos recuerda una verdad que la ciencia a menudo olvida:
que detrás de cada descubrimiento siempre hay un rostro, una historia y una vida que merecen ser recordados.

08/11/2025

No tenía las manos de un cirujano, pero sí el oído de un músico.
No empuñaba un bisturí, pero sabía escuchar al cuerpo como un violinista que afina su instrumento en el silencio.

Antonio Cardarelli nació en 1831, en Civitanova del Sannio, una tierra áspera de campesinos y penurias.
De esa tierra heredó su humildad… y una sed inagotable: la del conocimiento.
Estudió medicina en Nápoles con la determinación de quien sueña con curar a los que nadie mira, a los que no pueden pagar.
Cada examen, cada libro, era una promesa hecha a los pobres.

Luego llegaron los hospitales.
Los verdaderos.
Donde el dolor no se escribe en los manuales, sino en los ojos.
Tuberculosis, cólera, fiebre tifoidea… cuerpos extenuados por la vida.
Allí descubrió que la medicina no siempre se aprende con las manos, sino con el alma.

Cardarelli dominó el arte más invisible y más difícil: la semiótica médica, el diagnóstico a través de la observación, del oído, del silencio.
Colocaba su oreja sobre el pecho del paciente y oía la verdad.
El corazón le hablaba, y él comprendía.
Un temblor, una sombra, un soplo… cada detalle era un lenguaje que solo él sabía traducir.

Su fama creció sin buscarla.
Descubrió lo que hoy conocemos como el “signo de Cardarelli”, un simple gesto capaz de revelar un aneurisma y salvar vidas.
Sin máquinas, sin imágenes, sin artificio: solo con presencia, intuición y respeto.

Atendió a reyes y ministros, pero jamás abandonó a los enfermos pobres de Nápoles.
Porque para él, la medicina no era una profesión,
era una vocación sagrada.

Cuando la muerte se acercó, dejó un epitafio que resume toda su vida:
“Vivió pobre, murió pobre.”

Hoy, el hospital más grande del sur de Italia lleva su nombre.
Pero el verdadero monumento a Cardarelli no está hecho de mármol.
Está en cada médico que escucha antes de hablar,
en cada mano que toca con respeto,
en cada corazón que late más tranquilo gracias a una voz serena.

Porque Antonio Cardarelli nos enseñó una verdad que la tecnología no ha podido reemplazar:
la medicina, antes que una ciencia, es escuchar.

07/11/2025

Año 1950.
En una sala silenciosa, decenas de niños yacen dentro de enormes cilindros metálicos.
Solo se ve su rostro; el resto del cuerpo está inmóvil.
Son los pulmones de acero, máquinas que les permiten seguir respirando cuando la polio ha paralizado sus músculos.

Cada inhalación depende del zumbido constante del motor.
Las enfermeras los alimentan, les leen cuentos, les toman la mano.
El metal respira por ellos.

Durante años, la poliomielitis fue el terror de la infancia.
Miles de pequeños quedaron sin poder moverse ni respirar por sí solos.
Pero en medio de esa oscuridad, la ciencia encendió una luz: el Dr. Jonas Salk desarrolló la vacuna que cambiaría el curso de la historia.

En pocas décadas, la polio prácticamente desapareció del mundo.
Y las salas de pulmones de acero quedaron vacías… no por tragedia, sino por esperanza cumplida.

Hoy, esta imagen nos recuerda que cada avance médico es una victoria silenciosa.
Porque la humanidad respira gracias a quienes se negaron a dejar de intentarlo.

06/11/2025

Así se manifiesta el tumor maligno de colon

El tumor de colon se desarrolla de forma progresiva y, en muchos casos, comienza sin síntomas evidentes. Sin embargo, el cuerpo suele emitir señales que, si se reconocen a tiempo, pueden marcar la diferencia entre un diagnóstico temprano y uno tardío. Entre los síntomas más comunes se encuentran:

• Cambios en el ritmo intestinal, como alternancia entre estreñimiento y diarrea.
• Heces más delgadas de lo habitual o con presencia de sangre, visible o no.
• Dolor o cólicos abdominales persistentes, sensación de llenura o distensión abdominal.
• Náuseas, vómitos o sensación de evacuación incompleta después de defecar.
• Pérdida de peso sin causa aparente y cansancio extremo, muchas veces asociados a anemia por deficiencia de hierro.

Estas manifestaciones reflejan el impacto del crecimiento tumoral en el tránsito intestinal y en la absorción de nutrientes.

Aunque pueden parecer síntomas digestivos comunes, su persistencia requiere valoración médica inmediata. Detectar el cáncer de colon a tiempo permite intervenir antes de que avance. Las pruebas de tamizaje, como la colonoscopia, son la herramienta más eficaz para diagnosticarlo precozmente y, en muchos casos, prevenirlo.

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Aviso importante: La información compartida tiene únicamente fines educativos y de divulgación médica. No sustituye la consulta presencial ni debe usarse como diagnóstico. Si presentas síntomas o dudas sobre tu salud, acude siempre a un profesional médico.

05/11/2025

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04/11/2025

Sabias que una última revisión de evidencia cientifica halló algo que realizamos desde hace años con nuestras pciente cuando dan a luz y es que los bebés que tienen contacto piel con piel con su madre durante la primera hora de vida tienen más probabilidades de experimentar diversos beneficios, como la lactancia materna exclusiva, una temperatura corporal óptima y niveles adecuados de glucosa en sangre
*Siempre nuestros bebés están junto a su madre sea parto o cesárea*

03/11/2025
25/10/2025

Redujo su salario un 25% para poder viajar cada mes a Nigeria y operar a personas que no podían pagar.

El doctor Olawale Sulaiman, neurocirujano formado en Estados Unidos, decidió que su trabajo no podía quedarse solo en un hospital moderno. Aunque tenía una posición estable, solicitó que le redujeran su salario un 25% anual para liberar tiempo y volar regularmente a su país natal, donde muchas familias enfrentan afectaciones neurológicas sin tratamiento.

Desde 2010, viaja para realizar cirugías de cerebro y columna sin cobrar y capacita a médicos locales que trabajan con recursos limitados. Junto a su esposa Patricia fundó RNZ Global, organización que dona equipo médico y organiza campañas de prevención.

Cada viaje significa largas jornadas, adaptarse a hospitales con menos tecnología y dejar a su familia en EE.UU. Aun así, continúa regresando. Hoy dirige proyectos que buscan mejorar el acceso a la salud en distintas regiones de Nigeria, combinando su carrera en Estados Unidos con misiones médicas constantes.

Dirección

Cdla. Jacinto Collahuazo 1ra Etapa, Esteban Peralta Y María Matango
Otavalo
100450

Horario de Apertura

Lunes 18:00 - 22:00
Martes 18:00 - 22:00
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