08/03/2026
MANIFIESTO OVO ECUADOR 8M -2026
Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, alzamos la voz para afirmar con contundencia que en el Ecuador la violencia ginecobstétrica existe, persiste y se reproduce bajo el amparo del silencio institucional. No es un “error médico” ni una excepción desafortunada: es una práctica sistemática anclada en un modelo patriarcal, ra***ta y clasista que ha convertido los cuerpos gestantes en territorios de control. Nombrarla incomoda porque desnuda relaciones de poder históricas; sin embargo, callarla perpetúa la impunidad. Hoy declaramos que el hospital también es un espacio político y que en él se disputan derechos, dignidades y autonomías.
Denunciamos la medicalización excesiva y el modelo biomédico hegemónico que disciplinan nuestros cuerpos bajo la lógica del castigo y la obediencia. Se nos ha enseñado a callar el dolor desde niñas, a aceptar exámenes sin consentimiento informado, a normalizar protocolos invasivos y prácticas innecesarias como si fueran inevitables. Se nos ha dicho que parir debe doler por mandato y que menstruar es una patología que debe corregirse. Esa pedagogía del miedo no es cuidado: es control. Y el control sobre los cuerpos feminizados es una forma de violencia institucional.
Se nos niega, además, el derecho a la verdad. La ausencia de cifras oficiales y la invisibilización estadística no son omisiones inocentes: son estrategias políticas. Si no hay datos, no hay responsables; si no hay responsables, no hay justicia. La violencia ginecobstétrica queda diluida entre diagnósticos técnicos y discursos de autoridad que desacreditan la experiencia corporal de quienes la sufren. Exigimos sistemas de registro transparentes, investigaciones independientes y reconocimiento expreso de esta forma de violencia como parte de las violencias de género que atraviesan nuestras vidas.
Esta violencia no impacta a todas por igual. Los cuerpos afrodescendientes, indígenas, rurales, empobrecidos, adolescentes, trans y no binarios enfrentan con mayor crudeza el descrédito, la humillación y la negación de atención digna. También los cuerpos que transitan otras etapas de la vida —aquellos que han dejado atrás los ciclos reproductivos, que experimentan transformaciones hormonales, cambios corporales y nuevas formas de habitarse— son frecuentemente desestimados, patologizados o invisibilizados dentro del sistema de salud. El racismo médico, la cisheteronorma y el adultocentrismo profundizan la jerarquización de vidas y determinan quién merece ser escuchada y quién debe soportar el maltrato en silencio. Negar el acceso a abortos legales, imponer objeciones de conciencia como barrera o separar forzadamente a madres de sus hijas e hijos también es violencia ginecobstétrica.
En este 8 de marzo nos posicionamos con claridad: nuestros cuerpos no son campos de práctica ni territorios colonizados por el Estado. Exigimos políticas públicas con enfoque feminista y de derechos humanos, formación obligatoria en consentimiento y perspectiva de género para el personal de salud, y mecanismos reales de reparación para las víctimas. Nombrar la violencia es un acto de resistencia colectiva. Hoy afirmamos que nuestra memoria es política y que no habrá justicia social mientras el sistema de salud continúe violentando nuestros cuerpos.
Asimismo, desde el Observatorio de Violencia Gineco-obstétrica del Ecuador declaramos nuestro respaldo, acompañamiento y solidaridad activa con todas las formas de resistencia social frente a las actuales políticas neoliberales del Estado que profundizan la precarización de la vida y la desposesión de los territorios. Apoyamos las luchas por la defensa del agua y de los territorios frente al avance extractivista y minero; las resistencias comunitarias antimineras que defienden los páramos, los ríos y la vida; y las movilizaciones legítimas de los pueblos, organizaciones sociales y comunidades que ejercen su derecho a la protesta frente a la violencia estructural.
Expresamos también nuestro rechazo rotundo a las desapariciones forzadas, a la criminalización de la protesta social y a todas las formas de violencia estatal que buscan disciplinar a quienes se organizan y denuncian. Nos solidarizamos con las familias que siguen buscando verdad y justicia, incluidos los casos emblemáticos de desapariciones de niños y adolescentes, como el caso de los niños de Las Malvinas y otros que evidencian la grave crisis de derechos humanos en el país. No aceptamos el silencio ni la impunidad.
Porque la violencia que se ejerce sobre los cuerpos gestantes no está aislada del modelo político y económico que también despoja territorios, militariza comunidades y criminaliza la organización social. Nombramos estas violencias como parte de una misma estructura de poder que intenta gobernar nuestros cuerpos, nuestras vidas y nuestros territorios.
Frente a ello afirmamos con claridad: acompañamos todas las resistencias que defienden la vida digna. Rechazamos las políticas que privilegian el extractivismo, la militarización y el control social por encima de los derechos humanos. Nuestra lucha es feminista, antirra***ta, anticolonial y profundamente comprometida con la justicia social.
OBSERVATORIO DE VIOLENCIA GINECOBSTÉTRICA DEL ECUADOR – OVO ECUADOR