29/01/2026
En la neurosis, el sujeto conserva el juicio de realidad. Puede estar angustiado, inhibido, obsesionado, fóbico o somatizando, pero sabe que algo de lo que le ocurre “le pasa a él”. Reconoce su malestar como propio, puede hablar de ello, dudar, preguntarse, pedir ayuda y sostener una narrativa coherente de su experiencia. El conflicto es intrapsíquico: hay lucha entre deseos, defensas y prohibiciones. La angustia es el afecto central y el síntoma funciona como una solución de compromiso.
En la psicosis, se altera el juicio de realidad. La persona no vive su experiencia como un problema interno, sino como algo que sucede desde afuera. Puede estar convencida de ideas delirantes, escuchar voces, interpretar la realidad de forma rígida y no cuestionable. Lo que para el observador es un síntoma, para el paciente es una certeza. Aquí no predomina el conflicto, sino la ruptura: falla la mediación simbólica que permite organizar la experiencia psíquica.
Mientras en la neurosis el síntoma encubre un conflicto, en la psicosis el síntoma intenta reconstruir una realidad que se ha desorganizado. El neurótico duda; el psicótico está seguro. El neurótico sufre por lo que le pasa; el psicótico muchas veces sufre por lo que cree que el mundo le hace. Al paciente neurótico lo encontrás como conflictuado en cambio al paciente psicótico se lo ve como raro.
Desde el DSM-5, muchos cuadros neuróticos se distribuyen en los trastornos de ansiedad, obsesivo-compulsivos, somatomorfos y del estado de ánimo. Las psicosis, en cambio, se ubican en el espectro de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos, donde el delirio, las alucinaciones y el pensamiento desorganizado son centrales.
En la entrevista clínica, evaluación y valoración esta diferencia se observa con claridad: en la neurosis hay simbolización, conflicto, ambivalencia y relato; en la psicosis aparecen producciones más concretas, fragmentadas, con fallas en la integración y en la lógica interna del discurso.