21/10/2020
🥰🥰
Cuando te preguntan si estudias o trabajas, tú contestas que ambas. Que eres fisioterapeuta. Lo que supone seguir en continuo reciclaje, porque lo que hoy parece la más inmutable de todas las certezas, mañana quizás se descubra que no lo es tanto.
Menuda responsabilidad la tuya. Intentas mejorar la calidad de vida de las personas. A menudo, tú buscas movimiento y ellos un masaje de 30 minutos. Qué complicado resulta, a veces, explicar que no es cuestión de disfrutar, sino de trabajar.
Otros, sin embargo, piensan que la fisioterapia es como el s**o: creen que todo irá bien mientras consigas hacerles gritar. «Aprieta, aprieta sin miedo». No hay que ser valiente para hacer daño, hay que serlo para tratar a personas con dolor y no llevarte un poquito a casa. La mayoría de las veces: «El que sufre, no gana».
Trabajas cuerpos con heridas y mentes con creencias, normalmente, diferentes a las tuyas. Pero te adaptas e intentas hacerlo de la mejor forma que sabes para que tu paciente cambie, pare o empiece. Depende.
La consulta dura 45 minutos pero, a menudo, te pasas días pensando en qué hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo. Detrás de un masaje, una técnica o un ejercicio, hay muchas horas de estudio, mucho tiempo libre sacrificado y mucho razonamiento clínico. Y todo por un objetivo: el paciente.
Eso es fisioterapia. Y tú eres fisioterapeuta, un profesional sanitario que, a pesar de tener un día de mi**da, trata de ayudar. Nunca pierdas esa perspectiva. Siéntete orgulloso de lo que eres. Entre todos, con un poquito de movimiento, educación e investigación, haremos entender al mundo que lo que necesita es invertir en movimiento, educación e investigación.