DESDE ZER0

DESDE ZER0 Desde Zer0 nace como centro para el acompañamiento y apoyo de personas con algún tipo de dificultad

La ansiedad aparece como energía mal dirigida o interrumpida. Es una activación del organismo disponible para la acción,...
14/04/2026

La ansiedad aparece como energía mal dirigida o interrumpida. Es una activación del organismo disponible para la acción, pero no encuentra cauce, un impulso vital que no logra completarse. La excitación está, el movimiento se inicia, pero algo lo detiene. En ese punto de corte, la energía no desaparece; se acumula, se desvía y se experimenta como tensión.

La ansiedad es una señal de que el organismo está listo para responder, pero no encuentra cómo. En lugar de expresarse en una acción concreta, como decir, decidir, retirarse, acercarse, se queda girando en el organismo. Por eso aparecen la inquietud, la aceleración o la sensación de desborde. Algo que no logra desplegarse.

En muchos casos, esta interrupción ocurre cuando la persona se aleja del presente. La energía, que debería organizarse en función de lo que está ocurriendo aquí y ahora, se proyecta hacia escenarios futuros o se enreda en asuntos inconclusos. El cuerpo se activa como si tuviera que actuar, pero no hay acción posible en ese plano imaginado. Así, la ansiedad se sostiene como un circuito incompleto.

Desde la TG, el trabajo no apunta a suprimir esta energía, sino a recuperarla. Se trata de hacer consciente cómo se interrumpe, ¿en qué momento surge la inhibición?, ¿qué se evita al no actuar?, ¿qué necesidad intenta abrirse paso? Al traer la atención a la experiencia inmediata, la persona puede empezar a reconocer esa energía como propia, no como algo que le ocurre sin control.

Frecuentemente, en la base de la ansiedad hay necesidades no satisfechas, emociones retenidas o decisiones aplazadas. La energía queda entonces atrapada entre el impulso y la contención. En terapia, se favorece el contacto con ese punto de interrupción, ampliando la conciencia para que la acción pueda completarse, aunque sea en formas pequeñas y progresivas.

Cuando la energía encuentra dirección, el organismo se reorganiza. La respiración cambia, el cuerpo se afloja y la experiencia adquiere coherencia. La ansiedad no desaparece porque sí, sino que se transforma; deja de ser acumulación y se convierte en movimiento. En ese pasaje, la persona no pierde control, lo recupera.

La ansiedad no es un fenómeno uniforme; toma forma según la situación y el contexto en el que emerge. No toda ansiedad significa lo mismo ni cumple la misma función. Hay momentos en los que aparece frente a amenazas reales, cuando la integridad o la supervivencia se perciben en riesgo. En esos casos, la activación del organismo es coherente, prepara para responder, protegerse o actuar con rapidez.

Sin embargo, también puede surgir ante amenazas imaginarias, construidas desde la anticipación, la memoria o el aprendizaje previo. El cuerpo reacciona como si el peligro estuviera presente, aunque no lo esté en el aquí y ahora. La diferencia no está en la intensidad de la experiencia, sino en la relación que tiene con la realidad inmediata.

Aun así, no toda ansiedad es desbordante o limitante. Existe una ansiedad que moviliza, que empuja hacia la acción, que afina los sentidos y organiza la energía para responder a lo que la situación demanda. Es la activación necesaria para hablar, decidir, crear o enfrentar desafíos, tanto pequeños como grandes.

Desde esta mirada, la clave no es eliminar la ansiedad, sino discriminarla. Reconocer cuándo es una respuesta ajustada al contexto y cuándo es una activación que ha perdido dirección. En ese discernimiento, la persona puede dejar de luchar contra ella y comenzar a utilizarla como recurso.

Una persona nos propone un tema profundo y, a menudo, evitado: la vejez y las enfermedades.Con el paso del tiempo, el cu...
12/04/2026

Una persona nos propone un tema profundo y, a menudo, evitado: la vejez y las enfermedades.

Con el paso del tiempo, el cuerpo cambia. Lo que antes respondía con facilidad comienza a volverse más lento, más frágil, más limitado. Y con ello, pueden aparecer enfermedades que no solo afectan al cuerpo, sino también a la forma en que la persona se percibe a sí misma.

Porque no es solo el cuerpo el que enferma.
También se ve afectada la identidad.

Muchas personas han construido su vida en torno a la autonomía, la capacidad, la acción. Y cuando el cuerpo deja de sostener ese ritmo, aparece una sensación difícil: pérdida de control, dependencia, incluso una cierta extrañeza con uno mismo.

Desde una mirada profunda, la enfermedad en la vejez no es únicamente un deterioro. Es también un cambio de lenguaje.

El cuerpo deja de ser un instrumento que obedece…
y se convierte en algo que exige ser escuchado.

Esto puede vivirse como injusticia o frustración, especialmente en una cultura que valora la productividad y la juventud. Pero desde la psique, este momento también tiene un sentido: obliga a un movimiento hacia el interior.

Jung observó que en las etapas avanzadas de la vida, la energía ya no está orientada a conquistar el mundo, sino a comprender la propia existencia.

La enfermedad, en este contexto, puede intensificar ese proceso.

Detiene, limita, obliga a parar. Y en ese detenerse, aunque sea forzado, pueden surgir preguntas que antes no tenían espacio:
¿qué ha sido mi vida?
¿qué queda ahora?
¿qué es esencial?

Esto no elimina el sufrimiento real. Sería ingenuo decirlo. El dolor físico, la pérdida de capacidades, la dependencia… todo eso es parte de la experiencia y debe ser reconocido con honestidad.

Pero junto a esa realidad, también puede aparecer otra posibilidad.

Cuando lo externo se reduce, lo interno puede ampliarse.

La memoria, la reflexión, la profundidad emocional, incluso una cierta sabiduría que no viene del hacer, sino del haber vivido.

La tarea, entonces, no es solo resistir el paso del tiempo,
sino encontrar una forma de habitarlo con dignidad.

Y esto aplica también para quienes acompañan.

Porque la vejez y la enfermedad no solo afectan al individuo, sino al entorno. Y ahí aparece un desafío humano: cuidar sin anular, acompañar sin infantilizar, respetar incluso en la fragilidad.

La vida, en esta etapa, no es menos valiosa.
Es distinta.

Y quizá la pregunta más profunda no es cómo evitar el envejecimiento o la enfermedad —porque eso escapa a nosotros—
sino:

¿cómo seguir siendo uno mismo… incluso cuando el cuerpo ya no responde como antes?

08/04/2026

MENOS RUIDO, MÁS PRESENCIA

Si el teatro es acción, ¿por qué parar?
Porque una zona tensa no escucha, no responde, no está disponible.
Porque antes de encarnar, hace falta vaciar.
Meditar no es apartarse del trabajo, es prepararlo.
Es soltar el exceso de pensamiento, aflojar el juicio,
dejar espacio para que el cuerpo pueda recibir.
En escena el pensamiento también está presente.
Pero cuando se impone, limita;
cuando se ordena, acompaña.
Aprender a distinguir entre lo que interfiere y lo que sostiene
es parte del entrenamiento.
Por eso, detenerse, respirar, observar…
también es acción.









El TDAH no se reduce únicamente a un trastorno neurobiológico, sino como una forma particular de organizar la experienci...
07/04/2026

El TDAH no se reduce únicamente a un trastorno neurobiológico, sino como una forma particular de organizar la experiencia en el campo organismo-entorno, donde el núcleo del conflicto no está en quién se diagnostica, sino en su ambiente primario. Los síntomas son expresiones de cómo la persona regula o interrumpe su contacto con el ambiente.

La TG propone que todo síntoma es un ajuste creativo, una respuesta y solución fijada que el organismo desarrolla para adaptarse a su entorno por algunas necesidades insatisfechas. La dispersión, la impulsividad o la inquietud pueden haber sido, en su origen, formas de sostener el equilibrio frente a contextos poco sintonizados, exigentes o invasivos.

El organismo busca naturalmente completar sus necesidades a través del contacto. Sin embargo, cuando el entorno no responde de manera suficiente, por exceso de estímulos, falta de contención, demandas contradictorias o escasa validación emocional, la autorregulación se ve interferida y la persona queda saltando entre múltiples estímulos sin cierre.

La falta de atención puede leerse como una imposibilidad de sostener el contacto con una figura que no logra volverse significativa o segura; la impulsividad, como un intento de resolver rápidamente la tensión interna; y la hiperactividad, como una descarga de energía no metabolizada.

El síntoma cumple una función, el TDAH señala necesidades interrumpidas, de sostén, de ritmo, de reconocimiento, de movimiento, de exploración o de límites claros, y el síntoma insiste porque la necesidad no ha sido plenamente reconocida ni satisfecha y genera estrategias que se rigidizan e incomoda a su ambiente y lo que en algún momento permitió sobrevivir, hoy limita la posibilidad de elección.

El trabajo terapéutico no busca suprimir los síntomas, sino comprender su función, devolverles flexibilidad, permitir el cierre y se pueda reconocer qué necesita realmente la persona y cómo ir hacia ello de forma más integrada.

Así, el TDAH deja de ser un problema y se convierte en una vía de acceso a necesidades profundas que buscan completarse en el encuentro con el ambiente.

17/03/2026

Entrevistamos a Noemí Medina De Francisco, psicóloga experta en los problemas de insomnio.

17/03/2026

El acto más revolucionario
no siempre consiste en avanzar,
sino en detenerse, respirar
y hacer espacio para que surja algo nuevo.





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21/02/2026

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🚨 EL PSICOANALISTA QUE EXPLICÓ POR QUÉ ABRAZAR UN PELUCHE PUEDE SER UNA NECESIDAD Y NO UN CAPRICHO 🚨

Hace poco se volvió viral la historia de Punch, un mono bebé en Japón que fue rechazado por su madre al nacer.
No hubo contacto.
No hubo apego.
No hubo ese inicio que normalmente sostiene a una cría: el calor, el cuerpo, el ritmo de una presencia.

Durante su crianza con cuidadores, ocurrió algo que conmovió a miles:
Punch se aferró a un peluche de mono con un moñito.
Lo abrazaba.
Dormía con él.
Lo buscaba cuando se asustaba.

Muchos dijeron:
👉 “Qué tierno.”
👉 “Qué triste.”
👉 “Está jugando.”

Pero la psicología mostró algo distinto.

El pediatra y psicoanalista Donald Winnicott explicó que esos objetos no son simples juguetes.

Son lo que llamó:
👉 objetos transicionales.

Su función no es entretener.
Es ayudar al sistema emocional a sobrevivir a la ausencia.

Al inicio de la vida, un bebé no puede calmarse solo.
Necesita contacto:
• calor
• voz
• olor
• ritmo

Cuando esa presencia no está disponible todo el tiempo, el psiquismo busca un sustituto simbólico.

Ahí aparece el peluche.

No como fantasía.
Como regulación emocional.

Ese objeto ayuda a:
• tolerar separaciones
• bajar la ansiedad
• conservar sensación de seguridad
• dormir sin entrar en pánico
• empezar a construir autonomía

No es debilidad.
No es dramatismo.
No es dependencia mal aprendida.

Es una forma temprana de autorregulación.

La idea incómoda es esta:
👉 La independencia no nace de la ausencia.
👉 Nace de haber tenido suficiente sostén emocional.

Cuando ese sostén falta,
el cuerpo busca cómo fabricarlo.

Y a veces lo hace
abrazando algo que represente presencia.

Porque nadie aprende a estar solo
si primero no se sintió acompañado.

12/12/2025
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06/12/2025

😭

Más de tres millones de españolas han vivido agresiones fuera de la pareja, según la macroencuesta de Igualdad. 1,6 millones tienen secuelas de salud física o mental

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06/12/2025

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Se trata de un concepto tan antiguo como el propio matrimonio, pero al que las mujeres actuales han identificado con un nombre propio. La renuncia laboral silenciosa, de la que tanto se habló tras la pandemia, llega ahora al ámbito personal

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SARA SEGURA GOMEZ / PSICOLOGA EXPERTO Nº CM 02511

GLORIA MORAGA SAHUQUILLO/ PSICOLOGA CLINICA Nº CV 15551

CARMEN SERRANO LOSA / TRABAJADORA SOCIAL Nº 13-1992