10/10/2020
¿Hay que estar loco para ir al psicólogo?
Pues mira, no. Simplemente hay que tener conciencia de que uno tiene malestar, que no está bien. También es posible que uno mismo no tenga esa conciencia, que sea otra persona la que diga «oye, qué te pasa, vamos a ver a un profesional».
Claro, no es tan fácil. Y sí, así es. Ése es el tema. Todavía no es tan fácil.
Porque lo cierto es que aún cuesta que muchas personas reconozcan que necesitan ayuda para su malestar (a diferencia de que a nadie le cuesta ir al médico cuando se ha hecho alguna herida).
¿Por qué cuesta tanto? Dejando aparte el hecho de que no estoy en el interior del pensamiento de los otros y por tanto no tengo una respuesta segura a esa pregunta, creo que lo que sucede es que todavía está mal visto, incomprendido, el reconocer que uno «está mal» pero no tiene nada roto físicamente porque no hay nada que identifique, visualmente, que uno necesita ayuda.
Y claro, pues eso lleva a que a menudo deba oír comentarios que manifiestan incomprensión hacia su situación: «pues yo lo veo bien», «eso son pocas ganas de esforzarse», «venga, a animarse tocan», y otras frases por el estilo.
Esa incomprensión extiende socialmente la idea de que no hay motivos claros para pedir ayuda, y provoca lo que llamamos «estigma»: una marca que muchas personas ponen sobre otras personas que sí piden ayuda o a las que otros señalan claramente como necesitados de ayuda. Si a eso le sumamos el desconocimiento que la mayoría de la población tiene sobre la inmensidad de los posibles comportamientos que podemos desarrollar si estamos mal psicológicamente, ahí tenemos el Estigma, com mayúsculas y todo.
Para acabar de redondearlo, sólo hemos de añadir toda la manera de hablar del positivismo que hoy domina lo occidental («venga, si quieres puedes», «piensa fuerte tus deseos y se harán realidad», «como eres maravilloso/a el universo te recompensará», «si tienes pensamientos negativos, pues piensa en cosas buenas», «simplemente sé feliz», y otras afirmaciones por el estilo) que dificulta el reconocer que uno no se encuentra bien).
Ya para otro día el debate sobre qué modelo social está debajo del positivismo maravillosista que nos inunda.
Y ahí está. El estigma y la obligación de ser felices sí o sí. Lo juntamos y el malestar... aumenta.