25/11/2025
LA ETERNIDAD
Hace unos meses, a finales de primavera abrimos un nuevo grupo de embarazadas por la tarde. Recuerdo la primera vez que aquellas mamás entraron en la shala. Sus vientres empezaron a crecer semana tras semana y ellas venían aquí, conversábamos y hacíamos yoga.
En Septiembre hubo varios cambios entre clases matutinas y vespertinas y me acuerdo que B. me escribió y me dijo que quería continuar las clases conmigo y yo le dije que sería un placer acompañarla hasta el final. Y sí, fue un placer y lo sigue siendo, aunque su final fue muy distinto al que teníamos previsto.
El 13 de Octubre me escribió un mensaje diciéndome que no podría venir más… yo sabía que tenia la última ecografía y la llamé. Se había quedado sin líquido amniótico y el tamaño de los pulmones de su bebé eran incompatibles con la vida. El mundo se paró. Ona seguía moviéndose, su corazón seguía latiendo però en el momento en el que naciera y dejara de respirar por la placenta, sus pequeños pulmones no podrían afrontar la intensidad de esta vida.
Días de muchas pruebas, de aqui para allá, de muchos diagnósticos, de mucha incertidumbre, y la prueba final que confirmó que aquel primer diagnóstico era correcto. Me escribió y me dijo que les habían propuesto hacer un feticidio para que la bebé no sufriera. Yo sin saber qué significaba esa palabra tan técnica, sentí que ese no podía ser el único camino y me puse en contacto con matronas y psicólogas perinatales para averiguar si había otras opciones.
Y sí, las había.
Ona llegó al mundo el 24 de Octubre, despues de un parto iniciado de forma espontánea. Fue descendiendo por la pelvis de su mamá hasta que llegó a sus brazos. Sus cuerpos se reconocieron, su mamá le acariciaba y le hablaba, la daba las gracias por todo lo compartido, la pudo ver y tocar y 40 minutos despues respiró por última vez tumbada sobre el cuerpo de su papá y se marchó.
Se fue tranquila.
Acompañada y sostenida.
Y dejó mucha paz.
Y también mucho dolor y tristeza.
Un vacío lleno de amor.
(sigue en comentarios)