Centro Antulio Balaguer

Centro Antulio Balaguer Centro de psicología aplicada al desarrollo personal, abierto a diferentes actividades y orientaciones.

04/09/2017
14/02/2017
09/01/2017

Los hombres matan para defender su Verdad, eliminando a los que la critican, desprecian o ponen en riesgo su seguridad externa (la validez de su grupo) e interna (su buena conciencia). La Verdad de unos es el Mal de los otros.
La guerra no es más que la materialización de nuestro miedo interno a ser autónomos, pues la autonomía supone renunciar a esta pertenencia y a esta seguridad física y moral. Es la materialización de nuestra fidelidad infantil y fundamentalista a una Verdad que nos ayudó a integrarnos, a pertenecer, a vernos reconocidos por otros y sentirnos importantes.
Ya es hora de despedirnos de la superioridad de nuestra verdad. No existen dos seres humanos que crean exactamente en lo mismo. Por ello nos cuesta tanto aceptar profundamente a cualquier otra persona.
Renuncio a que mi explicación de la vida sea la única válida: es fruto de mi pasado y si hubiese nacido en otro país u otra época mi desarrollo habría sido distinto y mi creencia sobre la vida, el mundo, la justicia, el bien y el mal también.
Todo lo que existe crea su contrario, todo existe por polaridad, hasta que los polos se fusionen, se reconcilien, creando una nueva unidad, superior a las dos anteriores, que a su vez creará una nueva polaridad…
Cuando rechazo o niego algo, y sólo me agarro a mi polaridad, lo que rechazo aumenta. Cuanto más me radicalizo, más se radicaliza lo opuesto. Es ley de vida. La única solución para que algo desaparezca, es incluirlo. La solución a la guerra es incluir, incluir e incluir.
Bert Hellinger

Cuando un electricista hace una conexión no se pone a reflexionar cuál de los cables es bueno y cuál malo, cuál es el pe...
30/08/2016

Cuando un electricista hace una conexión no se pone a reflexionar cuál de los cables es bueno y cuál malo, cuál es el pecaminoso y cuál el escogido por Dios. Simplemente sabe que trabaja con dos fuerzas, una de polaridad positiva y otra negativa. Separadas son inocuas, pero si se las junta ocurrirá el milagro. Y lo que sucede a niveles de electricidad es la constante en el universo: existen dos poderes opuestos que se apoyan mutuamente para producir perfección. Su interacción se define como la “Ley de la polaridad”, o “Ley del dos”. Esta ley opera en forma muy sencilla, sin embargo la humanidad no ha tenido hasta ahora la sabiduría de tomarla en cuenta. Por ello hemos pasado por: guerras, segregación, persecuciones, injusticias y calamidades en milenios de historia.

Cuando el momento llegó para que el hombre comprendiera los secretos de la polaridad tuvimos un maestro a nuestra disposición, el Buda. Nació como príncipe, pero voluntariamente se convirtió en mendigo, tal vez para tener la vivencia del Yin y el Yang, como él llamó a estas dos fuerzas constructoras. Enseñó el Buda que la felicidad es posible, siempre y cuando escojamos transitar por el camino del medio. Desgraciadamente los hombres, en vez de poner en práctica su sabiduría, le rindieron culto y volvieron religión sus enseñanzas. Entonces como Budistas se vieron impulsados de vuelta a la balanza, pues al estar en pro de algo siempre habrá quienes estén en contra. Y lo que el Buda había legado, como forma de integración, dividió al mundo en dos corrientes: oriente y occidente, los partidarios de la Ley del dos, y los fanáticos de un solo Dios.

La Ley de la polaridad es el mecanismo por medio del cuál el universo mantiene su estado de equilibrio. Podemos comprenderla simplemente observando el fluir de todo lo que nos rodea. A nivel subconsciente nuestro cuerpo sabe, nuestras reacciones involuntarias siempre unifican la polaridad para obtener mejores resultados. Si vas a correr hacia adelante, tu cuerpo se echa primero hacia atrás. Si intentas saltar hacia arriba, tu cuerpo toma el impulso yendo primero hacia abajo. Si llorando llegas hasta el final de tus lágrimas entonces reirás; y si riendo alcanzas el extremo de tu risa entonces llorarás. Si te duchas con agua fría saldrás con calor, pero un baño con agua muy caliente te producirá frío. El abuso de comida te conducirá a una dieta estricta, y la dieta estricta de vuelta al abuso de comida. Hemos salido a explorar el espacio exterior y se nos han revelado los misterios ocultos de nuestro propio mundo, mientras que los hombres sabios buscan dentro de sí mismos y pueden llegar a percibir el universo entero. En el juego del amor vemos parejas que al primer encuentro se detestan, y cuando el odio es total entonces se enamoran y se casan. Mientras que, al unirse los más enamorados, el extremo del amor invariablemente les enseña a odiarse, hasta que el divorcio los separe.

Por eso a la “Ley de la Polaridad” se la llama también la “Ley del Péndulo”. Oscilamos de un extremo al otro porque no comprendemos que si nos polarizamos totalmente en un solo lado, la vida nos lanzará automáticamente hacia el extremo opuesto. Esto ocurre porque nuestra tarea es aprender por contrastes. Por ejemplo: sabremos qué es la luz únicamente si antes hemos visto oscuridad. La tristeza pone en relevancia la alegría. Comprenderemos lo que es bondad si existe la idea de lo que es maldad. La enfermedad nos brinda la percepción nítida de lo que significa la salud.

Por eso todas las situaciones que vive un ser humano son igualmente valiosas. Que sean agradables o desagradables no interesa, solo cuenta el bagaje de sabiduría que cada experiencia nos aporta. Aceptado esto, nos haremos voluntarios del camino medio, porque aplicaremos la sazón del buen cocinero a cada aspecto de la vida: agregar una pizca de azúcar a los platos de sal y una pizca de sal a los platos de dulce. Reconoceremos entonces que siempre hay algo de fealdad en la belleza y algo de belleza en la fealdad, algo de verdad en la mentira y algo de mentira en la verdad.

Así tendremos flexibilidad para aceptar el punto de vista antagónico “del otro”. Con la conciencia de que en el exceso de riqueza solo vamos a encontrar pobreza, cambiarán los parámetros para evaluar el éxito. Ya no llamaremos “macho” a un hombre por su agresividad y fuerza, sino por la capacidad de demostrar ternura y expresar sus emociones.
Por: Hortensia Galvis Ramz

16/05/2016

La enfermedad es un movimiento del espíritu para sanar la consciencia familiar llevando al individuo a la reconciliación con los excluidos de su clan. (Hellinger)

08/03/2016

Las Constelaciones Familiares

La terapia sistémica familiar ideada por Bert Hellinger, “las Constelaciones Familiares”, es un instrumento sencillo que permite, con una intervención muy breve, sanar sufrimientos ligados a la dinámica inconsciente que nos vincula a nuestro sistema familiar y en particular con las generaciones anteriores.
Si bien se basa en fundamentos de Análisis Transaccional, Gestalt, PNL, Hipnosis, Dinámica de Grupo, esta herramienta terapéutica es muy original y particularmente eficaz, allí donde las demás terapias encuentran resistencias insuperables. Resulta además un enfoque muy esclarecedor y liberador para cada uno.
Hace unos veinticinco años el entonces psicoanalista Bert Hellinger descubrió que las personas podíamos sentir emociones que no nos pertenecían, que podíamos tomar decisiones y seguir unos destinos que no se correspondían con nuestras vidas, ni se podían explicar por ninguna psicoterapia. Por otra parte observaba que, en Alemania, un número inusual de suicidios inexplicables se producían en las familias de los antiguos n***s ahora olvidados.
Fue el punto de partida de sus terapias sistémicas familiares hoy llamadas “Constelaciones familiares”.
Esa terapia se basa en lo siguiente: la familia es un sistema unido por un inconsciente o, mejor, por una “conciencia familiar”, que actúa a un nivel conciente y de modo a veces opuesto a nivel inconsciente. Gracias a esa conciencia todos los miembros del clan heredan el amor y la energía de todos sus antecesores. Como todo sistema, busca el equilibrio, la armonía. Lo que desorganiza el sistema familiar es, primero no respetar su orden jerárquico, por ejemplo excluyendo o desplazando a uno de sus miembros, luego no respetar el vínculo de respeto y de amor hacia cualquier persona de la familia, y en fin los desequilibrios entre el dar y el tomar. Cuando un familiar no ha sido respetado, cuando por cualquier motivo el clan familiar se encuentra desequilibrado, se pone en marcha la compensación del sistema, una compensación ciega, que hace que un miembro más joven se sienta culpable de este desequilibrio y se ofrezca reproduciendo la desdicha del antecesor.
La primera gran necesidad humana, la que asegura la supervivencia del clan y por ende de la especie, es la necesidad de pertenencia. El sentimiento genuino que impulsa toda nuestra vida, y que se esconde detrás de todos los demás sentimientos, es el amor y su corolario: el miedo a ser rechazado. Este amor garantiza nuestra pertenencia.
Y el cemento inconsciente del clan es la mala conciencia. La gran ley familiar es la del amor: es transmitir amor. Es dar y recibir por amor, respetar a los padres y padres de sus padres por amor, tomar la realidad tal y como es por amor y es también entregarse por amor para compensar el sufrimiento de un hermano nacido mu**to y del que no se ha vuelto a hablar, un padre accidentado, un tío despreciado y olvidado, un encarcelamiento, un suicidio, un crimen, una enfermedad dolorosa o irreversible...
Ahora bien, esa compensación ciega se decide de un modo inconsciente y a una edad en general tan temprana que el razonamiento subyacente es un pensamiento mágico, ilusorio, que en vez de aportar la paz a la familia, aporta más dolor: “Si él ha sufrido, ha mu**to, está mal que yo disfrute de mi vida, voy a sentir y padecer lo mismo que él... Si yo sufro su enfermedad, o me muero en su lugar, él no se va a morir, si ha mu**to puede volver... Si él ha hecho un daño irreparable a alguien y no lo ha expiado, voy a expiarlo yo con la enfermedad o la muerte...”
Toda la energía de la persona se involucra entonces en una reparación imposible y se vive toda clase de penalidades o desgracias.
Esa dinámica, esa decisión inconsciente de sufrir por amor, causa los mayores sufrimientos sin conseguir su propósito -compensar, restablecer la armonía-. Por el contrario, provoca un dolor aún mayor en la conciencia familiar, creando nuevas “implicaciones sistémicas” o vínculos dramáticos para los descendientes de la persona que se castiga por amor.
Dice Hellinger que es más fácil, más “barato”, sentirse culpable que disfrutar de la vida. Es más barato seguir sufriendo y creer que el sufrimiento redime. Es más fácil llevar cadenas, viviendo la herida de otro, que tomar su propia vida tal y como es. Es más fácil sufrir que cambiar.
Pero la compensación trágica se puede transformar en compensación liberadora, liberadora para el clan como para la persona. Primero gracias a la toma de conciencia del vínculo sistémico destructivo, de la compulsión al fracaso, a la desgracia, etc. Luego tomando la vida como ha venido, con alegría y compromiso. Y de este modo se detiene el círculo vicioso de la compensación.
La heridas de las generaciones anteriores sí se pueden sanar. Transformando la dependencia inconsciente, para con la persona maltratada por la vida, en aceptación, y autonomía. La energía vital, bloqueada por la fidelidad inconsciente, se libera entonces permitiendo que la persona haga el duelo de su propio dolor, devuelva al familiar su destino y pueda empezar a vivir su propia vida y disfrutar de ella. Ese camino, desde la toma de conciencia de las causas de nuestro malvivir, enfermedad, fracaso, etc... descubriendo las cadenas amorosas que nos atan al pasado, hasta la liberación de las mismas en un gran impulso de amor y de energía, es el camino que permite recorrer la terapia de las Constelaciones Familiares.
La terapia se realiza en grupo. Una persona propone liberarse de un malvivir y describe brevemente la historia de su familia y los sucesos dolorosos sufridos más o menos hasta la generación de los abuelos. El terapeuta le dice entonces que elija entre los presentes representantes para varios miembros de su familia y los distribuya en el espacio. A partir de ese momento los representantes sólo escuchan sus sensaciones, y la dinámica interna de la familia surge, en el silencio, a través de los desplazamientos y sensaciones de los representantes. Entonces el terapeuta dirige la evolución de la constelación familiar restaurando paso a paso el amor y el respeto, hasta conseguir liberar la energía bloqueada de la persona.
Esa liberación permite cambios muy profundos, a menudo espectaculares, a veces inmediatos. Aunque es al cabo de un año o dos cuando se puede apreciar una transformación profunda en la vida de la persona, que por fin es ella misma y puede empezar a dirigir esa vida suya hacia sus propias metas, beneficiándose de la riqueza, el apoyo y el amor de las generaciones anteriores.
Es un trabajo de una gran sencillez y sinceridad, muy conmovedor, sin dramatización de los sentimientos. Y su eficacia es sorprendente cuando la persona está dispuesta a soltar sus creencias limitadoras.
Todos llevamos fidelidades y deudas inconscientes que nos limitan, y todos nos podemos beneficiar de esta terapia. Y basta con que un miembro de una familia haga su constelación, para que toda la familia empiece a cambiar y a recobrar su armonía.
Como terapia llega donde ninguna otra llegaba hasta hoy. No se opone a las demás terapias, sino que las hace avanzar a pasos agigantados. Y para los terapeutas es un instrumento que deben conocer para integrarlo a su quehacer, aumentando así el alcance y eficacia de su intervención.


Brigitte Champetier de Ribes,

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