28/12/2025
EL RÍO DEL TIEMPO
por Fran Ballesta
Había una vez un anciano sabio llamado Amael que vivía junto a un río que nunca se detenía. Las aguas del río eran cristalinas y reflejaban el cielo, pero lo más especial de aquel río era que representaba el paso del tiempo. Cada corriente llevaba consigo los días, las semanas y los años que habían pasado.
Un día, una joven llamada Lía se acercó al río. Estaba llena de emociones, pues el año estaba por terminar y no sabía cómo afrontar lo que venía.
“¿Por qué este río nunca se detiene?” preguntó, mirando las aguas que fluían incansablemente.
Amael sonrió con serenidad. “Porque así es el tiempo, Lía. Nunca se detiene. Pero no temas; aunque no podemos detener el río, podemos aprender a navegarlo.”
La joven frunció el ceño. “Pero este año ha sido difícil. Algunas cosas no salieron como esperaba. ¿Qué hago con esos momentos?”
El anciano recogió una pequeña piedra del suelo y la sostuvo en su mano. “Cada año nos entrega piedras. Algunas son pesadas y difíciles de cargar, pero si las arrojamos al río, se convierten en parte de su corriente. Mira.”
Lía observó cómo Amael lanzaba la piedra al agua. Al caer, desapareció bajo la superficie y el río siguió fluyendo, llevándola consigo.
“¿Eso significa que debo olvidar lo que ha pasado?” preguntó.
“No,” respondió el sabio. “Significa que debes soltar el peso que ya no necesitas llevar contigo. Lo que importa no es olvidar, sino aprender y dejar espacio para lo que está por venir.”
Lía miró sus propias manos, llenas de piedras imaginarias: miedos, arrepentimientos y preocupaciones. Tomó una respiración profunda y, una por una, las lanzó al río. Al hacerlo, sintió que su pecho se aligeraba y su mente se despejaba.
Amael continuó: “Ahora, recoge algo nuevo para el próximo año.”
La joven se inclinó y tomó un puñado de flores pequeñas que crecían cerca del río. “¿Qué significa esto?”
“Significa esperanza, gratitud y sueños. Planta estas semillas en tu corazón, y deja que florezcan mientras avanzas en el río del tiempo.”
Con una sonrisa renovada, Lía se despidió del anciano y caminó río abajo, lista para enfrentar el nuevo año, llevando en su corazón flores en lugar de piedras.
Reflexión:
El fin de un año es como la corriente de un río que se lleva lo viejo para dar paso a lo nuevo. No podemos detener el tiempo, pero podemos elegir qué dejamos atrás y qué llevamos con nosotros. Soltar lo que ya no sirve y cultivar esperanza nos prepara para navegar hacia un futuro lleno de posibilidades.
Que el nuevo año te ofrezca experiencias que puedas vivirlas con buena salud.
Sigamos Caminando Juntos