08/01/2026
El estrés no siempre aparece en la lista de propósitos.
A veces aparece en la piel.
Enero llega con agendas nuevas, objetivos, ganas de empezar bien…
y con una piel que viene de semanas intensas: poco descanso, horarios irregulares, más estímulos de lo habitual.
Lo veo mucho estos días en consulta:
brotes que no estaban, rojeces persistentes, una piel más reactiva, tratamientos que antes funcionaban y ahora parecen quedarse cortos.
En muchos casos, el factor común es el mismo: cortisol elevado durante demasiado tiempo.
Cuando el cuerpo ha vivido en alerta, la piel también.
Se inflama más, repara peor y tiene menos margen para responder bien a cualquier estímulo.
Por eso, empezar el año “apretando” con tratamientos no suele ser la mejor estrategia.
Aquí lo sensato es ordenar primero:
entender en qué momento estás, respetar los tiempos biológicos de la piel y elegir un plan que acompañe este inicio de ciclo, no que lo sobrecargue.
La piel no necesita empezar el año demostrando fortaleza.
Necesita empezar el año sintiéndose segura.
Si al volver a la rutina notas que tu piel ya no responde igual, aunque te cuides, se valora el contexto completo y se decide desde ahí.
Con criterio, sin prisas y con un plan que sí se pueda sostener en el tiempo.
— Dra. María Romero 🤍
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