27/12/2020
Algunas opiniones sobre la novela 31 veces 31
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Al igual que ocurre con las “matrioscas” rusas, que una tras otra, esconden en su interior una nueva muñeca más pequeña, pero no menos peculiar, cada personaje protagonista de esta trama envuelve al otro bajo la misma apariencia y una similar capa de pintura.
«31 veces 31» es una suerte de “matrioscas” encerradas bajo llave en un despacho profesional en el que cuelgan títulos universitarios y menciones honoríficas.
Las vidas de todos los personajes acogen en sus neutros rostros el rojo de los pañuelos que cubren sus cabezas y se anudan al cuello, y el color carne del rictus en la cara. Los mofletes sonrojados y las manos pegadas a los costados que muestran esas muñecas tan reconocibles. Con los redondos ojos sorprendidos de continuo.
Pero esa coincidencia entre existencias resulta tan solo accidental. Si uno se fija con atención, cada elemento del conjunto resulta único, con el poso personal propio otorgado por las manos de la maquinaria que la creó.
Así como un terapeuta puede recoger dentro de él las historias de todos, la suya no deja de ser un puzzle compendiado de las de los demás. Aunque tan solo sea por vivir la historia del resto en la vida propia. Porque eso es de lo que se trata. El miedo a vivir uno mismo sin la aprobación adecuada a nuestro criterio, requiere de una evaluación interior y continua que nunca se detendrá.
Los mismos miedos, los mismos sueños y parecidas destemplanzas.
«31 veces 31» es un universo encerrado en otros universos que se superponen y que solo cerrarán sus puertas cuando el ser humano cierre las suyas.
Si bien, la lengua primigenia que crea este mundo repleto de adjetivos y emociones es distinta de la lengua del lector habitual español, no desmerece en nada la traducción que se ha realizado, pues el original es rico en matices que no se pierden con el cambio de idioma. Se mantiene la esencia y la naturaleza del mensaje nativo.
«31 veces 31» es un amasijo de sentimientos colocados bajo el microscopio, diseccionados en finas capas para poder ver sus átomos y moléculas y que pueda decidir así el lector, si esas mismas partículas son también las suyas.
Cabe la posibilidad de que, al descubrirlas, las “matrioscas” que envuelven nuestra existencia no alberguen los mismos tonos sonrojantes en los pómulos de las muñecas originales y que hayan cambiado sus colores primigenios para adaptarse a los nuestros.