16/03/2026
Últimamente, gracias a algunas formaciones que sigo haciendo, me llegan ideas que me parecen muy interesantes. Una de ellas tiene que ver con cómo entendemos el trabajo con trauma. A veces parece que en terapia haya que ir directamente al pasado, abrir la caja más dolorosa cuanto antes, como si ir “al núcleo” fuera hacerlo mejor. Pero trabajar el trauma no es tener prisa, ni para la persona ni para el terapeuta.
Desde una mirada más segura y relacional, como la que propone Arwen Caban, antes de procesar memorias difíciles suele ser necesario algo más básico y profundo: estabilizar, regular y construir seguridad en el presente.
Porque si el sistema nervioso está desbordado, si hoy hay crisis, conflictos relacionales, ansiedad intensa o una vida que se siente inestable, quizá lo primero no sea revivir el pasado. A veces el trabajo empieza aprendiendo a nombrar lo que me pasa, reconocer señales corporales, parar cuando algo se activa o pedir ayuda sin culpa. Empieza también en el vínculo terapéutico, en la experiencia de coregulación y en sentir que no estoy solo/a con lo que duele.
No todo son grandes traumas. También existen heridas más silenciosas: patrones de apego, experiencias repetidas de invalidación, miedo al abandono, hiperexigencia o la sensación de no ser suficiente. Y muchas veces trabajar ahí crea la base necesaria para abordar después experiencias más profundas.
Ir a terapia no siempre significa abrir de golpe lo más doloroso. A veces significa aprender a regularse, a construir relaciones más seguras y a habitar el presente con mayor calma. Y eso ya es un trabajo enorme.
Si te resuena, en estaremos encantados de caminar contigo.