02/06/2026
Estos días he estado leyendo el fabuloso libro de Svante Pääbo "El hombre de Neandertal, en busca de genomas perdidos" que habla de cómo la ciencia y el conocimiento se abren paso, en este caso, para conseguir purificar y secuenciar DNA de restos antiquísimos, de aproximadamente 40.000 años de antigüedad, a pesar del deterioro y las contaminaciones. El disfrute total del libro requiere algún pequeño conocimiento de biología, pero se deja leer de cualquier forma. Este intenso trabajo de muchos años permitió a su grupo, no solo obtener la secuencia del genoma del hombre de Neandertal (Science, 2010), sino también el de una nueva especie descubierta del género Homo, los Denisovanos, (Nature, 2010), este último hallazgo gracias al DNA extraído de un pequeño hueso del dedo meñique de una niña y del molar de un adulto, ambos encontrados en la cueva de Denisova, en la región de Altai en la estepa siberiana que dio nombre a la especie. Pääbo y su grupo establecieron una hipótesis de cómo nuestros ancestros se expandieron desde el continente africano, poblando Europa y Asia y dejando incluso, tras el mestizaje, pequeños rastros de su genoma en el nuestro que es el que ha perdurado entre todas aquellas especies. Si próximamente, como se prevé, tengo que explicar bioquímica y biología molecular en el grado de odontología, mi primera clase empezará con el molar de Denisova, sin duda.